Una elefanta que carga a una cría muerta abre preguntas sobre el duelo animal y el impacto fatal del cambio climático
La foto de una hembra de elefante con el cuerpo de una cría plantea preguntas sobre las emociones de los animales. Además, revela una crisis silenciosa: la sequía, el estrés y la relación con los humanos amenazan la supervivencia de los elefantes en Namibia.

En el desierto de Namibia, una elefanta camina por el lecho seco de un río. Lleva algo entre la trompa y uno de sus colmillos: el cuerpo pequeño e inerte de una cría. Sus patas cuelgan en el aire. La hembra avanza, se detiene para alimentarse o beber y vuelve a levantarla. Así transcurren varias horas.
La escena fue fotografiada en septiembre de 2025 por Federico Veronesi, mientras seguía a una manada por el río Huab. Una de sus imágenes ganó el primer premio del concurso fotógrafico de Vida Silvestre 2026, organizado por el Museo de Historia Natural de Londres.
Pero la historia que contó después la BBC, en el artículo del 14 de octubre de 2026, agregó un detalle inesperado: la elefanta no era la madre de la cría.

Según Christin Winter, directora del programa de conservación Elephant Human Relations Aid (EHRA), la hembra tenía entonces 14 años y había perdido a su propio cachorro dos años antes.
Desde aquella pérdida, el equipo la observó transportando crías nacidas muertas de otros elefantes en cuatro ocasiones. ¿Podría estar expresando alguna forma de duelo? ¿Qué sabemos realmente sobre las emociones de los animales?
El duelo más allá de los seres humanos
Winter explicó a la BBC que una de las hipótesis es que la pérdida de su propia cría fue una experiencia traumática que todavía influye en el comportamiento de la elefanta. Otra de las hipótesis es más funcional: transportar el cuerpo podría ser una manera de protegerlo de los depredadores.
Aunque ninguna de estas interpretaciones está demostrada, el episodio se suma a una serie de observaciones que llaman el interés de los investigadores.
En 2020, una revisión científica publicada en la revista Primates, analizó las respuestas de los elefantes ante individuos muertos. Los investigadores observaron que los elefantes se acercaban a los cuerpos, los tocaban con la trompa y permanecían cerca durante largos períodos.

Joyce Poole, reconocida especialista en elefantes, contó a la BBC que presenció una situación semejante en Kenia. Una hembra intentó levantar a su cría nacida muerta y después permaneció junto a ella durante dos días.
Hablar de duelo animal exige prudencia: no se puede conocer exactamente qué experimenta un elefante ni equiparar automáticamente su respuesta con el dolor humano. Pero tampoco hay razones científicas para descartar que estos animales tengan experiencias emocionales complejas.
Una población adaptada al desierto, pero cada vez más vulnerable a la sequía
La historia de la elefanta de la fotografía transcurre en un escenario ambiental delicado.
Los llamados elefantes del desierto de Namibia son un ecotipo de elefante africano: una población que desarrolló comportamientos para sobrevivir en condiciones muy áridas. Sus desplazamientos, el conocimiento de las rutas y la localización de fuentes de agua son parte de esa adaptación.
Según Winter, en los cinco cauces fluviales donde habita esta población viven alrededor de 150 ejemplares. Su número disminuyó durante las últimas dos décadas, debido a una combinación de sequías prolongadas y conflictos con las comunidades humanas.

El agua es uno de los principales puntos de tensión. Los elefantes ingresan a las granjas, vuelcan depósitos, arrancan tuberías y rompen bombas para acceder a ese recurso. Para las familias que dependen de esas instalaciones, los daños son un problema económico concreto. Para los animales, encontrar agua es un asunto de supervivencia.
El cambio climático agrava este escenario. Las temperaturas elevadas y la alteracion de las precipitaciones afectan la disponibilidad de agua y vegetación, mientras que las sequías obligan a los elefantes a desplazarse y aumentan las posibilidades de encuentro con las personas.
Un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza sobre la vulnerabilidad climática del elefante africano señala que las sequías pueden elevar la mortalidad y reducir las tasas de concepción.
También explica que la reproducción está vinculada a las lluvias y a la disponibilidad de alimento: cuando la vegetación escasea, las hembras pueden tener dificultades para alcanzar la condición física necesaria para reproducirse.
Crías que no llegan a sobrevivir
Uno de los datos más preocupantes de la investigación en Namibia es la mortalidad de los recién nacidos.
Winter informó a la BBC que, entre 2014 y 2022, solamente 2 de las 16 crías registradas en el grupo estudiado sobrevivieron. Muchas de las que nacieron muertas tenían un tamaño considerablemente menor al habitual: mientras un elefante recién nacido sano pesa entre 100 y 120 kilos, algunos de estos ejemplares pesaban apenas entre 60 y 65 kilos.

Una de las hipótesis es que se trata de nacimientos prematuros. Las hembras, debilitadas por la falta de alimento y el estrés crónico, podrían no lograr completar la gestación, aunque esta relación todavía necesita confirmación científica.
Para investigar las causas, EHRA analiza muestras de materia fecal para detectar sustancias contaminantes, metales pesados y otros compuestos. También estudia hormonas tiroideas y cortisol, un indicador fisiológico relacionado con la respuesta al estrés.

La dimensión humana tampoco puede quedar afuera. Los enfrentamientos, la pérdida de hábitat y la presión sobre los recursos afectan tanto a los animales como a las comunidades que comparten ese territorio. Encontrar soluciones para garantizar el acceso al agua y reducir los daños en las instalaciones rurales es parte de cualquier estrategia de conservación.
La fotografía de Veronesi permite detenerse en un instante de la vida de una elefanta. Pero detrás de esa imagen hay algo mucho más amplio: una especie que enfrenta dificultades para reproducirse, sobrevivir y conservar los conocimientos que le permiten habitar uno de los ambientes más extremos del planeta.
Quizás nunca podamos saber con certeza qué sentía aquella hembra mientras transportaba una cría que no era suya. Lo que sí sabemos es que los elefantes tienen vínculos sociales complejos, responden ante la muerte de sus congéneres y dependen de un entorno cada vez más adverso.