Ni todo beneficio ni todo desastre: qué significa El Niño para la ganadería y la agricultura argentina
La urgencia de sacar la hacienda del agua convive con la expectativa de una buena cosecha en la zona núcleo. Un mismo fenómeno puede dejar pérdidas en unos campos y abrir oportunidades en otros.

Para un productor que tiene la hacienda rodeada de agua, la campaña se mide en las horas que quedan para sacar los animales. Hay que conseguir transporte, encontrar un campo donde recibirlos y sostenerlos hasta que baje la creciente. Mientras tanto, en un lote agrícola de la zona núcleo, una lluvia puede cambiar el ánimo: el trigo recupera posibilidades y la siembra de maíz vuelve a ponerse en marcha.
Enrique Erize, presidente de Nóvitas y experto analista del mercado es uno de los que más enfatiza en esta situación. Recientemente, destacó que "la región pampeana, Uruguay y el sur de Brasil reciben un beneficio (lluvias) que otros productores del mundo esperan con preocupación; esta es la zona en la que en años Niño llueve por encima de lo normal"
Sacar los animales y sostener el rodeo
En las zonas de islas del litoral, esperar puede dejar al productor sin alternativas. Cuando el río avanza, se achican los lugares donde reunir la hacienda y se complican los accesos.

La salida exige coordinar embarcaciones, personal y campos receptores antes de que el agua termine de cerrar el camino. Un relevamiento del INTA Paraná muestra cuánto trabajo hay detrás de esa decisión: en uno de los establecimientos estudiados, retirar 500 animales demandaría 18 viajes fluviales y tres días de operativo.
Después empieza otra cuenta: hay que alimentar el rodeo fuera del campo, atender su sanidad y esperar. El costo de la creciente continúa aun cuando los animales ya están a salvo.
También en tierra firme aparecen dificultades, el barro complica los movimientos y las pariciones requieren más atención. Tener pasto no alcanza si la hacienda no puede aprovecharlo.

Por eso, hablar de los beneficios de El Niño exige mirar dónde está cada productor. Para quien perdió superficie de pastoreo, la mejora de una cosecha lejana no resuelve la emergencia.
La lluvia que devuelve expectativas
En la zona núcleo, en cambio, el agua llegó a lotes que venían perdiendo potencial. El trigo necesitaba humedad y las precipitaciones de octubre ayudaron a frenar el deterioro. Los informes de la Bolsa de Comercio de Rosario reflejaron esa recuperación y un mejor ánimo para encarar la siembra de soja.
Los antecedentes también ayudan a entender la expectativa. Un análisis del INTA y el Conicet encontró que, de doce campañas Niño, el maíz superó su rendimiento medio en diez y la soja de primera en once.

Pero entre una buena perspectiva y una cosecha hay varios meses de trabajo. Las mismas lluvias pueden demorar la siembra, favorecer enfermedades o dejar sectores anegados, con lo cual la oportunidad existe y aprovecharla exige seguir el lote de cerca.
¿Y en el mundo? Lo que pasa afuera también cuenta
Erize agrega otra pieza al escenario: mientras la Argentina puede mejorar su producción, algunos competidores enfrentan el riesgo de perderla. Un Niño en nuestra zona implica condiciones Niña desfavorables para otros.

“Para los australianos el Niño es un drama”, aseguró Erize y agrego que "el fenómeno suele asociarse con menores lluvias en parte de las regiones productivas. En Brasil, detalló que lo que ocurre en Mato Grosso hay que seguirlo de cerca porque una demora en la soja también puede atrasar el maíz que se siembra después.
El mercado, sin embargo, todavía tiene que confirmar esa expectativa y evaluar si efectivamente una pérdida puede compensarse o no con una buena cosecha en otro país. Las reservas y la demanda también cuentan. El Niño abre una posibilidad comercial, pero no asegura una suba de precios.
Una campaña, distintas urgencias
La imagen de la hacienda bajo agua muestra una pérdida concreta. La de un cultivo que se recupera habla de una posibilidad que todavía debe llegar a cosecha. Ambas merecen formar parte del mismo relato.
En los campos ganaderos afectados, el trabajo pasa por preservar el rodeo y sostener la producción. En los lotes agrícolas favorecidos por las lluvias, por transformar esa humedad en rendimiento y cuidar el margen.
El resultado de El Niño se irá definiendo allí: en las decisiones de quienes hoy necesitan salir del agua y de quienes esperan que siga llegando a tiempo. Pero no hay dudas de que en ese proceso los productores están dispuestos a jugar el partido persiguiendo los techos de rendimiento en sus lotes.