Pintaron de blanco 340 techos en Filadelfia y bajaron la temperatura interior a la mitad: cómo funciona el experimento
Un experimento de comienzos de siglo demostró que combatir el calor puede ser tan barato como una lata de pintura. Dos décadas después, sus resultados siguen siendo una lección para cualquier hogar que sufre las altas temperaturas.

En una época en la que se piensa el combate contra el calor urbano en términos de paneles solares, aires acondicionados de última generación o materiales de construcción sofisticados, un experimento realizado en Filadelfia a comienzos de los 2000 demostró que a veces la solución más eficaz es también la más antigua.
Entre 2001 y 2003, la Energy Coordinating Agency de la ciudad cubrió con revestimientos blancos reflectantes los tejados de unas 340 viviendas ocupadas por personas mayores con bajos ingresos, en su mayoría las tradicionales casas adosadas del lugar.
Se trataba de hogares particularmente expuestos tanto al calor extremo como al peso que representa en el presupuesto familiar mantener la casa fresca durante el verano. Por eso, la elección de esas viviendas no fue casual. La pregunta que buscaba responder el proyecto era simple: ¿cuánto calor se puede evitar solo con impedir que un tejado oscuro absorba tanta radiación solar?
UN cites Tamil Nadus Cool Roof project as a climate mitigation innovation. pic.twitter.com/wYC1iYo5oM
— Indian Infra Report (@Indianinfoguide) May 25, 2026
Las temperaturas máximas en la superficie interior de los techos bajaron entre 2,2 y 2,8 °C, y en los dormitorios de la planta superior que no tenían aire acondicionado, la temperatura máxima del aire cayó alrededor de 1,1 °C. Para una familia que vive en un último piso durante una ola de calor, esa diferencia puede significar la diferencia entre pasar la noche cómodo o sin poder dormir.
Pero el dato que más repercusión tuvo fue otro: cada vivienda ahorró en promedio 560 kWh al año en electricidad destinada al aire acondicionado. Dicho de otra manera, evitar que el calor entrase resultó tan efectivo como todo el esfuerzo posterior de sacarlo de adentro con electrodomésticos que consumen energía.
El fenómeno que explica estos resultados no tiene ningún misterio y es muy conocido en la meteorología. Se llama albedo y mide en una escala de 0 a 1 cuánta radiación solar refleja una superficie. Un tejado oscuro absorbe buena parte de esa radiación y la convierte en calor, mientras que uno blanco o muy reflectante devuelve gran parte de esa energía hacia afuera antes de que se transforme en temperatura dentro de la vivienda. Un techo "frío" bien diseñado combina esa alta reflectividad con la capacidad de liberar rápido el poco calor que sí llega a absorber.
El experimento de Filadelfia sigue resultando llamativo porque atacó al mismo tiempo tres problemas que suelen tratarse por separado: el calor dentro de las viviendas, el consumo eléctrico y el peso desproporcionado que representan las facturas de energía para los hogares de menores recursos.
Para cualquier persona que vive en una casa con techo oscuro, esto es una solución práctica ya que buena parte del calor que se siente adentro en un día de verano no entra por las ventanas ni por las paredes, sino que se cocina literalmente en la cubierta. Actuar sobre esa superficie, antes de recurrir al aire acondicionado, puede ser la forma más barata de bajar varios grados sin gastar un solo kWh extra.
No fue un caso aislado
Filadelfia no fue la única prueba de este tipo. En 1995, el Florida Solar Energy Center cubrió con un revestimiento acrílico blanco el techo de una escuela en Cocoa Beach y, durante el año siguiente, logró un ahorro de 13.000 kWh junto con una caída del 10 % en la demanda eléctrica máxima del edificio.
Por su parte, investigadores del Lawrence Berkeley National Laboratory comprobaron en tres edificios comerciales de California que elevar el albedo del techo de 0,20 a 0,60 podía hacer bajar la temperatura de la cubierta de unos 79 °C a 49 °C en verano, con ahorros de aire acondicionado de hasta el 18 % en uno de los casos.
Esto significa que decisiones tan cotidianas como el color con el que se pinta un techo, multiplicadas por millones de viviendas en todo el mundo, podrían tener un peso real en cómo se comportan las temperaturas de las ciudades en su conjunto, más allá del ahorro que representan para cada familia en particular.