El Niño 2026-27: por qué su intensidad ya no se lee como antes

El Niño 2026-27 avanza hacia una intensidad muy fuerte y ya domina los titulares. Pero este año la NOAA cambió la forma de medirlo, y eso modifica cómo interpretamos su verdadera fuerza. Explicamos qué es el nuevo índice RONI y qué se puede esperar para la primavera argentina, sin caer en exageraciones.

Anomalías y valores extremos de la temperatura de la superficie del mar correspondientes a mayo de 2026. Las categorías de color hacen referencia a los percentiles de las distribuciones de temperatura del periodo de referencia 1991-2020. Fuente: ECMWF/Copernicus.
Anomalías y valores extremos de la temperatura de la superficie del mar correspondientes a mayo de 2026. Las categorías de color hacen referencia a los percentiles de las distribuciones de temperatura del periodo de referencia 1991-2020. Fuente: ECMWF/Copernicus.

En los últimos meses se multiplicaron los titulares que anuncian uno de los El Niño más fuertes de la historia. Y hay motivos para prestar atención: la NOAA estima más del 90% de probabilidad de un evento muy fuerte para el otoño e invierno del hemisferio norte 2026-27, e incluso calcula un 69% de chance de que, entre octubre y diciembre, supere a todos los episodios registrados desde 1950. El instituto IRI, por su parte, da prácticamente por segura su persistencia hasta comienzos de 2027.

La NOAA cambió en 2026 la forma de medir El Niño. El nuevo índice RONI descuenta el calentamiento global de los océanos y modifica cómo se compara la intensidad de los eventos actuales con los del pasado.

Sin embargo, detrás de esas cifras hay un detalle que cambia por completo la forma de leerlas. Este año la NOAA cambió la regla con la que mide a El Niño. Desde el 1 de febrero de 2026, su índice de referencia oficial pasó a ser el RONI (Índice Relativo Oceánico de El Niño), en reemplazo del ONI, el indicador que se usó durante décadas.

El cambio parece un tecnicismo, pero tiene una consecuencia concreta: con el nuevo método, muchos episodios de El Niño lucen menos intensos y los de La Niña, más marcados. Para entender por qué, conviene ver primero qué medía el índice tradicional.

Del ONI al RONI: un termómetro que se ajusta a un planeta más cálido

El ONI (Índice Oceánico de El Niño) se calcula como el promedio de tres meses de la anomalía de temperatura del mar en una franja del Pacífico central llamada región Niño 3.4. Esa anomalía es la diferencia respecto de un promedio histórico de 30 años, hoy el período 1991-2020. Cuando el mar está 0,5 °C o más por encima de esa referencia durante varios meses seguidos, se declara El Niño.

El problema es que todo el océano tropical se viene calentando por el cambio climático. Con una referencia fija, el termómetro marca "cálido" cada vez con más facilidad, aunque no exista un verdadero patrón de El Niño: mezcla la señal propia del fenómeno con el calentamiento global de fondo. En un mundo que se calienta, el viejo índice tiende a sobrestimar.

El RONI corrige justamente eso. Toma la misma anomalía de la región Niño 3.4 y le resta el calentamiento promedio de toda la franja tropical del planeta, de 20°S a 20°N. Lo que queda es el exceso de calor del Pacífico respecto del resto de un mundo ya más cálido. Los umbrales de +0,5 °C y −0,5 °C se mantienen, y organismos de Australia y Nueva Zelanda, junto con el europeo ECMWF, adoptaron índices relativos con la misma lógica.

Por qué el mismo fenómeno puede parecer más o menos intenso

El efecto más llamativo aparece al reordenar la historia. Con el ONI tradicional, el El Niño más intenso de las últimas décadas fue el de 2015-2016. Con el RONI, en cambio, vuelve al primer puesto el de 1982-1983: ocurrió sobre un océano más frío, así que una porción menor de su registro era, en realidad, calentamiento de fondo. Es el mismo océano, pero los dos índices responden preguntas distintas.

Aplicado a 2026-27, esto significa que con la regla tradicional el evento luce como uno de los más fuertes jamás medidos, mientras que con el RONI una parte de ese calor corresponde a la línea de base más cálida del planeta, y su señal propia de El Niño resulta algo más moderada. Ahora bien, hace falta un matiz importante: que el índice baje no quiere decir que los impactos sean menores. Un océano más caliente, en agosto la temperatura media de los mares batió su récord absoluto, según Copernicus, igual carga la atmósfera con más energía y humedad.

¿Y para la Argentina? En términos generales, El Niño suele favorecer lluvias por encima de lo normal en el centro y el noreste del país durante la primavera y el verano, con consecuencias directas para el agro; pero cada evento es distinto. Lo más sensato es seguir las perspectivas estacionales del Servicio Meteorológico Nacional. La lección de fondo no es qué número es "el correcto", sino que medir el clima en un mundo que cambia nos obliga a actualizar las reglas, y a leer los titulares con una mirada más informada.