Un satélite ruso acechó durante días a uno de EE. UU. a 27 000 km/h: qué se sabe de la maniobra
Dos naves que orbitan la Tierra a unos 27 000 km/h pasaron días a escasa distancia una de otra. Qué se sabe de lo ocurrido, por qué el blanco fue un satélite de radar y qué riesgos abre para el resto.

Según la empresa de monitoreo espacial LeoLabs, el satélite militar ruso Kosmos-2612 hizo entre el 15 y el 19 de octubre una serie de maniobras deliberadas hacia el Iceye-X36. El día 15 redujo la separación de unos 400 a unos 210 kilómetros. El 16 ya estaba a 2 o 3 kilómetros, y en los días siguientes se movió alternando posiciones delante y detrás del estadounidense, con momentos en que la distancia bajó a unos 500 metros.
Después inició una retirada controlada y hoy se encuentra a más de un centenar de kilómetros. Las primeras estimaciones hablaban de menos de 5 kilómetros, y algunos análisis basados en datos públicos sugieren distancias de apenas decenas de metros, así que la cifra exacta sigue en discusión.
El astrofísico Jonathan McDowell, que sigue la actividad espacial, considera que es el primer encuentro conocido en órbita baja entre dos satélites activos sin el consentimiento de uno de los operadores. Adam Marsh, vicepresidente de soluciones técnicas de LeoLabs, la describió como la maniobra de aproximación no cooperativa más avanzada y potencialmente peligrosa que la compañía ha observado. Iceye respondió que sigue la situación de cerca y que la arquitectura de su constelación está pensada para garantizar continuidad y resiliencia.
Para quien no sigue el tema, la consecuencia práctica es menos lejana de lo que parece. Los satélites comerciales de observación entregan imágenes a gobiernos, empresas y equipos de emergencia, y cada maniobra de evasión que una compañía se ve obligada a hacer gasta combustible y acorta la vida útil del aparato.
Por qué el blanco fue un satélite de radar
Iceye es una compañía finlandesa con una filial en Estados Unidos, que es la que opera el X36. Sus satélites usan radar de apertura sintética, una técnica que emite microondas y procesa los ecos con algoritmos para crear imágenes muy nítidas de noche y con nubes. Es la misma tecnología que permite mapear inundaciones o seguir el hielo marino cuando la nubosidad no deja mirar con cámaras ópticas.Sin embargo, su principal objetivo está enfocado en el reconocimiento, la inteligencia militar y el monitoreo estratégico.

Desde 2022 la empresa colabora con Ucrania, a cuyo gobierno transfirió un satélite y dio acceso al resto de su constelación. Ese mismo año, un oficial ruso advirtió que los satélites civiles que apoyan al ejército ucraniano son un objetivo legítimo. Iceye no confirmó públicamente quiénes son los clientes del X36, aunque se cree ampliamente que presta apoyo a Ucrania.
Rusia no explicó la misión del Kosmos-2612, y LeoLabs aclara que lo observado demuestra capacidades que podrían servir para recolectar inteligencia, inspeccionar otro satélite o enviar una señal de presión, pero no establece intención hostil.
Lo que cuesta moverse en órbita y lo que pasa si algo sale mal
Cambiar de plano orbital, aunque sea poco, consume mucho combustible, y por eso los analistas le dan tanto peso a estos movimientos. Según LeoLabs, acciones así exigen planificación, maniobrabilidad, navegación precisa y bastante combustible. Michael Traut, jefe del Comando Espacial Alemán, advirtió que incluso sin un ataque directo este tipo de persecuciones podrían amenazar a las constelaciones comerciales, porque obligan a los satélites a reajustar sus órbitas.
El otro riesgo es la basura. En 2007 China probó un misil antisatélite a 865 kilómetros de altura y dejó una nube de fragmentos en una zona que cruzaban 1.866 de los 2.792 aparatos enviados hasta entonces por la humanidad. Estados Unidos había suspendido sus propios ensayos en los años ochenta por un motivo parecido. El marco legal, además, tiene zonas grises, ya que el Tratado del Espacio Exterior de 1967 prohíbe colocar armas de destrucción masiva en órbita pero no establece una prohibición general de las armas convencionales.
Hace un mes, el secretario de la Fuerza Aérea estadounidense, Troy Meink, reconoció públicamente que su país tiene armas de control espacial en órbita, según informó El País. No detalló de qué sistemas se trata.