Una variable vinculada al clima podría cambiar los planes de los agricultores, que sembrarían más soja y menos maíz

La campaña gruesa empieza a moverse antes de la siembra. Una condición que gana protagonismo podría alterar el reparto de hectáreas entre soja y maíz.

Las ventanas de implantación podrían ser muy breves, por lo que la coordinación entre productores y contratistas ganará peso durante la campaña gruesa.
Las ventanas de implantación podrían ser muy breves, por lo que la coordinación entre productores y contratistas ganará peso durante la campaña gruesa.

La campaña gruesa todavía no comenzó, pero una combinación de factores empieza a modificar decisiones que hasta hace pocas semanas parecían encaminadas, especialmente en aquellos planteos donde soja y maíz compiten por la misma superficie. En este sentido, es clave destacar que la Bolsa de Cereales de Buenos Aires ya proyecta una recuperación del área sojera, aunque detrás de ese movimiento aparecen causas diferentes según cada región.

La entidad estima que durante el ciclo 2026/27 podrían implantarse 17 millones de hectáreas de soja, frente a las 16,8 millones de la campaña anterior, lo que representa un crecimiento interanual del 1,2 % y unas 200.000 hectáreas adicionales. Pero el dato más relevante no está solamente en cuánto crecería la oleaginosa, sino en qué puede llevar a un productor a cambiar de cultivo incluso cuando la planificación inicial ya está hecha.

El agua puede cambiar el plan de siembra

La región central llega a la campaña con perfiles mayormente recargados, una condición que inicialmente resulta favorable para los cultivos de verano y que incluso puede mejorar las perspectivas del maíz temprano. Sin embargo, hacia el este todavía persisten sectores con excesos hídricos, mientras que hacia el oeste las reservas aparecen más ajustadas.

El desarrollo de El Niño durante la primavera podría generar precipitaciones superiores a lo normal sobre la Mesopotamia y sectores del centro y este de la Región Pampeana, aumentando la disponibilidad de agua pero también el riesgo de problemas operativos. Si las lluvias se vuelven frecuentes e intensas, el productor puede encontrarse con el lote cargado de humedad pero sin posibilidades de entrar con las máquinas.

Ese punto resulta especialmente importante para el maíz temprano, porque una demora durante el momento previsto de implantación puede obligar a revisar fechas y estrategias productivas. Si la ventana se cierra, una parte de la superficie inicialmente destinada al cereal podría terminar pasando a soja de primera.

Cuando la ventana para trabajar dura apenas unos días

En una campaña con buenos niveles de humedad y posibilidad de nuevas lluvias, la variable decisiva no será solamente cuánto precipita, sino cuánto tiempo queda disponible entre un evento y otro para realizar las labores. Las ventanas para sembrar, pulverizar o acondicionar los lotes pueden ser muy breves y concentrar una enorme cantidad de trabajo en pocos días.

Cuando el suelo vuelve a estar transitable después de un período lluvioso, muchos productores necesitan sembrar prácticamente al mismo tiempo y la disponibilidad de equipos pasa a ser determinante. En ese escenario, la coordinación y una buena relación con los contratistas puede convertirse en una pieza central para acceder a la maquinaria exactamente cuando el lote lo permite.

La soja aparece como una alternativa capaz de ganar hectáreas si las condiciones climáticas complican la implantación del maíz en los momentos previstos.
La soja aparece como una alternativa capaz de ganar hectáreas si las condiciones climáticas complican la implantación del maíz en los momentos previstos.

Perder algunos días dentro de una ventana ajustada puede tener consecuencias mucho mayores que una simple demora en el calendario, particularmente cuando se trata de maíz temprano. Una implantación que no puede realizarse a tiempo puede obligar a modificar la estrategia y, en determinadas situaciones, abrir nuevamente la discusión sobre qué cultivo conviene sembrar.

La chicharrita agrega otro problema para el maíz

Mientras el agua puede alterar las decisiones en la región central, en el norte del área agrícola aparece otro factor capaz de inclinar superficie hacia la soja: el avance de la chicharrita del maíz, Dalbulus maidis. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires advierte que la presión del insecto vector del complejo de achaparramiento podría reducir marcadamente la intención de siembra de maíz en NOA y NEA.

Una menor implantación del cereal liberaría hectáreas que podrían ser ocupadas por soja, especialmente porque en esas regiones la relación de márgenes brutos también aparece relativamente más favorable para la oleaginosa. Buena parte del crecimiento nacional proyectado para la soja se explica precisamente por este desplazamiento previsto en el norte.

1. La presión de la chicharrita vuelve a condicionar al maíz en el norte, donde parte de esa superficie podría terminar pasando a soja.
1. La presión de la chicharrita vuelve a condicionar al maíz en el norte, donde parte de esa superficie podría terminar pasando a soja.

Así, la soja puede ganar superficie por caminos diferentes que terminan confluyendo en el mismo resultado: en algunas zonas pesa el riesgo sanitario del maíz y en otras la dificultad para aprovechar a tiempo las ventanas de implantación. No se trata, por lo tanto, de un movimiento uniforme ni de una decisión que responda únicamente a precios o márgenes.

No todo el mapa se moverá hacia la soja

En el Núcleo Norte y el Centro-Este de Entre Ríos, el maíz temprano todavía aparece bien posicionado frente a la soja de primera, favorecido inicialmente por las perspectivas de un año Niño y por la disponibilidad de humedad. Pero eventuales excesos hídricos podrían alterar rápidamente esa ventaja si impiden avanzar con la siembra en los momentos previstos.

En el Núcleo Sur, en cambio, la soja podría recuperar superficie por una mayor disponibilidad de lotes después de una menor implantación de cultivos de invierno, mientras que en zonas de Buenos Aires el girasol y el propio maíz seguirán compitiendo por las hectáreas disponibles. El crecimiento proyectado de la oleaginosa surge, por lo tanto, del balance entre movimientos regionales muy diferentes.

Una campaña que puede definirse sobre la marcha

La decisión final sobre qué sembrar en algunos lotes podría no estar completamente tomada hasta que llegue el momento de entrar con las máquinas. La evolución de las lluvias, el estado de los suelos, la disponibilidad de contratistas y la presión de la chicharrita pueden modificar los planes en cuestión de días.

Según el análisis, la soja parte con una proyección de 200.000 hectáreas adicionales, pero todavía resta conocer cuánto de ese crecimiento terminará produciéndose a costa del maíz. Si el cereal pierde ventanas de siembra por exceso de agua o retrocede en el norte por riesgo sanitario, la oleaginosa podría quedarse con una parte de esas hectáreas y redibujar el mapa de la campaña gruesa.