Un fenómeno menos visible que el uso de las pantallas se esconde detrás del aumento de la miopía en el mundo

Un estudio de la State University of New York College of Optometry plantea que la creciente vida en interiores podría estar detrás del aumento global de la miopía. No sería solo el uso de pantallas, sino la falta de luz en trabajos de cerca.

Los hallazgos apuntan a un factor menos evidente que el exceso de dispositivos: la cantidad de luz que realmente llega a la retina.
Los hallazgos apuntan a un factor menos evidente que el exceso de dispositivos: la cantidad de luz que realmente llega a la retina.

Los casos de miopía no dejan de crecer en todo el mundo. En aulas, oficinas y hogares, cada vez más personas —sobre todo jóvenes— necesitan lentes para ver con claridad a distancia. Durante años, el foco estuvo puesto en las pantallas. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que el problema podría ser más profundo: pasamos demasiado tiempo bajo techo.

Un equipo de investigadores de la State University of New York College of Optometry analizó cómo responden los ojos cuando se enfrentan a tareas de enfoque cercano. Sus hallazgos apuntan a un factor menos evidente que el exceso de dispositivos: la cantidad de luz que realmente llega a la retina mientras leemos, estudiamos o usamos el celular en interiores.

El experimento: foco, contraste y pupilas

El estudio se realizó con 34 voluntarios: 21 con miopía y 13 con visión normal. A cada participante se le pidió que enfocara, con un ojo a la vez, distintos objetivos cuadrados que variaban en brillo y contraste. La intención era observar tres comportamientos clave asociados a la visión de cerca: el enfoque (acomodación), la convergencia ocular —cuando los ojos giran hacia adentro— y la contracción de la pupila.

Se estima que para 2050 cerca del 40 % de los jóvenes podría ser miope.

Además, los investigadores ajustaron sus mediciones para considerar la actividad de dos circuitos fundamentales de la retina: las vías ON y OFF, responsables de procesar la luz y la oscuridad, respectivamente. Estudios previos ya habían vinculado una vía ON más débil con la miopía, aunque sin explicar del todo por qué.

Los investigadores detectaron que, en las personas miopes, los ojos tienden a estar más convergentes incluso antes de comenzar a enfocar.
Los investigadores detectaron que, en las personas miopes, los ojos tienden a estar más convergentes incluso antes de comenzar a enfocar.

Uno de los hallazgos centrales fue que el contraste influyó más que el brillo en la forma en que los ojos convergían y las pupilas se contraían. En otras palabras, no solo importa cuánta luz hay, sino cómo se distribuye.

Una diferencia clave en los ojos miopes

Los investigadores detectaron que, en las personas miopes, los ojos tienden a estar más convergentes incluso antes de comenzar a enfocar. Además, sus pupilas se contraen más que las de quienes tienen visión normal. Esa combinación podría debilitar aún más la vía ON de la retina.

A partir de estos datos, el equipo formuló una hipótesis: en la miopía, el sistema visual prioriza el enfoque por encima de la luminosidad. Se generaría así una suerte de círculo de retroalimentación en el que el ojo se “sobreajusta” para lograr nitidez, pero al hacerlo reduce la cantidad de luz que llega a la retina. Con el tiempo, ese mecanismo podría agravar el problema.

El escenario se complica en interiores. La iluminación artificial suele ser mucho más tenue que la luz solar. En exteriores, la pupila se contrae para proteger el ojo, pero aun así permite que ingrese abundante luz. En cambio, cuando una persona enfoca objetos cercanos en ambientes cerrados —libros, tablets o teléfonos— la pupila también puede contraerse, aunque no por exceso de brillo sino para afinar la imagen. Si la luz ambiental es baja, esa doble contracción podría disminuir de manera significativa la estimulación retinal.

Más que visión borrosa

La miopía se produce cuando el globo ocular es más largo de lo normal. Esto hace que las imágenes no se enfoquen correctamente sobre la retina, el tejido sensible a la luz ubicado en la parte posterior del ojo. Tradicionalmente se ha pensado que la visión borrosa es el disparador principal del problema. Pero esta investigación sugiere que la pérdida de luz también podría desempeñar un papel crucial.

Incluso plantea una posible explicación sobre por qué las lentes correctivas demasiado potentes pueden resultar contraproducentes: no solo modifican el enfoque, sino que también podrían reducir la estimulación lumínica de la retina.

Los autores subrayan que se trata de un estudio con limitaciones. La muestra fue pequeña, no se siguió la evolución de la vista de los participantes en el tiempo ni se compararon directamente condiciones en exteriores e interiores. Las conclusiones, por ahora, son hipótesis fundamentadas en datos fisiológicos y en investigaciones previas.

Aun así, el debate es urgente. Se estima que para 2050 cerca del 40 % de los jóvenes podría ser miope. Y aunque el aumento suele atribuirse al uso intensivo de pantallas, tal vez el problema esté en algo más simple y cotidiano: pasar demasiadas horas adentro, enfocando de cerca y recibiendo menos luz natural.

Referencia de la noticia

Maharjan, Urusha et al. Human accommodative visuomotor function is driven by contrast through ON and OFF pathways and is enhanced in myopia. Cell Reports, Volume 45, Issue 2, 116938