El gráfico más importante para la humanidad sumó otro año crítico... ¡y preocupa su evolución en 2026!

El registro más emblemático del cambio climático vuelve a encender alarmas: CO₂ en alza, desequilibrio energético récord y tensiones políticas que amenazan la continuidad de sus mediciones más confiables.

En 2025, la Tierra experimentó un calentamiento planetario equivalente al calor liberado por 379 millones de bombas atómicas como la lanzada sobre Hiroshima, a un ritmo de 12 bombas atómicas or segundo. Los niveles de CO2 en la atmósfera, siguen aumentando sin detenerse.
En 2025, la Tierra experimentó un calentamiento planetario equivalente al calor liberado por 379 millones de bombas atómicas como la lanzada sobre Hiroshima, a un ritmo de 12 bombas atómicas or segundo. Los niveles de CO2 en la atmósfera, siguen aumentando sin detenerse.

Desde hace más de seis décadas, una línea ondulada trazada en un observatorio volcánico del Pacífico se convirtió en el termómetro más claro del planeta.

La curva de Keeling, que mide la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, es considerada por muchos científicos como “el gráfico más importante del mundo” porque revela, sin ambigüedades, el impacto humano sobre el clima terrestre.

Iniciada en 1958 por Charles David Keeling en el observatorio de Mauna Loa, Hawái, esta medición continua permitió demostrar que el CO₂ atmosférico aumenta año tras año por la quema de combustibles fósiles. Su forma de “dientes de sierra” refleja el ciclo natural de la vegetación, pero su tendencia ascendente muestra una señal inequívoca: la Tierra acumula gases de efecto invernadero a un ritmo creciente.

Hoy, con nuevos datos de 2025 y previsiones inquietantes para 2026, la curva vuelve a advertir que el rumbo climático global está lejos de estabilizarse.

El comportamiento preocupante de 2025

La curva de Keeling comenzó registrando unas 315 partes por millón (ppm) de CO₂ en 1958. En 2024 se superaron las 420 ppm, niveles no vistos en millones de años según evidencia paleoclimática. Este crecimiento, lejos de desacelerarse, muestra una aceleración en las últimas décadas impulsada por el consumo energético global.

Durante 2025, los datos confirmaron otro salto significativo, reforzando la preocupación científica. El Servicio Meteorológico del Reino Unido (Met Office) proyecta que en 2026 la concentración atmosférica seguirá aumentando demasiado rápido como para alinearse con los escenarios del IPCC compatibles con el límite de 1,5 °C de calentamiento global.

Incluso considerando la variabilidad natural asociada a El Niño y La Niña, el incremento anual previsto sigue excediendo los ritmos compatibles con la estabilización climática.

En paralelo, otro indicador refuerza la alarma. Las mediciones satelitales del programa CERES muestran que el promedio móvil de 12 meses del Earth Energy Imbalance —el desequilibrio entre la energía solar que entra y el calor que el planeta libera al espacio— volvió a dispararse, alcanzando el equivalente a 12.01 “Hiroshimas por segundo”. La metáfora ilustra la magnitud del exceso energético retenido por la Tierra, principalmente debido a los gases de efecto invernadero.

El planeta Tierra acumula una energía equivalente a 12 bombas de Hiroshima por segundo, 378 432 000 bombas al año.

Este desequilibrio energético actúa como el motor del calentamiento global: más calor acumulado implica océanos más cálidos, deshielo acelerado y eventos extremos más intensos. Estudios recientes indican que el EEI se duplicó aproximadamente desde comienzos de los años 2000, lo que sugiere que el sistema climático responde más rápido de lo previsto a las emisiones humanas.

La relación entre ambos indicadores es directa. La curva de Keeling mide la causa —el aumento del CO₂— mientras el EEI refleja la consecuencia física del calentamiento. Juntos conforman un diagnóstico contundente: el planeta sigue acumulando energía y gases a un ritmo incompatible con los objetivos climáticos internacionales.

Ciencia bajo presión: política, carbón y mediciones en riesgo

El contexto científico también enfrenta tensiones políticas. Diversos informes advierten que recortes y reestructuraciones en agencias como la NOAA podrían afectar la continuidad de los programas de monitoreo climático, incluido el observatorio de Mauna Loa, referencia mundial para la curva de Keeling.

Previsión del Met Office de las concentraciones de CO2 en el observatorio de Mauna Loa, con valores mensuales (curva roja) y anuales (estrella roja). La banda naranja y la línea roja muestran los rangos de incertidumbre de la previsión.
Previsión del Met Office de las concentraciones de CO2 en el observatorio de Mauna Loa, con valores mensuales (curva roja) y anuales (estrella roja). La banda naranja y la línea roja muestran los rangos de incertidumbre de la previsión.

Investigadores alertan que la reducción de capacidades de medición comprometería series históricas esenciales para comprender la evolución del clima.

El riesgo no es sólo ambiental sino también informativo: debilitar la medición del problema equivale a volar sin instrumentos en medio de una tormenta climática.

Al mismo tiempo, decisiones regulatorias recientes orientadas a flexibilizar límites de emisiones tóxicas de plantas de carbón y a reducir el impulso a energías renovables generan preocupación entre la comunidad científica.

El gráfico muestra el total de bombas de Hiroshima por año para el calentamiento planetario: en 2025, la Tierra experimentó un calentamiento planetario equivalente a unas 379 000 000 (379 millones) bombas de Hiroshima, o unos 23,9 zetajulios, el cuarto aumento más alto registrado.
El gráfico muestra el total de bombas de Hiroshima por año para el calentamiento planetario: en 2025, la Tierra experimentó un calentamiento planetario equivalente a unas 379 000 000 (379 millones) bombas de Hiroshima, o unos 23,9 zetajulios, el cuarto aumento más alto registrado.

Según especialistas, estas políticas podrían aumentar las emisiones globales y dificultar aún más el cumplimiento de metas climáticas, ampliando la brecha entre compromisos internacionales y trayectoria real de emisiones.

El riesgo no es sólo ambiental sino también informativo: debilitar la medición del problema equivale a volar sin instrumentos en medio de una tormenta climática.

Evidencia difícil de ignorar

La curva de Keeling sigue cumpliendo su función histórica: mostrar con claridad incómoda lo que ocurre en la atmósfera. Los datos de 2025 y las proyecciones para 2026 refuerzan el mensaje de urgencia científica, mientras el aumento del desequilibrio energético confirma que el sistema climático continúa acumulando calor.

Negar o debilitar la ciencia no altera la trayectoria de la curva.

Frente a esta evidencia, el debate ya no gira únicamente en torno a la existencia del cambio climático, sino a la respuesta política y social ante sus señales. Negar o debilitar la ciencia no altera la trayectoria de la curva.

El gráfico más importante del mundo sigue subiendo, y sus implicancias para la humanidad son cada vez más difíciles de ignorar.