Científicos del MIT advierten que el cambio climático podría alterar la molécula que nos protege del metano
Un nuevo modelo muestra cómo el calentamiento global genera dos fuerzas opuestas: una impulsa al “detergente atmosférico” que elimina el metano, la otra lo frena. El resultado es un equilibrio incierto que los científicos intentan descifrar.

La atmósfera tiene un sistema de limpieza silencioso. Nadie lo ve, pero allí arriba, una molécula diminuta trabaja sin descanso: atrapa el metano, lo descompone y lo convierte en formas más débiles que luego la lluvia arrastra. Sin ella, el metano -un gas de efecto invernadero decenas de veces más potente que el dióxido de carbono- se acumularía mucho más rápido.
Esa molécula se llama radical hidroxilo, o OH. Y un equipo del MIT acaba de publicar un estudio donde advierte que el cambio climático podría alterar su comportamiento. No de una forma simple, sino con un mecanismo de tironeo que los investigadores comenzaron a desentrañar.
“Los radicales hidroxilo son importantes para determinar la vida útil del metano y otros gases de efecto invernadero reactivos, así como de gases que afectan la salud pública, como el ozono”, explicó Qindan Zhu, autor principal del estudio, quien dirigió la investigación como postdoctorado en el MIT.
Dos fuerzas en pugna
Los científicos desarrollaron un modelo llamado AquaChem para simular qué pasaría con los niveles de OH si la temperatura global subiera 2 grados Celsius. Encontraron dos fuerzas opuestas.
Tan sencillo como refleja este gráfico generado por NOAA. Así estamos energizando la Tierra, amplificando el efecto invernadero a base de aumentar las concentraciones de gases como el dióxido de carbono y el metano capaces de retener mucha de la energía que emite nuestro planeta pic.twitter.com/oiAUZyRaqy
— Mario Picazo (@picazomario) November 5, 2024
La primera: a mayor temperatura, más evaporación, más vapor de agua en la atmósfera. Y el radical hidroxilo necesita vapor de agua para formarse. Por lo tanto, el calentamiento global, en principio, podría ser un aliado: el equipo calculó que el aumento de vapor de agua elevaría los niveles de OH en un 9 %.
Pero apareció una segunda fuerza. Con más calor, las plantas y los árboles transpiran más y liberan mayores cantidades de compuestos orgánicos volátiles biogénicos, como el isopreno. Esos gases reaccionan con el radical hidroxilo y lo neutralizan. Ese efecto restó un 6 % a la cuenta inicial.
“Queremos asegurarnos de que el OH siga presente para eliminar químicamente todos estos gases y contaminantes”, señaló Arlene Fiore, profesora del Departamento de Ciencias de la Tierra, la Atmósfera y los Planetas del MIT y coautora del estudio.
Un planeta de agua para entender lo invisible
Para llegar a esas cifras, los investigadores tomaron una decisión poco convencional. En lugar de usar un modelo climático completo, con continentes, océanos y hielo, simplificaron la Tierra a un “acuático-planeta”: una esfera cubierta enteramente de agua.
Esa simplificación les permitió concentrarse en las reacciones químicas sin el ruido de las interacciones entre tierra, agua y casquetes polares. Zhu agregó un componente de química atmosférica que simulaba las reacciones que afectan al OH, y alimentó el modelo con datos de emisiones del año 2000, tomado como referencia del clima actual.
Después, elevó la temperatura de la superficie del mar 2 °C y observó cómo cambiaban los distintos factores: vapor de agua, emisiones biogénicas, monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno. Los dos primeros fueron los que marcaron la diferencia.
“Las preguntas que estamos explorando aquí son: ¿cuáles son los principales procesos que controlan las concentraciones de OH? ¿Y cómo responderá el OH al cambio climático?”, resumió Fiore.
El margen de error que importa
A simple vista, un 3 % de aumento en la capacidad de limpieza de la atmósfera podría sonar como una buena noticia. Pero los investigadores advirtieron que hay varias razones para no cantar victoria.
La primera es que el modelo tiene limitaciones. El equipo reconoció que las emisiones biogénicas son el factor más incierto de toda la ecuación. Además, el estudio no consideró el efecto del aumento del CO₂ sobre esas emisiones: se sabe que el dióxido de carbono puede atenuar la respuesta de las plantas al calor, lo que modificaría el resultado final.
La segunda es que un cambio de unos pocos puntos porcentuales en los niveles de OH puede tener consecuencias descomunales en la acumulación de metano. El 90 % del metano que se elimina de la atmósfera desaparece gracias a esta molécula. Si su capacidad disminuyera en lugar de aumentar, el metano -cuyo potencial de calentamiento es más de 80 veces superior al del CO₂ en los primeros 20 años- podría acumularse más rápido de lo previsto.
“Comprender las tendencias futuras del OH nos permitirá determinar las tendencias futuras del metano”, afirmó Zhu.
El metano (CH4) silencioso que aún no hemos cuantificado con exactitud y que se fuga de manera alarmante a nuestra atmósfera cada día. Es responsable de más del 25% del calentamiento global que afecta al mundo hoy en día. Debido a su estructura molecular, el metano atrapa más pic.twitter.com/pb4n30eM2n
— Mario Picazo (@picazomario) February 14, 2024
El equipo del MIT planea seguir perfeccionando AquaChem para incorporar más variables: distintos escenarios de emisiones, la interacción con el CO₂ y una representación más detallada de cómo las plantas liberan compuestos orgánicos en un mundo más cálido.
El trabajo, financiado por Spark Climate Solutions y la NOAA, forma parte de un esfuerzo más amplio por entender no solo cuánto metano se emite, sino cuánto tiempo permanece en el aire antes de que el “detergente atmosférico” haga su trabajo. Porque en la química del clima, lo que parece un detalle técnico puede marcar la diferencia entre un futuro manejable y uno que se escape de las manos.
Referencia de la noticia
Zhu, Q., Neumann, N., Fiore, A. M., Pincus, R., Guan, J., Milly, G., et al. (2026). Uncertain natural emissions dampen the increase in tropospheric hydroxyl radical (OH) with idealized surface warming. Journal of Advances in Modeling Earth Systems, 18, e2025MS005248. https://doi.org/10.1029/2025MS005248