Siembran vieiras en el fondo del mar: el experimento argentino para recuperar un tesoro de la Patagonia

Bajo las aguas del golfo San José, una experiencia pone a prueba otra forma de relacionarse con el mar. Sus resultados empiezan a mostrar posibilidades.

Golfo San José: Bajo las aguas de este golfo de Chubut se encuentran los bancos de vieira tehuelche que aprovechan los marisqueros artesanales.
Golfo San José: Bajo las aguas de este golfo de Chubut se encuentran los bancos de vieira tehuelche que aprovechan los marisqueros artesanales.

Para los marisqueros del golfo San José, una parte decisiva del trabajo ocurre lejos de la vista, hasta unos 25 metros bajo la superficie. Allí buscan las concentraciones de moluscos que permiten sostener una actividad con aproximadamente cinco décadas de historia en Península Valdés.

Pero el fondo marino cambia y la abundancia de una temporada puede dar paso a períodos de escasez. Entender esa dinámica es fundamental para quienes dependen de lo que encuentran durante cada inmersión.

En ese escenario, científicos del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET) comenzaron una experiencia que invierte la lógica habitual de la recolección. Antes de pensar en extraer, bajaron al mar para dejar algo.

Un recurso que necesita tiempo para recuperarse

La protagonista es la vieira tehuelche (Aequipecten tehuelchus), una especie emblemática de la pesca artesanal del golfo. Es un molusco bivalvo: su cuerpo blando está protegido por dos valvas articuladas, como ocurre con las almejas y los mejillones.

La vieira tehuelche es un molusco bivalvo que forma bancos naturales y constituye un recurso emblemático de la pesca artesanal de la zona.
La vieira tehuelche es un molusco bivalvo que forma bancos naturales y constituye un recurso emblemático de la pesca artesanal de la zona.

Las vieiras forman agrupaciones naturales llamadas bancos, que pueden alcanzar densidades de hasta 150 ejemplares por metro cuadrado. Esas concentraciones facilitan la recolección manual mediante buceo, aunque pueden quedar fuertemente reducidas después de la pesca.

La especie también atraviesa ciclos naturales de abundancia y escasez que condicionan su disponibilidad. Cuando esa dinámica se combina con la presión pesquera, la recuperación puede demandar varias temporadas, según explicó el CENPAT al presentar el proyecto.

Esa espera plantea una pregunta: ¿es posible ayudar a que los bancos vuelvan a poblarse? Para responderla, el equipo recurrió a una técnica que comienza mucho antes de que los animales alcancen el tamaño necesario para su captura.

Las “semillas” que se consiguen bajo el agua

Aunque los investigadores hablan de semillas, se refieren a pequeñas vieiras obtenidas aprovechando su ciclo reproductivo. Después del desove, las larvas permanecen alrededor de un mes en el agua antes de asentarse sobre una superficie.

Detrás de las vieiras que llegan al plato hay un recurso natural cuya disponibilidad depende de los ciclos de la especie y del manejo pesquero.
Detrás de las vieiras que llegan al plato hay un recurso natural cuya disponibilidad depende de los ciclos de la especie y del manejo pesquero.

En la naturaleza pueden hacerlo sobre algas o conchillas, pero el equipo les ofrece redes Netlon donde fijarse. Allí comienzan a desarrollarse como diminutos ejemplares de dos o tres milímetros, que crecen durante algunos meses antes de ser trasladados.

La primera experiencia comenzó en el verano de 2025, con colectores instalados en la zona de Fracasso. En abril, los juveniles fueron recuperados y llevados a Los Morros, donde se sembraron unas 30.000 vieiras directamente sobre el fondo marino.

El proyecto es coordinado por Leandro Getino Mamet y Gaspar Soria, con colaboración de buzos del CENPAT y apoyo de la Secretaría de Pesca de Chubut. Después de aquella siembra, llegó una etapa menos visible pero decisiva: seguir el crecimiento.

Qué encontraron después de un año y medio

El monitoreo mostró que los ejemplares sembrados crecieron de manera similar a lo que ocurre naturalmente y alcanzaron tamaños cercanos a los 60 milímetros, la talla legal de captura. El resultado fue comunicado por el CONICET en octubre de 2026, aunque la experiencia continúa siendo experimental.

En el golfo San José, los marisqueros recolectan vieiras manualmente mediante buceo, en bancos ubicados hasta unos 25 metros de profundidad.
En el golfo San José, los marisqueros recolectan vieiras manualmente mediante buceo, en bancos ubicados hasta unos 25 metros de profundidad.

También aparecieron obstáculos, como las ascidias o “papas de mar”, que colonizan los colectores y dificultan recuperar las semillas. Durante 2026 se probaron limpiezas mediante buceo y un nuevo diseño de colector, que cuadruplicó la cantidad de juveniles captados.

El siguiente paso será ampliar las pruebas con apoyo de la Fundación Williams y participación de marisqueros locales. Sus embarcaciones, equipos y conocimiento del golfo permitirán evaluar el sistema en condiciones habituales de trabajo.

Lo que está en juego para la costa

Recuperar los bancos podría contribuir a sostener la disponibilidad del recurso y los ingresos vinculados con su extracción. Para los pescadores, eso significaría contar con otra herramienta frente a temporadas en las que encontrar vieiras aprovechables se vuelve más difícil.

La escala inicial ofrece un dato revelador: para las 30.000 vieiras sembradas, los investigadores habían proyectado un rendimiento de entre 500 y 1.000 kilos, todavía no confirmado como cosecha. Comprobar cuánto de ese potencial puede concretarse será clave para saber si esta siembra submarina también puede aportar mayor previsibilidad al trabajo y a la economía costera.