Más de 10.000 satélites Starlink ya orbitan la Tierra: un fenómeno sin frenos que preocupa el tráfico espacial

La red de SpaceX sigue expandiéndose a un ritmo vertiginoso. Con miles de satélites activos y otros cayendo cada día, crecen las dudas sobre el impacto ambiental, la basura espacial y los riesgos para la astronomía.

Peter Forister, de Gordonsville, Virginia, tomó esta imagen a las 19:38 del 24 de septiembre de 2022.
Peter Forister, de Gordonsville, Virginia, tomó esta imagen a las 19:38 del 24 de septiembre de 2022.

Cuando SpaceX puso en órbita su primer satélite Starlink allá por 2019, pocos imaginaban la escala que alcanzaría el proyecto en apenas siete años. Desde entonces, el ritmo de lanzamientos no hizo más que acelerarse. El 17 de marzo de 2026, un cohete despegó desde la Base de la Fuerza Espacial de Vandenberg, en California, y colocó otros 25 satélites en órbita terrestre baja. Con ellos, la constelación superó el umbral simbólico de las 10.000 unidades activas alrededor del planeta.

La cifra, sin embargo, cambió casi al instante. Ese mismo día, pero desde Florida, SpaceX lanzó otros 29 Starlink; y apenas dos jornadas más tarde, el 19 de marzo, repitió la operación con otros 29. Seguir el número exacto se volvió una tarea casi imposible para el público general.

¿Cuántos son realmente?

Ahí es donde entra en escena Jonathan McDowell, astrofísico retirado del Centro Harvard–Smithsonian, conocido por su precisión quirúrgica para registrar cada lanzamiento. En su sitio Jonathan’s Space Report actualiza con frecuencia el conteo oficial.

Según sus registros más recientes, 11.558 satélites Starlink fueron lanzados desde 2019, aunque no todos siguen en funcionamiento.

¿Qué ocurrió con los cerca de 1.500 que faltan? Muchos cumplieron su vida útil y fueron desorbitados de manera controlada; otros no llegaron tan lejos y reentraron antes de tiempo, víctimas de fallas o de fenómenos como tormentas geomagnéticas. McDowell estimaba ya en octubre pasado —cuando la flota rondaba los 8.000 satélites— que entre uno y dos Starlink caen a la Tierra por día.

¿Para qué sirven los Starlink?

El proyecto forma parte del ambicioso plan de SpaceX para construir una red global de internet satelital. Su objetivo es ofrecer conexión rápida en lugares remotos o donde los servicios terrestres son deficientes o demasiado costosos. A largo plazo, la empresa de Elon Musk proyecta una constelación que podría llegar a las 30.000 unidades.

Lanzamiento de 25 satélites Starlink desde California el 17 de marzo de 2026. Tras este lanzamiento, ya hay más de 10 000 satélites Starlink orbitando la Tierra. Crédito: SpaceX vía X.
Lanzamiento de 25 satélites Starlink desde California el 17 de marzo de 2026. Tras este lanzamiento, ya hay más de 10 000 satélites Starlink orbitando la Tierra. Crédito: SpaceX vía X.

Pero el entusiasmo tecnológico no es compartido por toda la comunidad científica. Astrónomos de todo el mundo alertan sobre el impacto que esta malla brillante provoca en la observación del cielo nocturno, tanto en el espectro visible como en el radioeléctrico.

La sombra ambiental de la reentrada

A este panorama se suma otra preocupación: lo que dejan atrás los satélites cuando regresan a la atmósfera. Aunque están diseñados para desintegrarse durante la reentrada, el proceso no es inocuo. Ian Williams, profesor de ciencias ambientales aplicadas de la Universidad de Southampton, explicó en The Conversation que estos “autodestructores” alcanzan temperaturas de miles de grados al caer y liberan una cantidad significativa de metales.

Investigaciones recientes estiman que, ya en la década de 2030, las reentradas podrían introducir miles o incluso decenas de miles de toneladas de óxido de aluminio y otros metales por año en la atmósfera media. Ese material podría alterar la química que protege la capa de ozono. Además, los cohetes usados para los lanzamientos aportan su propia huella: el hollín de los motores eléctricos a base de hidrocarburos calienta la estratósfera y modifica la circulación de los vientos.

El fantasma del síndrome de Kessler

Como si todo eso fuera poco, la proliferación de objetos en órbita reaviva el temor al conocido síndrome de Kessler: un escenario en el que la densidad de satélites y desechos espaciales genera una reacción en cadena de colisiones.

Cada impacto produce nuevos fragmentos que aumentan la probabilidad de más accidentes, creando un círculo potencialmente incontrolable.

Lanzamientos, luces y confusiones en el cielo

Con semejante frecuencia de despegues, las redes sociales se llenan de videos de “plumas de medusa”, trenes de luces o espirales luminosas que desconciertan a quienes miran el cielo sin contexto. Muchas veces se trata simplemente de maniobras de cohetes o liberación de combustible, como ocurrió recientemente con un Ariane 6 lanzado desde la Guayana Francesa.

Diferenciar estos eventos de un meteoro real también puede generar dudas. McDowell lo resumió de manera sencilla: la clave es la velocidad. Un meteoro cruza el cielo en segundos, mientras que la reentrada de basura espacial se desplaza más lento y puede ser visible durante varios minutos.