El agua llegó, pero los cultivos enfrentan nuevas amenazas: falta sol y avanzan las enfermedades

Las lluvias mejoraron las reservas de agua, pero la falta de sol, las enfermedades y las demoras de siembra generan nuevas preocupaciones para la campaña agrícola.

En sectores del centro agrícola, las heladas dejaron pérdidas de potencial que las lluvias no alcanzan a revertir.
En sectores del centro agrícola, las heladas dejaron pérdidas de potencial que las lluvias no alcanzan a revertir.

Mientras la atención se concentra en las inundaciones del Litoral y sus consecuencias para la ganadería, la agricultura también busca acomodarse a un escenario de lluvias difícil de administrar. El agua que sostiene los cultivos puede, al mismo tiempo, impedir la entrada a los lotes y alterar los planes de trabajo.

Para los productores agrícolas, octubre exige cuidar el rendimiento de lo que está creciendo y encontrar el momento para sembrar lo que viene. Las decisiones cambian según cada ambiente, con la necesidad de aprovechar la humedad y reducir los problemas que puede traer su exceso.

Las heladas dejaron una marca que el agua no borra

Las lluvias mejoraron la humedad de los suelos y permitieron sostener el estado del trigo, con un 90 % del área bajo buena disponibilidad de agua, según confirmó la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. El aporte coincide con un momento sensible para la cosecha, porque el 58 % de la superficie ya está en espigazón o etapas posteriores, cuando empiezan a definirse el número y el peso de los granos.

Pero en sectores del centro del área agrícola, las heladas y el aborto de macollos dejaron pérdidas de potencial. Allí se esperan rindes entre un 10 % y un 30 % inferiores a los del ciclo anterior, una situación localizada que no representa una proyección para toda la producción nacional.

Ahora también hace falta sol, cuya escasez se refleja en plantas amarillentas. En este sentido, la entidad bursátil advirtió que la baja radiación en relación con la temperatura durante el período crítico podría limitar el número de granos.

En paralelo, la sanidad suma otra tarea y obliga a profundizar los controles de mancha amarilla y roya, mientras se evalúan aplicaciones preventivas contra fusariosis de la espiga. La preocupación responde a condiciones que podrían favorecer su aparición, sin que el informe describa una afectación generalizada.

La siembra avanza entre interrupciones

El girasol cubrió el 41,9 % de las 3,1 millones de hectáreas proyectadas, con dificultades para avanzar en el sur. La cebada también recuperó reservas, pero conserva limitaciones por heladas y escasa radiación en algunas zonas.

El girasol mantiene un avance superior al promedio histórico, pero el frío y las precipitaciones complican las tareas en el sur.
El girasol mantiene un avance superior al promedio histórico, pero el frío y las precipitaciones complican las tareas en el sur.

La implantación nacional de maíz para grano comercial alcanzó el 34,8 % de las 8,4 millones de hectáreas previstas y mantiene un adelanto interanual cercano a cinco puntos porcentuales. Sin embargo, las lluvias ralentizaron las labores en sectores del centro y sur.

En el centro-norte cordobés, algunos lotes que antes no pudieron sembrarse por falta de humedad pasarían a planteos tardíos. En los implantados aparecen problemas puntuales de emergencia y amarillamiento por frío y baja radiación, aunque predomina una condición normal a buena.

La soja busca ganarle de mano a las lluvias

La próxima siembra de soja empieza a definirse con una idea concreta: aprovechar los días disponibles para reducir problemas de implantación. En la región núcleo se proyectan 4,5 millones de hectáreas, un 2 % más que el ciclo anterior, según el relevamiento de GEA de la Bolsa de Comercio de Rosario.

Adelantar fechas, ajustar densidades y elegir variedades por ambiente son algunas de las estrategias para la soja.
Adelantar fechas, ajustar densidades y elegir variedades por ambiente son algunas de las estrategias para la soja.

En Corral de Bustos se plantea adelantar el comienzo entre cuatro y siete días, especialmente entre productores con mucha superficie. El objetivo combina logística, búsqueda de rendimiento y menor exposición a dificultades para sembrar si las lluvias se intensifican.

También se espera mayor participación de variedades de ciclos cortos y una elección de materiales ajustada a cada ambiente. En María Susana se proyectan mayores densidades y menor distancia entre surcos, mientras que en Bigand se analiza aumentar la cantidad de semillas para asegurar el nacimiento.

Allí, además, el control de malezas será determinante para definir cuándo entrar a cada lote. La preparación busca llegar a la siembra con condiciones que permitan aprovechar el agua disponible.

Los antecedentes de años Niño también abren una expectativa favorable para la soja y el maíz. Según AgroENSO, una herramienta desarrollada por investigadores del INTA y el Conicet, en las 12 campañas Niño de la serie analizada, el maíz nacional superó su rendimiento medio en 10 y la soja de primera en 11.

Ese antecedente permite mirar la campaña con expectativas, aunque la respuesta varía entre regiones y depende de cómo se distribuya el agua. Para ambos cultivos, la oportunidad está en transformar las lluvias en rendimiento sin que los excesos comprometan el camino hacia la cosecha.