Parece una manzana común, pero al cortarla aparece una sorpresa: ya la prueban en la Patagonia
La manzana Kissabel, famosa por su pulpa roja, comenzó a evaluarse en la Patagonia. El ensayo busca determinar si puede abrir nuevos mercados para la producción frutícola argentina.

A primera vista parece una manzana como cualquier otra. Sin embargo, al partirla aparece un interior de color rojo intenso que la convirtió en una de las frutas más llamativas desarrolladas en los últimos años.
La fruta fue desarrollada para diferenciarse en mercados premium, donde los consumidores buscan productos innovadores y están dispuestos a pagar más por ellos. Las variedades obtenidas combinan sabores equilibrados, buena conservación y un alto contenido de antocianinas, los pigmentos naturales responsables de la coloración roja.
Qué evaluará el INTA antes de pensar en una producción comercial
El proceso de validación no será rápido. Según el INTA, se necesitarán entre ocho y diez temporadas para reunir información suficiente que permita decidir si estas variedades pueden incorporarse a la producción regional.
Durante ese período los investigadores analizarán:
- La adaptación al clima del Alto Valle.
- La respuesta frente a las heladas primaverales.
- La productividad y el rendimiento por hectárea.
- La calidad comercial de los frutos.
- La intensidad y uniformidad del color rojo de la pulpa.
- La firmeza y la conservación en poscosecha.
- El comportamiento frente a enfermedades y plagas.
- La aceptación de consumidores y mercados internacionales.
Los materiales introducidos al país atravesaron previamente un estricto proceso cuarentenario bajo las normas del Senasa. Actualmente se encuentran implantados en un recinto experimental, donde reciben el mismo manejo tecnológico que los montes comerciales del Alto Valle.

Los técnicos realizan seguimientos fenológicos dos veces por semana para monitorear la evolución de las plantas. Además, analizan en laboratorio parámetros como la firmeza, los sólidos solubles, la acidez, la degradación del almidón y la distribución del color en la pulpa para determinar el momento óptimo de cosecha.
Una historia que comenzó hace más de veinte años
Las primeras investigaciones para obtener manzanas de pulpa roja surgieron a comienzos de este siglo, cuando distintas empresas europeas comenzaron a trabajar con materiales genéticos que conservaban naturalmente esa característica. El desafío consistía en combinar ese llamativo color interno con frutas de alta calidad, buen rendimiento y aceptación comercial.

Con el paso de los años, el proyecto evolucionó hasta convertirse en la marca Kissabel, actualmente desarrollada por el consorcio IFORED. Hoy participan empresas de Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, Suiza, España, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Chile y Argentina, entre otros países.
Mientras Argentina recién comienza las evaluaciones agronómicas, Kissabel ya se comercializa en varios mercados internacionales. Dependiendo de la temporada, puede encontrarse en supermercados y fruterías especializadas de Italia, Francia, Alemania, Reino Unido, Suiza, Bélgica, España, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, donde se vende como una fruta premium.
¿Ya puede comprarse en Argentina?
Por ahora, no. La manzana Kissabel todavía no se produce comercialmente en el país, ya que las plantas implantadas en el Alto Valle forman parte de un ensayo experimental que busca evaluar su adaptación a las condiciones de la Patagonia.

Si bien no existe una prohibición específica para importar esta variedad, actualmente no se comercializa como fruta importada en Argentina. Por ese motivo, quienes quieran probar una Kissabel deberán hacerlo en alguno de los países donde ya se produce y vende de manera regular, principalmente en Europa, Estados Unidos, Australia o Nueva Zelanda.
Una oportunidad para diferenciar a la fruticultura patagónica
La producción de manzanas del Alto Valle enfrenta desde hace años el desafío de mejorar su competitividad en un mercado internacional cada vez más exigente. En ese escenario, la incorporación de variedades innovadoras aparece como una herramienta para generar mayor valor agregado y acceder a nichos donde la diferenciación pesa tanto como la calidad de la fruta.
Si los ensayos confirman una buena adaptación al clima patagónico y una adecuada aceptación comercial, la llamativa manzana de pulpa roja podría convertirse en uno de los desarrollos más innovadores de la fruticultura argentina en la próxima década, abriendo una nueva oportunidad para los productores de la región.