La IA cartografía por primera vez los casi 40.000 icebergs que rodean la Antártida y protegen el continente

La inteligencia artificial permitió construir el primer mapa de alta resolución de icebergs varados alrededor de la Antártida. El hallazgo revela una población casi invisible que podría ser decisiva para la estabilidad costera.

Científicos generan con datos observacionales de la Antártida y el uso de IA, el primer mapa con los casi 40 mil iceberg varados que rodean y protegen el continente.
Científicos generan con datos observacionales de la Antártida y el uso de IA, el primer mapa con los casi 40 mil iceberg varados que rodean y protegen el continente.

La imagen clásica de un iceberg antártico es la de una gran masa de hielo que se desprende y deriva por el océano Austral. Sin embargo, decenas de miles siguen otra historia: encallan en sectores poco profundos de la plataforma continental y pueden permanecer inmóviles durante años.

Un estudio publicado en Earth System Science Data identificó 39.619 icebergs estacionarios alrededor de la Antártida mediante imágenes de radar satelital e inteligencia artificial.

Es el primer inventario de alta resolución y escala continental orientado específicamente a cartografiar estos icebergs varados.

El resultado cambia la escala del fenómeno. La mayoría no son gigantes: el 92.6 % tiene menos de 1 km² de superficie. En conjunto, estos cuerpos pequeños pueden modificar la dinámica del hielo marino costero, la interacción con el océano y diversos procesos ecológicos.

Una inteligencia artificial entrenada para ver entre el hielo

El equipo utilizó imágenes de radar de apertura sintética, o SAR, de los satélites Sentinel-1 del programa europeo Copernicus. A diferencia de los sensores ópticos, el radar puede observar durante la noche polar y a través de las nubes, una ventaja fundamental en la Antártida.

Es el primer inventario de alta resolución y escala continental orientado específicamente a cartografiar estos icebergs varados.
Es el primer inventario de alta resolución y escala continental orientado específicamente a cartografiar estos icebergs varados.

Los investigadores desarrollaron una red de aprendizaje profundo basada en una arquitectura ResUNet. El sistema aprendió a reconocer forma, textura y respuesta radar de los icebergs en un entorno complejo, donde témpanos, hielo marino deformado y oleaje pueden producir señales similares.

La herramienta logró reducir el tamaño mínimo detectable hasta 0.016 km², apenas 1.6 hectáreas. Así pudo incorporar una población de icebergs muy pequeños que los métodos anteriores tendían a omitir.

Casi 40.000 objetos, pero no todos tienen la misma certeza

El mapa se construyó principalmente con observaciones de finales de febrero a comienzos de abril de 2025, durante un período excepcionalmente bajo de hielo fijo costero. Esa circunstancia facilitó distinguir icebergs realmente encallados de otros simplemente inmovilizados dentro del hielo marino.

La inteligencia artificial permitió construir el primer mapa de alta resolución de icebergs varados alrededor de la Antártida.
La inteligencia artificial permitió construir el primer mapa de alta resolución de icebergs varados alrededor de la Antártida.

De los 39.619 objetivos estacionarios, 27.634 (el 67.4 %) fueron clasificados como icebergs encallados de alta confianza. Los demás coinciden total o parcialmente con zonas de hielo fijo, por lo que los autores advierten que la inmovilidad no demuestra por sí sola contacto con el fondo.

En conjunto esta especie de barrera de contención ocupa unos 13.430 km² y aparecen a lo largo del 56.5 % de la costa antártica, según explican los científicos en su investigación.

Su distribución es muy desigual, apenas el 14.2 % del litoral concentra el 80 % de los objetos, sobre todo en plataformas continentales someras y cerca de frentes de plataformas de hielo activamente fragmentados.

El sorprendente peso de los icebergs pequeños

Los icebergs inferiores a 1 km² representan el 92.6 % del total y aportan cerca del 53.9 % del área combinada del inventario. La mediana de superficie es de apenas 0.13 km² y la media, de 0.34 km².

Este predominio importa porque numerosos cuerpos pequeños pueden actuar colectivamente como puntos de anclaje. Cuando sus quillas tocan el fondo, restringen el movimiento del hielo marino que se forma alrededor y dificultan que el viento, las corrientes y el oleaje lo exporten hacia mar abierto.

La importancia de estos iceberg también radica en la fusión de icebergs que pueden liberar hierro y otros micronutrientes que favorecen la productividad marina.
La importancia de estos iceberg también radica en la fusión de icebergs que pueden liberar hierro y otros micronutrientes que favorecen la productividad marina.

Los autores denominan a este mecanismo potencial “efecto empalizada”: no una barrera continua, sino una sucesión de anclajes concentrados en determinados sectores costeros. Es una interpretación físicamente plausible y respaldada por la distribución observada, aunque su magnitud deberá cuantificarse con modelos y series temporales más largas.

Qué significa que “protegen” la Antártida

El hielo marino fijo, o fast ice, permanece unido a la costa, a las plataformas de hielo o a obstáculos como estos icebergs. Al estabilizarlo, los témpanos encallados pueden reducir el movimiento de los hielos costeros y disipar parte de la energía del oleaje y de los témpanos provenientes del océano. Así logran proteger sectores del sistema costero por sí solos.

Su presencia puede favorecer la persistencia del hielo fijo dentro de una dinámica gobernada también por temperatura oceánica, vientos, corrientes, oleaje y topografía submarina.

Su importancia tampoco es solo física. La fusión de icebergs puede liberar hierro y otros micronutrientes que favorecen la productividad marina, mientras sus quillas pueden erosionar el fondo y modificar comunidades bentónicas. Además, los más pequeños podrían ser especialmente sensibles al calentamiento, fragmentarse o desanclarse con mayor rapidez.

El nuevo inventario constituye así una línea de base para seguir la evolución de estos “microanclajes”. Repetir el análisis permitirá relacionar sus cambios con el océano, la atmósfera y el hielo marino. La novedad no es usar IA para detectar icebergs (se había aplicado aprendizaje automático anteriormente), sino disponer por primera vez de un mapa circumpolar de alta resolución dedicado a los estacionarios y potencialmente encallados.