El clima extremo hace a los animales más agresivos: lo que reveló un estudio durante 33 años de la UCLA

Tres décadas de observación con monos capuchinos revelaron que el clima extremo no solo destruye hábitats: también altera las reglas sociales de los animales, con preocupantes consecuencias que la ciencia empieza a medir.

Una familia de monos capuchinos de cara blanca, en la selva tropical de Costa Rica. Tras tres décadas de estudios de la UCLA y el Instituto Max Planck, se determinó la forma en que el clima extremo afecta su comportamiento como sociedad animal, y los resultados no son buenos.
Una familia de monos capuchinos de cara blanca, en la selva tropical de Costa Rica. Tras tres décadas de estudios de la UCLA y el Instituto Max Planck, se determinó la forma en que el clima extremo afecta su comportamiento como sociedad animal, y los resultados no son buenos.

Los grupos de animales funcionan, en cierta forma, como equipos deportivos: cuantos más integrantes, más fuerza colectiva para conseguir comida y repeler rivales. Pero cuando los recursos escasean, ese equipo empieza a pelearse puertas adentro.

El calor acumulado, las sequías prolongadas y las lluvias fuera de escala no solo transforman los paisajes: también reescriben las reglas de convivencia entre las especies.

Esto es exactamente lo que documentó un equipo de investigadores de la University of California, Los Angeles (UCLA) y el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal (MPI-AB). Tras 33 años de seguimiento continuo de 335 monos capuchinos cariblancos en 12 grupos en Costa Rica, concluyeron que los extremos climáticos erosionan las ventajas de vivir en grupo y disparan la competencia, la agresividad y, en algunos casos, la fragmentación de las manadas. El trabajo se publicó en Nature Ecology and Evolution en mayo de 2026.

¿Qué pasa cuando el clima se sale de los carriles?

En condiciones normales, los grupos grandes de monos capuchinos tienen una ventaja clara: dominan a los más pequeños y acceden a las mejores zonas de alimentación. Durante la estación seca, cuando el agua, la comida y la sombra se concentran cerca de los ríos, los grupos numerosos aprenden a moverse hacia esas áreas y dejan a los rivales con los peores recursos.

Es una dinámica que funciona, hasta que el clima hace lo que no debería.

Cuando llegan eventos de El Niño —con sequías severas— o de La Niña —con lluvias extraordinarias—, todo ese equilibrio se rompe. Los costos de alimentación se disparan incluso para los grupos grandes, y la competencia interna se vuelve tan intensa que las ventajas de vivir en manada prácticamente desaparecen. Algunos individuos optan por irse.

Los capuchinos, al ampliar su territorio y arrebatar zonas a grupos más pequeños, consiguieron acceder a más opciones de búsqueda de alimento y a zonas de alimentación menos agotadas. Las poblaciones más débiles se ven oprimidas y limitadas en su acceso a zonas con alimentos.
Los capuchinos, al ampliar su territorio y arrebatar zonas a grupos más pequeños, consiguieron acceder a más opciones de búsqueda de alimento y a zonas de alimentación menos agotadas. Las poblaciones más débiles se ven oprimidas y limitadas en su acceso a zonas con alimentos.

La cohesión social se fractura. Y este patrón no es exclusivo de los capuchinos: un estudio publicado en Science of the Total Environment sobre cabras montesas de los Apeninos encontró que el calentamiento acumulado y las sequías aumentaron la agresividad entre individuos en proporciones que proyectan, de sostenerse, un incremento del 50% para el año 2080.

Lo que esto significa para el futuro

Lo que complica el panorama es la velocidad del cambio. Los animales evolucionaron durante milenios para lidiar con variaciones climáticas estacionales.

Los extremos del siglo XXI van más rápido que cualquier proceso de adaptación natural.

Cuando los grupos se fragmentan, las poblaciones pierden diversidad genética, cae la cooperación para defenderse de depredadores y se altera toda la cadena trófica que depende de esas especies.
La investigadora Susan Perry, que lleva 35 años al frente del proyecto en Guanacaste, lo dice sin adornos: los grupos grandes normalmente compensan sus costos internos desplazando a los más débiles hacia peores territorios.

Una pareja dispuesta en formación de combate, con actitud intimidatoria. Este comportamiento se ve agravado en condiciones de sequía, cuando se hace feroz la lucha por el alimento
Una pareja dispuesta en formación de combate, con actitud intimidatoria. Este comportamiento se ve agravado en condiciones de sequía, cuando se hace feroz la lucha por el alimento

Bajo los extremos climáticos actuales, ese mecanismo llega a su límite. Lo que la ciencia empieza a entender es que el clima no solo cambia el termómetro: cambia quién vive con quién, cómo se organizan y si esa sociedad puede sostenerse. Eso, tarde o temprano, nos involucra a todos.

Referencias de la noticia

Perry, S. et al. (2026). "Environmental fluctuations alter the competitive trade-offs of group size in a social primate." Nature Ecology & Evolution.

Max Planck Institute of Animal Behavior (2026). "How do climate extremes alter animal societies?"

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