Más que un mito: la ciencia confirma un pulpo gigante de 19 metros que dominaba los océanos en la era de los dinosaurios
Fósiles analizados con una técnica pionera revelan dos especies de pulpos gigantes que midieron hasta 19 metros y cazaban en los mismos mares que los mosasaurios.

Las leyendas escandinavas hablaban de un monstruo de tentáculos capaz de hundir barcos enteros. Julio Verne lo puso a pelear contra el capitán Nemo. Hollywood lo convirtió en villano recurrente. Durante siglos, el kraken fue esa criatura imposible que los marinos juraban haber visto y los científicos pensaban que era resultado del delirio de ron barato de piratas. Hasta ahora.
Un equipo de paleontólogos japoneses acaba de publicar una evidencia que da vuelta siglos de escepticismo. Rastros fósiles de dos especies de pulpos gigantes muestran que, hace unos 100 millones de años, el Cretácico estuvo surcado por cefalópodos de hasta 19 metros de largo. No eran simples curiosidades marinas: eran depredadores de punta, probablemente los invertebrados más grandes que haya pisado (o reptado) este planeta.
Reconstruir un monstruo a partir de una mandíbula
El trabajo se apoya en 27 mandíbulas fosilizadas recuperadas en Japón y en la isla Vancouver, en Canadá. Los pulpos no suelen dejar rastro en la roca: su cuerpo blando se desarma antes de que el sedimento tenga chance de preservarlo. Lo único que queda, con suerte, son esas piezas duras con forma de pico de loro.
Los investigadores las compararon con las mandíbulas de pulpos actuales y calcularon que los ejemplares más grandes, bautizados Nanaimoteuthis haggarti, medían entre 7 y 19 metros. Para darle escala: un bus promedio mide poco más de 12.

La novedad técnica tampoco es menor. El equipo desarrolló un método al que llamaron "minería digital de fósiles": con cortes milimétricos y escaneos asistidos por inteligencia artificial rastrean fragmentos escondidos dentro de la roca sin romperla. Así emergieron 12 mandíbulas nuevas que antes estaban ocultas.
El detalle más escalofriante es otro: las marcas de desgaste (rajaduras, bordes redondeados, astillamientos) indican que estos bichos usaban su pico para triturar caparazones y huesos de forma rutinaria. No comían plancton. Comían cosas grandes.
Qué cambia si el kraken no era un cuento
El hallazgo obliga a redibujar la pirámide alimentaria de los océanos del Cretácico. Hasta ahora el podio lo ocupaban los mosasaurios, los plesiosaurios y los tiburones de gran tamaño. Ahora se suma un competidor de peso: un invertebrado que le disputaba el puesto de jefe del piso marino.

Si se confirma la talla máxima estimada, el N. haggarti pasa a ser el invertebrado más grande del que se tenga noticia, superando cómodamente al calamar gigante actual, que raramente llega a los 12 metros.
La ciencia, una vez más, llega tarde al mito. Lo que durante siglos fue relato de taberna y frontispicio de libro para chicos asustados, ahora tiene pico, nombre científico y fecha en el calendario geológico.
Pero la leyenda, sospechosamente precisa en tamaño y forma, hace pensar que el subconsciente colectivo tiene una memoria más larga de la que damos por hecho. Quizá el kraken no nació en la imaginación. Quizá alguien, en algún momento, lo vio caminar en el fondo del mar.
Referencia de la noticia
Ikegami, S., Mutterlose, J., Sugiura, K., Takeda, Y., Oguz Derin, M., Kubota, A., Tainaka, K., Harada, T., Nishida, H., & Iba, Y. (2026). Giant finned octopuses of the Late Cretaceous. Science.
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