Las "granjas" de la Amazonía que desafían la agricultura moderna y refuerzan la conservación de la selva
Las chagras, que se practican desde hace al menos 4.500 años, combinan la producción de alimentos, la conservación del medio ambiente y los conocimientos ancestrales, pero se enfrentan a amenazas cada vez mayores, como la minería, el cambio climático y la deforestación.

Las pequeñas áreas agrícolas conocidas como chagras han captado la atención de los investigadores por combinar la producción de alimentos, la conservación de la biodiversidad y la preservación del conocimiento tradicional de los pueblos indígenas de la Amazonía. Mantenido durante miles de años, este sistema de cultivo sigue siendo esencial para la seguridad alimentaria de diversas comunidades, a la vez que desafía los principios de la agricultura intensiva moderna.
En la Amazonía colombiana, la indígena Kelly Johanna Yucuna cultiva su chagra siguiendo una serie de prácticas transmitidas de generación en generación. Si bien el terreno puede parecer desorganizado para quienes desconocen el sistema, cada planta ocupa un lugar definido y desempeña un papel específico dentro de un complejo equilibrio ecológico y cultural.
Los chagras suelen ocupar menos de dos hectáreas y se cultivan durante unos cinco o seis años. Transcurrido este tiempo, las familias dejan de cultivarlos y permiten que la zona se regenere de forma natural, reintegrándose así al bosque. Este ciclo contribuye al mantenimiento de la biodiversidad, las reservas de carbono y la fertilidad del suelo.
Agricultura integrada con silvicultura
Más allá de un modelo agrícola, las chagras forman parte de la cosmología de los pueblos indígenas amazónicos. La apertura de una nueva zona depende de la autorización de los ancianos, quienes realizan rituales para pedir permiso a los espíritus del bosque antes de comenzar la siembra.

Las comunidades eligen cuidadosamente los lugares donde abrirán áreas de cultivo, preservando gran parte de los árboles autóctonos. Las investigaciones demuestran que estos sistemas conservan aproximadamente la mitad de las especies arbóreas originales y presentan mayores niveles de biodiversidad que los que se encuentran en los monocultivos agrícolas.
Otra característica distintiva es la gran diversidad de especies cultivadas. Tan solo en el territorio de Jaguares de Yuruparí, en Colombia, se han identificado más de cien especies de plantas, entre ellas yuca, plátano, ñame, batata, frutas, hierbas medicinales, tabaco y pimientos.
El conocimiento ancestral garantiza la diversidad alimentaria
La mandioca ocupa un lugar central en los campos de cultivo y tiene un profundo significado cultural. Entre diversos pueblos indígenas, simboliza a las mujeres, mientras que la coca representa a los hombres. Por eso, ambas suelen plantarse juntas, en el centro de las zonas de cultivo.
Según los expertos, este conocimiento tradicional permite que la agricultura siga los ciclos naturales del bosque, reduciendo los impactos ambientales y fortaleciendo la resiliencia de los ecosistemas.
El modelo también genera ingresos e inspira nuevas estrategias
Aunque muchas chagras están destinadas principalmente al consumo familiar, algunas regiones también utilizan el sistema para la producción comercial. En la provincia de Napo, Ecuador, las cooperativas indígenas cultivan cacao, vainilla y guayusa en sistemas agroforestales que generan ingresos para cientos de familias.

Reconocidos por las Naciones Unidas como Sistemas de Patrimonio Agrícola de Importancia Mundial, los llamados "chakras" ecuatorianos demuestran que es posible combinar la generación de ingresos con la conservación del medio ambiente. Incluso en cultivos comerciales, decenas de especies vegetales coexisten con los árboles de cacao, a diferencia de los monocultivos convencionales.
Los investigadores destacan que este modelo puede ofrecer lecciones importantes para la construcción de sistemas alimentarios más sostenibles, especialmente ante la creciente preocupación por la pérdida de biodiversidad y el cambio climático.
La minería y el cambio climático amenazan el sistema tradicional
A pesar de sus beneficios, los Chagras se enfrentan a desafíos cada vez mayores. La expansión de la minería, la deforestación, el narcotráfico y el cambio climático comprometen tanto la producción agrícola como el sustento de las comunidades indígenas.
La contaminación por mercurio, la alteración de los patrones de lluvia, la disminución de la disponibilidad de peces y animales de caza, y la aparición de nuevas plagas ya están afectando a diversas regiones amazónicas. Al mismo tiempo, muchos jóvenes abandonan sus comunidades en busca de oportunidades económicas, lo que dificulta la transmisión de los conocimientos tradicionales.
Según los expertos, la protección de los territorios indígenas es la medida más eficaz para garantizar la continuidad de los Chagras. Más que un simple sistema agrícola, representan una forma de gestión forestal basada en la convivencia con la naturaleza y pueden inspirar soluciones para una producción alimentaria más equilibrada y sostenible, adaptada a los desafíos ambientales del siglo XXI.
Referencia de la noticia
BBC Brasil. (2026). As 'fazendas' na Amazônia que desafiam a agricultura moderna.