Cuando el GPS falla en alta mar: la guerra invisible que hace que los barcos no sepan dónde están

Cada vez más barcos pierden su posición en alta mar sin explicación aparente. Detrás, hay una guerra invisible basada en interferencias electrónicas que amenaza la navegación global y la seguridad marítima.

El sistema GPS es clave para la navegación marítima moderna.
El sistema GPS es clave para la navegación marítima moderna.

Durante décadas, el GPS ha sido el eje sobre el que se apoya la navegación moderna desde los grandes buques mercantes hasta las pequeñas embarcaciones: todas los barcos dependen de esta tecnología para saber dónde están y hacia dónde se dirigen.

Sin embargo, en los últimos años ha surgido un problema inquietante ya que los barcos en ocasiones y en mitad del océano, pierden su posición o aparecen en lugares donde nunca han estado. Esto no es un fallo técnico puntual, sino que es el resultado de una nueva forma de conflicto conocido como guerra electrónica.

¿Cómo funciona el GPS y por qué puede fallar?

El Sistema de Posicionamiento Global funciona gracias a una red de satélites que envían señales a la Tierra y los receptores, como los de los barcos, calculan su posición midiendo el tiempo que tardan en llegar esas señales.

El problema es que estas señales son extremadamente débiles cuando alcanzan la superficie terrestre. Y eso las hace vulnerables. Cualquier interferencia suficientemente potente puede bloquear o distorsionar la señal.

Jamming y spoofing: las dos caras del problema

Los expertos distinguen dos tipos principales de interferencia: el Jamming (bloqueo de señal) y el Spoofing (suplantación de señal).

Por una parte, el Jamming consiste en emitir señales que anulan el GPS, dejando al barco sin referencia de posición con el resultado de que el sistema deja de funcionar y el barco queda "ciego" en términos de navegación.

Por otra parte, el Spoofing es más sofisticado y peligroso debido a que se envían señales falsas que engañan al sistema GPS con un problema de que el barco se cree que está en otra posición.

Una guerra que no se ve, pero se siente

Que pase esto no es algo que ocurra por casualidad sino que se concentra en regiones con tensiones geopolíticas o alto valor estratégico. En todas ellas, las interferencias forman parte de estrategias militares para confundir al enemigo, protegerse o controlar el espacio marítimo.

La guerra electrónica no deja huellas visibles como las armas convencionales, pero sus efectos son igual de reales porque siempre se dice entre los navegantes que un barco que no sabe dónde está es un barco vulnerable.

Y en un mundo donde el comercio global depende del transporte marítimo, estas interferencias representan un riesgo creciente y hacen que sea utilizada como un arma de guerra o al menos como una generación de inseguridad.

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