“Los excrementos de pingüino emiten tanto metano como cinco millones de vacas": lo descubren científicos en la Antártida

Las colonias de pingüinos barbijo en la Antártida liberan grandes cantidades de metano a través de sus excrementos. Un estudio científico midió estas emisiones y advierte que la fauna silvestre también debe considerarse en los modelos climáticos.

La contribución de la fauna silvestre, en la emisión de metano, había recibido menos atención hasta el momento. Crédito: Andrew Peacock - Oceanwide Expeditions.
La contribución de la fauna silvestre, en la emisión de metano, había recibido menos atención hasta el momento. Crédito: Andrew Peacock - Oceanwide Expeditions.

Las colonias de pingüinos de la Antártida esconden un fenómeno que hasta hace poco había pasado prácticamente inadvertido: sus excrementos contribuyen a liberar importantes cantidades de metano, un potente gas de efecto invernadero. La acumulación de guano y su descomposición por parte de los microorganismos del suelo generan emisiones que podrían tener una relevancia mayor de la que se pensaba en el ciclo global del carbono.

Un estudio liderado por investigadores del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y la Universidad de Granada, en España, midió estas emisiones directamente en colonias de pingüinos barbijo. Los resultados, publicados en la revista científica npj Climate and Atmospheric Science, ponen el foco en una fuente natural que podría estar subrepresentada en los inventarios de gases de efecto invernadero.

El guano de los pingüinos, una fuente de metano

El fenómeno comienza con la enorme concentración de aves en sus áreas de reproducción. Sus excrementos aportan materia orgánica al suelo, que posteriormente es transformada por la actividad microbiana. En ese proceso se libera metano hacia la atmósfera.

Según las estimaciones presentadas en el estudio, las emisiones asociadas a estas colonias podrían alcanzar unas 490.000 toneladas anuales. Para dimensionar la cifra, se lo compara con las emisiones de metano de cerca de cinco millones de vacas durante un año.

El metano tiene una vida atmosférica más corta que el dióxido de carbono, pero su capacidad para retener calor es considerablemente mayor durante las primeras décadas posteriores a su liberación. Por eso, aunque las emisiones de origen natural no son equivalentes a las producidas por actividades humanas en términos de responsabilidad climática, conocer su magnitud resulta importante para comprender mejor el balance de gases que calientan el planeta.

Hasta ahora, buena parte de las investigaciones se había concentrado en fuentes como la extracción de combustibles fósiles, la ganadería, la agricultura y los residuos. La contribución de la fauna silvestre, en cambio, había recibido menos atención y, en este caso, no se había cuantificado directamente en el terreno.

Drones e inteligencia artificial para contar pingüinos

El trabajo se desarrolló en la isla Decepción, perteneciente al archipiélago de las Shetland del Sur. Allí, el equipo científico del proyecto DICHOSO (palabra formada por las letras tomadas del nombre en inglés del proyecto, "Contribución de las masas de agua de Isla Decepción a los inventarios biogeoquímicos del Océano Austral: balance actual y tendencias futuras") investigó dos colonias de gran tamaño: Vapour Col y Morro Baily.

Los investigadores utilizaron drones equipados con sensores ópticos y cámaras para localizar las manchas de guano y estimar la distribución de las aves. En Vapour Col, además, aplicaron herramientas de inteligencia artificial para analizar las imágenes y contabilizar 36.764 pingüinos.

Los científicos compararon emisiones en sectores cubiertos de excrementos con las registradas en áreas sin guano. Crédito: Oceanwide Expeditions.
Los científicos compararon emisiones en sectores cubiertos de excrementos con las registradas en áreas sin guano. Crédito: Oceanwide Expeditions.

Después, instalaron cámaras herméticas cilíndricas sobre el suelo, conectadas a analizadores portátiles capaces de medir el metano que se desprendía de la superficie. De esta manera, pudieron comparar las emisiones en sectores cubiertos de excrementos con las registradas en áreas sin guano.

La diferencia fue contundente. En los suelos sin restos orgánicos, las emanaciones fueron prácticamente nulas. En cambio, las superficies cubiertas de guano presentaron flujos elevados: alrededor de 12.000 milimoles por metro cuadrado al día en Vapour Col y hasta 23.000 en Morro Baily, según las mediciones citadas en el trabajo.

Los autores destacan que estas emisiones podrían ser comparables, en magnitud, con las estimadas para el conjunto de las aguas costeras del planeta, lo que da una idea de la importancia potencial de este proceso biológico.

¿Cómo puede influir el cambio climático?

Los investigadores plantean que el impacto podría extenderse más allá de las zonas de cría estudiadas. Los pingüinos se desplazan y dispersan nutrientes orgánicos por otras superficies, por lo que las estimaciones a escala continental podrían ser superiores a las mediciones realizadas en colonias puntuales. Algunas proyecciones mencionadas en el texto elevan las emisiones potenciales hasta siete millones de toneladas anuales, aunque esa cifra debe interpretarse como una estimación y no como una medición global directa.

Los investigadores plantean que el impacto podría extenderse más allá de las zonas de cría estudiadas. Crédito: Andrew Peacock - Oceanwide Expeditions.
Los investigadores plantean que el impacto podría extenderse más allá de las zonas de cría estudiadas. Crédito: Andrew Peacock - Oceanwide Expeditions.

El siguiente desafío será determinar cómo evolucionará este proceso en un escenario de calentamiento global. Los cambios en el tamaño y la distribución de las poblaciones de pingüinos, así como las modificaciones en la actividad de los microorganismos del suelo, podrían alterar las emisiones futuras.

Incorporar estos factores a los modelos climáticos permitiría representar de forma más completa el papel de los ecosistemas naturales. El estudio recuerda que el balance atmosférico no depende únicamente de las actividades humanas: también intervienen procesos biológicos que todavía necesitan ser medidos y comprendidos con mayor precisión.