El virus que inquieta al campo: la gripe aviar regresa y divide al sector productivo en Argentina
La reaparición de la gripe aviar vuelve a encender alarmas en Argentina y expone un dilema clave: cómo enfrentar el virus sin perder mercados ni agravar el impacto productivo.

La gripe aviar volvió a instalarse en la agenda del agro argentino en las últimas semanas y reactivó una preocupación que parecía bajo control. Se trata de una enfermedad viral altamente contagiosa que afecta a aves domésticas y silvestres, provoca alta mortandad y obliga a sacrificar animales para contener su avance.
El impacto no es solo sanitario, sino también económico, ya que cada brote puede frenar exportaciones y paralizar establecimientos productivos en cuestión de días. En ese contexto, la enfermedad reaparece en un escenario global donde el virus dejó de ser episódico y pasó a representar un riesgo permanente para la producción avícola.
En Argentina, el recuerdo de los brotes de 2023 sigue presente en toda la cadena. Aquella crisis interrumpió exportaciones, generó pérdidas millonarias y dejó en evidencia la vulnerabilidad frente a un virus de rápida propagación.
Gripe aviar en Argentina: dónde se detectaron los últimos casos
Los reportes más recientes del Senasa confirman que el problema volvió a escalar en pocas semanas. Entre fines de febrero y los primeros días de marzo se detectaron focos en aves silvestres, sistemas de traspatio y establecimientos comerciales en distintas localidades de Buenos Aires, Córdoba y la Ciudad de Buenos Aires.
Los casos incluyeron establecimientos productivos en Ranchos, Lobos y Bolívar, junto con múltiples detecciones en aves de menor escala y fauna silvestre. Esta dispersión en distintos sistemas y territorios refuerza la idea de que el virus ya circula activamente y no se limita a episodios aislados.
Un sistema productivo amplio y difícil de controlar
El sistema avícola argentino presenta una fuerte heterogeneidad que condiciona cualquier estrategia sanitaria. Según datos del sector, existen más de 36.000 unidades productivas vinculadas a la producción de huevos, aunque menos de mil corresponden a sistemas intensivos.
El resto está compuesto por pequeños establecimientos o producciones de traspatio con menor control sanitario. Este universo representa un punto crítico en la propagación del virus, ya que dificulta la aplicación homogénea de medidas de bioseguridad.

A esta situación se suma una limitación estructural en los controles. Los recursos disponibles no siempre alcanzan para supervisar un sistema tan amplio y diverso, lo que incrementa el riesgo sanitario.
Qué impacto tuvo la gripe aviar en 2023 y por qué vuelve la preocupación
En 2023, Argentina debió suspender exportaciones de carne aviar durante varios meses tras la detección de influenza aviar en granjas comerciales. El país exporta habitualmente entre 220.000 y 250.000 toneladas anuales por unos 400 millones de dólares, por lo que el impacto fue directo sobre el ingreso de divisas.
A esas pérdidas se sumaron los costos sanitarios, la mortandad de aves y la paralización parcial de la actividad en distintas regiones. La recuperación del estatus sanitario demandó meses de controles y auditorías, afectando la previsibilidad del negocio.
En diálogo con Meteored, el presidente ejecutivo de la Cámara Argentina de Productores Avícolas (CAPIA), Javier Prida, advirtió que el escenario actual es de alta vulnerabilidad sanitaria. Según explicó, los recientes brotes lograron ingresar incluso en establecimientos con elevados estándares de bioseguridad, lo que confirma la capacidad del virus para superar barreras sanitarias.
“Estamos muy preocupados” y “estamos a merced de la enfermedad”, resumió el dirigente al describir el momento que atraviesa la actividad. En esa línea, planteó el núcleo del problema con una definición contundente: “si entra, nos hace un desastre; perdés el establecimiento y la exportación”.
Vacunación de aves: el debate que divide al sector
El debate sobre la vacunación volvió a instalarse con fuerza en las últimas semanas. Para algunos productores, se trata de una herramienta necesaria para reducir el impacto de futuros brotes en un contexto de mayor presión sanitaria.

Otros sectores, especialmente vinculados a la exportación, advierten que su implementación podría generar restricciones comerciales. Argentina construyó su estatus sanitario sin vacunación, lo que hoy representa una ventaja competitiva que no resulta sencillo resignar.
Prida aporta un dato clave para dimensionar el cambio global en este tema. Señaló que “más de 70 países ya vacunan”, al tiempo que destacó que algunos mercados comienzan a flexibilizar condiciones bajo esquemas de trazabilidad y regionalización.
Según advierten desde CAPIA, algunos productores optan por no reportar situaciones sospechosas para evitar pérdidas totales. Esta conducta, lejos de contener el problema, favorece la propagación del virus dentro del sistema.
Una decisión que ya no se puede postergar
El debate sobre la vacunación ya dejó de ser una discusión teórica dentro del sector avícola argentino. La combinación de antecedentes recientes y presión sanitaria creciente obliga a definir una estrategia más clara.
Argentina enfrenta una decisión incómoda, pero inevitable. Mantener el esquema actual implica sostener el acceso a mercados, pero también convivir con un riesgo sanitario que puede generar pérdidas totales en cuestión de días.
Avanzar hacia la vacunación, en cambio, requiere rediseñar el sistema sanitario y renegociar condiciones comerciales con los principales destinos. En ese equilibrio se juega buena parte del futuro de la avicultura nacional.