El Niño pone en alerta a la ganadería: cómo prepararse para un escenario de más lluvias
El posible regreso de El Niño mejora las perspectivas hídricas, pero también obliga a los productores ganaderos a anticiparse frente al riesgo de inundaciones, problemas sanitarios y dificultades operativas.

El posible regreso de El Niño comienza a cambiar la planificación de la próxima campaña ganadera en Argentina. Después de varios años dominados por la sequía, el fenómeno climático promete recuperar las lluvias en amplias regiones del país y mejorar la disponibilidad de agua para los sistemas productivos.
Ante ese escenario, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) recomendó a los productores comenzar a planificar posibles evacuaciones de hacienda en las zonas más expuestas a excesos hídricos. Al mismo tiempo, especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) difundieron una serie de medidas preventivas para que los establecimientos reduzcan el impacto de un eventual período más húmedo.
La advertencia oficial del SENASA está dirigida especialmente a Corrientes y Misiones, donde las inundaciones representan una amenaza frecuente para la actividad ganadera. Sin embargo, las recomendaciones también sirven como guía para otras regiones que podrían registrar lluvias superiores a los valores habituales durante un evento Niño.
Por qué El Niño cambia el escenario para la ganadería
Después de varios ciclos condicionados por La Niña, la recuperación de las lluvias representa una oportunidad para numerosos establecimientos. Las pasturas pueden aumentar su producción, mejora la disponibilidad de agua para bebida y se fortalecen las reservas forrajeras necesarias para afrontar el verano.
Pero el productor tiene la vaca atada, las tira a comer pasto y listo. pic.twitter.com/keXpTwssYL
— Comunidad Islera Asoc Civil (@asoc_islera) April 21, 2026
Pero ese mismo escenario también exige un manejo diferente. Los excesos hídricos pueden anegar potreros, deteriorar caminos rurales y dificultar el movimiento de animales, además de generar pérdidas de pasturas cuando el agua permanece durante varios días sobre los lotes.
No todas las lluvias son una buena noticia
Los especialistas coinciden en que el mayor desafío no será solamente cuánto llueva, sino cómo se distribuya esa lluvia en el tiempo. Precipitaciones intensas y concentradas pueden provocar inundaciones repentinas, mientras que períodos prolongados de alta humedad afectan la infraestructura y la sanidad de los establecimientos.
En los sistemas ganaderos, esas condiciones también alteran la rutina diaria. El traslado de hacienda, la provisión de alimentos, el acceso de veterinarios y el transporte de leche o animales pueden complicarse cuando los caminos rurales dejan de ser transitables.
Qué recomiendan el SENASA y el INTA para prepararse
Uno de los principales mensajes del SENASA es que la prevención debe comenzar antes de que lleguen las lluvias. Esperar a que el agua ingrese al establecimiento suele aumentar las pérdidas y reducir las posibilidades de trasladar la hacienda hacia sectores seguros.
Planificar la evacuación de la hacienda
El organismo recomienda identificar potreros altos, definir rutas de evacuación, revisar alambrados y accesos, mantener actualizada la documentación sanitaria y prever reservas de alimento y agua para los animales. También aconseja verificar que el Registro Nacional Sanitario de Productores Agropecuarios (RENSPA) y el Documento de Tránsito Electrónico (DT-e) estén vigentes para agilizar el movimiento de hacienda en caso de emergencia.

La experiencia demuestra que muchas de las complicaciones no se producen por la inundación en sí, sino por la falta de planificación previa. Contar con un protocolo de actuación permite reducir tiempos de respuesta y minimizar el impacto sobre la producción.
Los tambos también deben anticiparse
Desde el INTA Rafaela advierten que los efectos de un evento Niño pueden extenderse mucho más allá de las lluvias intensas. En muchos casos, los problemas aparecen meses después, cuando las pasturas permanecen saturadas de agua durante largos períodos y comienzan a perder productividad por la falta de oxígeno en el suelo.

Por ese motivo, los especialistas recomiendan mejorar el drenaje interno, mantener limpias cunetas y canales, asegurar el buen estado de callejones y accesos, ubicar las reservas forrajeras y las bolsas de silo en sectores elevados y revisar la infraestructura utilizada durante el ordeñe. También aconsejan planificar con anticipación la disponibilidad de alimento para evitar depender exclusivamente del crecimiento de las pasturas si las lluvias afectan su desarrollo.
La sanidad animal será uno de los grandes desafíos
Los excesos de humedad también modifican el escenario sanitario de los rodeos. Leptospirosis, pietín, anaplasmosis y babesiosis son algunas de las enfermedades cuyo riesgo puede incrementarse luego de períodos prolongados de lluvias o inundaciones.
La infraestructura rural también adquiere un papel determinante. Caminos anegados, alcantarillas desbordadas y puentes dañados pueden dificultar el ingreso de insumos, el retiro de leche y el traslado de animales, afectando el funcionamiento de toda la cadena productiva.
Una oportunidad que también exige planificación
El regreso de El Niño abre una oportunidad para recuperar productividad después de varios años marcados por la falta de agua. Sin embargo, el éxito de la campaña dependerá tanto del comportamiento del clima como de la capacidad de los establecimientos para anticiparse a los riesgos.
En ese contexto, las recomendaciones difundidas por el SENASA y el INTA apuntan en una misma dirección. Planificar la logística, proteger la infraestructura, fortalecer las reservas forrajeras y reforzar la sanidad animal será tan importante como aprovechar las mejores condiciones de humedad que podría traer El Niño, porque en ganadería la diferencia entre una buena campaña y una emergencia muchas veces comienza antes de que caiga la primera lluvia.