El impactante descubrimiento arqueológico en los Andes sobre migraciones de hace 2.000 años y que sorprendió a expertos
Un hallazgo único en los Andes revela cómo antiguas comunidades adoptaron la agricultura, enfrentaron crisis y migraron estratégicamente. Un descubrimiento arqueológico que reescribe la historia humana en América del Sur.

Un impactante descubrimiento arqueológico en los Andes del Sur acaba de revolucionar todo lo que se sabía (o creía saber) hasta el momento sobre cómo las primeras comunidades humanas adoptaron la agricultura, enfrentaron crisis y migraron a través de los paisajes montañosos hace más de 2.000 años.
Una investigación internacional, publicada en la prestigiosa revista Nature, no solo reconstruye la historia poblacional de esta región de la cordillera, sino que también entrega evidencias claras de cómo las personas vivieron, se movieron y sobrevivieron en un ambiente extremadamente desafiante.
El estudio, que comprendió análisis de ADN antiguo, química isotópica y arqueología, se basa en 46 genomas humanos recuperados de restos hallados en el Valle de Uspallata (Mendoza, Argentina), y revela que la transición hacia la agricultura no fue impuesta por grupos externos, sino que se produjo principalmente dentro de las mismas comunidades locales, entre las que hubo migraciones familiares.
Nueva investigación de CONICET y @institutpasteur revela la historia de las comunidades de Uspallata. Los estudios demuestran que no hubo un "reemplazo" poblacional. La identidad de los pueblos originarios de la región no desapareció, se transformó y llega hasta nuestros días. pic.twitter.com/QEOa1gtxfI
— Agencia TSS (@AgenciaTSS) March 25, 2026
“La migración por parentesco y la adopción de la agricultura fueron determinantes para sobrevivir tanto a crisis sociales como a crisis ecológicas”, destacó el arqueólogo e investigador del Conicet y la UNCuyo, Ramiro Barberena a Meteored. El investigador celebró que la investigación logró confirmar algo que era arqueológicamente invisible. .
Adopción local de la agricultura en los Andes del Sur
Históricamente, los científicos se han preguntado si la agricultura llegó a las montañas andinas traída por poblaciones migrantes o si, por el contrario, fue inventada por los habitantes originales. La investigación aportó una respuesta contundente.
Los datos genéticos muestran una continuidad genómica muy fuerte entre los cazadores-recolectores que vivieron hace más de 2.200 años en distintas zonas de Mendoza y las poblaciones agrícolas que les siguieron, lo que indica que fueron los mismos grupos quienes empezaron a cultivar maíz y otros alimentos autóctonos.

Esto significa que la agricultura no se impuso desde afuera, sino que fue adoptada de manera local, una transformación social y económica profunda que alteró la forma de vida de estas comunidades.
Migraciones, crisis y adaptaciones en tiempos difíciles
Los resultados también apuntan a cambios significativos ocurridos alrededor de hace entre 800 y 600 años, cuando se observa una marcada dependencia del maíz en los restos humanos analizados, junto con señales isotópicas que sugieren que muchas personas que vivían en ese periodo eran migrantes.
Estos movimientos no fueron caóticos ni aislados. Al contrario, los datos genéticos e isotópicos indican que las migraciones estuvieron fuertemente organizadas alrededor de redes familiares, muchas veces con vínculos matrilineales, y se dieron en grupos sostenidos a lo largo de varias generaciones.

Lejos de ser un simple traslado geográfico, estas migraciones parecen haber sido una estrategia de resiliencia frente a crisis climáticas, enfermedades y tensiones sociales que presionaban a las poblaciones agrícolas y cazadoras-recolectoras por igual.
La cooperación humana, clave en la evolución
Los resultados de la investigación subrayan que estas sociedades no solo dependieron de nuevas tecnologías agrícolas, sino también de cooperación y solidaridad entre familias y comunidades para enfrentar tiempos adversos.

Esto rompe con la visión tradicional que sostiene que la agricultura fue impuesta por migrantes externos (algo que ocurrió en los Andes centrales, por ejemplo). En cambio, sugiere que las antiguas poblaciones andinas del Sur innovaron, adaptaron y compartieron conocimientos dentro de sus propias redes comunitarias para prosperar en un ambiente montañoso y cambiante.
Este enfoque también muestra cómo la colaboración científica entre arqueólogos, genetistas y comunidades indígenas (Huarpes, en el caso de Mendoza) puede ampliar la explicación sobre el pasado humano, integrando evidencias culturales, biológicas y sociales en una sola narrativa.
Un hallazgo con valor científico y social
Más allá de entender el pasado remoto, este reciente estudio tiene implicancias profundas para el presente y futuro. Por un lado, modela nuevas formas de pensar sobre cómo el cambio climático y las crisis ecológicas afectaron sociedades humanas antiguas.

Pero, además. sugiere que las respuestas colectivas, a través de redes familiares y migraciones planificadas, fueron clave para la supervivencia de comunidades enteras.
Por otro lado, reafirma la importancia de las comunidades indígenas actuales como portadoras de tradiciones que se remontan a milenios atrás.

Uno de los descubrimientos más llamativos del trabajo es que los linajes genéticos identificados en los individuos antiguos no desaparecieron con el tiempo, sino que persisten en las poblaciones actuales de la región andina, lo que desafía narrativas históricas que sugerían la supuesta desaparición de esas culturas ancestrales.
La historia se reescribe
El impactante descubrimiento arqueológico en los Andes del Sur reescribe capítulos fundamentales de la historia humana al mostrar distintas características de las comunidades antiguas.
Por un lado, queda en claro que en esa zona adoptaron la agricultura localmente, sin depender de migrantes externos. Pero, además, confirma que migraron en grupos familiares como estrategia de adaptación y supervivencia.

Además, evieencia que estas comunicades cooperaron y usaron redes comunitarias para enfrentar crisis climáticas y sociales.
Este hallazgo no solo enriquece el conocimiento sobre los orígenes de la agricultura andina y las migraciones humanas, sino que también ilumina cómo, hace miles de años, las personas construyeron estrategias de vida en uno de los escenarios más desafiantes y hostiles de la Tierra.
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