La verdadera historia de la "boca de alcantarilla lanzada al espacio" durante una prueba atómica en los años 50

¿Una tapa de alcantarilla lanzada al espacio por una bomba atómica? La verdadera historia de la prueba subterránea Pascal-B de 1957, entre la física real, las estimaciones aproximadas y el inevitable destino de la placa de acero en los cielos de Nevada.

El 27 de agosto de 1957, en el desierto de Nevada, como parte del programa de pruebas nucleares conocido como Operación Plumbbob, los científicos estadounidenses pusieron en marcha un experimento llamado Pascal-B. En un pozo de 150 m de profundidad se detonó un artefacto muy potente, lo que daría origen al mito de la "boca de alcantarilla atómica" en el espacio.
El 27 de agosto de 1957, en el desierto de Nevada, como parte del programa de pruebas nucleares conocido como Operación Plumbbob, los científicos estadounidenses pusieron en marcha un experimento llamado Pascal-B. En un pozo de 150 m de profundidad se detonó un artefacto muy potente, lo que daría origen al mito de la "boca de alcantarilla atómica" en el espacio.

Entre leyendas urbanas y medias verdades, en un mundo en el que proliferan las noticias falsas, es muy difícil orientarse entre miles de anécdotas fascinantes, que a menudo traspasan la frontera entre la realidad y la leyenda. Entre ellas se encuentra el mito de la tapa de alcantarilla lanzada al espacio por una "bomba atómica". La historia cuenta que, en plena Guerra Fría, Estados Unidos habría enviado accidentalmente una pesada tapa de acero más allá de la atmósfera terrestre, gracias a un potente artefacto nuclear subterráneo.

El hecho en sí no es del todo inventado, pero las conclusiones pueden ser diferentes a las que se han transmitido de boca en boca durante décadas.

La Operación Plumbbob: la prueba nuclear que dio origen al mito

Era el 27 de agosto de 1957 cuando, en el desierto de Nevada, como parte del programa de pruebas nucleares conocido como Operación Plumbbob, los científicos estadounidenses dieron inicio a un experimento denominado Pascal-B.

A lo largo de la década de los 50, el arsenal estratégico mundial experimentó una transición trascendental, pasando de las primeras armas de fisión nuclear (la clásica división del átomo) a las potentísimas ojivas termonucleares de fusión (la misma reacción que alimenta a las estrellas).
A lo largo de la década de los 50, el arsenal estratégico mundial experimentó una transición trascendental, pasando de las primeras armas de fisión nuclear (la clásica división del átomo) a las potentísimas ojivas termonucleares de fusión (la misma reacción que alimenta a las estrellas).

El objetivo final de la prueba, supervisada por el físico Robert Brownlee, era estudiar a fondo el comportamiento de las explosiones nucleares subterráneas (posteriores a las primeras explosiones atómicas) para verificar si era posible contener los gases y los escombros radiactivos.

Para el experimento se excavó un pozo de unos 150 metros de profundidad, en cuyo fondo se colocó el artefacto. En la parte superior del pozo se colocó una gruesa placa de acero de unos 900 kg de peso (descrita erróneamente en los relatos como una tapa de alcantarilla común).

El efecto cañón

Si el objetivo de la "boca de alcantarilla" era contener la potencia de la explosión, es evidente que las estimaciones no fueron muy acertadas; de hecho, la potencia de la explosión resultó ser enormemente superior a la estimada inicialmente.

La inmensa presión de los gases sobrecalentados, generada por la explosión atómica, se canalizó verticalmente a lo largo del pozo, transformándolo en una especie de cañón gigantesco.

Una cámara de alta velocidad de la época, configurada específicamente para capturar el evento, grabó el paso de la placa metálica lanzada hacia arriba. Debido a su gran velocidad, esta solo apareció en un único fotograma de la película.

Los cálculos del físico Robert Brownlee y el malentendido posterior

Durante décadas, un diálogo muy famoso entre el físico Robert Brownlee y sus superiores dio lugar al malentendido que alimentó el mito. Cuando se le preguntó para determinar a qué velocidad podría haber ido esa tapa de acero, Brownlee realizó unos cálculos aproximados, basados en ese único fotograma, suponiendo la velocidad en condiciones ideales de vacío absoluto.

Este último detalle fundamental es el origen del mito. De hecho, el vacío absoluto equivale a una ausencia total de fricción debido a la falta de aire. El cálculo realizado de esta manera indicó una velocidad teórica de aproximadamente 6 veces la velocidad de escape de la Tierra, es decir, más de 200.000 km por hora.

"Mis cálculos no tienen sentido en ese contexto", explicó el científico años más tarde al recordar el episodio, "porque estaba calculando el movimiento de un objeto como si no hubiera atmósfera".

A pesar de esta aclaración póstuma del científico —es decir, que se trataba de una estimación puramente abstracta y teórica—, la idea de que Estados Unidos había logrado lanzar el primer "proyectil interestelar" de la historia de la humanidad, incluso antes del lanzamiento del Sputnik soviético (4 de octubre de 1957), se afianzó de manera casi imparable.

¿Qué pasó realmente con la placa?

Todos los cálculos, realizados posteriormente por diversos físicos, tomando en cuenta la dinámica de fluidos de la atmósfera terrestre, desestimaron las interpretaciones que apoyaban el mito. De hecho, la fricción aerodinámica extrema y la compresión adiabática de los gases, a esas velocidades, generaron sin duda tensiones y calor insostenibles para la estructura de acero.

"Mis cálculos no tienen sentido en ese contexto", explicó el científico años más tarde al recordar el episodio.
"Mis cálculos no tienen sentido en ese contexto", explicó el científico años más tarde al recordar el episodio.

En realidad, la placa se sobrecalentó rápidamente y se desintegró por completo (se vaporizó) a apenas unos pocos km de altitud sobre la superficie, mucho antes de poder, ni siquiera remotamente, llegar a la estratosfera y mucho menos al espacio profundo.

Por lo tanto, la "boca de alcantarilla espacial", o incluso en su versión igualmente difundida de "boca de alcantarilla atómica", sigue siendo una curiosidad extraordinaria y extraña de la historia de la ciencia que, sin embargo, está destinada a permanecer confinada en la Tierra y, sin duda, no en el espacio.