Costa Rica y un viaje a lo natural: biodiversidad, longevidad y otra forma de habitar el territorio
El país centroamericano combina una biodiversidad excepcional con una historia de longevidad que despierta interés internacional en la península de Nicoya, reconocida como una de las Zonas Azules del mundo.

Con una biodiversidad singular y una de las cinco Zonas Azules reconocidas en el mundo, Costa Rica invita a explorar una relación excepcional con la naturaleza que se expresa tanto en sus ecosistemas como en las costumbres de las comunidades de la península de Nicoya, una de sus regiones donde la alimentación, la actividad física y los vínculos sociales se estudian como posibles factores asociados a la longevidad.
Y es que, para Costa Rica, albergar una de las cinco Zonas Azules del mundo constituye un motivo de orgullo. Es, de hecho, un dato que no pasa desapercibido a la hora de enumerar las bondades del país centroamericano en materia de promoción. Sin embargo, esa distinción también plantea un límite respecto de cómo presentar el territorio y sus habitantes a los visitantes.
“No es un sujeto turístico y no se debe usar como un producto turístico porque no es así”, sostiene Evelyn Figueroa, ejecutiva del mercado sudamericano del Instituto Costarricense de Turismo, durante una entrevista exclusiva realizada en el marco de la Feria Internacional de Turismo (FIT) que tuvo lugar en Buenos Aires a fines de septiembre.
Península de Nicoya: un ejemplo de vida en armonía con la naturaleza
“Buscan acreditar a un costarricense de 119 años como el hombre más longevo de la historia”, titulaban semanas atrás medios nacionales e internacionales despertando un nuevo interés por la longevidad como fenómeno atípico propio de esta región. El protagonista de la noticia es José Flores Flores, residente de Sardinal, distrito del cantón de Carrillo, en Guanacaste.
Más allá de los casos de longevidad extrema que atraen la atención de los medios, estas historias permiten acercarse a Nicoya a través de sus habitantes. Detrás de las cifras hay personas, trayectorias y costumbres que ayudan a comprender el contexto en el que transcurre la vida cotidiana de la región.

La longevidad en Nicoya no se explica por un único secreto, sino por una combinación de hábitos, alimentación, actividad física, relaciones sociales y condiciones de vida que merece ser explorada sin simplificaciones: son diversas las investigaciones que han estudiado los hábitos y las condiciones de vida de la población de Nicoya para identificar posibles factores asociados a su longevidad, aunque el fenómeno no puede atribuirse hoy a una única causa.
“Han habido testeos y son varios los factores, todos suman: el primero de ellos es que se trata de población activa. Físicamente, es una población que se levanta a las 4 o 5 de la mañana, anda a caballo, los hombres toman un machete y les gusta cortar el césped, las mujeres son señoras adultas mayores que se levantan a hacer tortillas en la mañana. Son gente activa”, detalla Figueroa en relación a estas personas cuyas rutinas cotidianas implican movimiento y actividad física.
En segundo lugar, la ejecutiva afirma que la alimentación ocupa un lugar bastante preponderante: “La base de la dieta costarricense incluye arroz y frijoles porque somos un país agrícola, aparte de muchísima fruta y verdura… Como país agrícola, esas poblaciones vienen de generaciones en donde en algún momento resultaba muy caro comprar proteína como pollo o carne y en consecuencia acostumbraron a basar su dieta en ciertos alimentos agrícolas. Así es como constituyeron una dieta balanceada, sana y con poca grasa: casi nada de embutidos y alimentos procesados. Están acostumbrados a alimentarse de lo que da la tierra, incluso muchos de ellos tienen también sus pequeñas granjas”.
Un tercer aspecto destacado por el Instituto Costarricense de Turismo es la vida en comunidad, la convivencia intergeneracional, la pertenencia y las redes de apoyo: se trata de personas mayores que no viven solas, sino que lo hacen con sus familias y con comunidades, y como tal desarrollan un notable sentido de pertenencia para con sus principales espacios de socialización.
Estos hábitos y costumbres ofrecen una aproximación a las formas de vida de la región, aunque no permiten atribuir la longevidad a una causa única ni establecer que un entorno natural determinado garantice vivir más años. Para ampliar la mirada, es necesario considerar también el territorio en el que estas comunidades desarrollan su vida cotidiana.
Costa Rica: la biodiversidad como identidad territorial
La relación entre las formas de vida y el entorno conduce a una perspectiva más amplia sobre Costa Rica. Aunque se trata de un país de dimensiones relativamente pequeñas, su ubicación entre el océano Pacífico y el mar Caribe y la diversidad de sus ecosistemas lo convierten en un territorio de gran interés para la conservación de la naturaleza.
“Somos un país pequeño, pero estamos ubicados en un área de mucha biodiversidad”, explica Figueroa. Según detalla la ejecutiva, Costa Rica concentra una proporción significativa de la biodiversidad mundial (6,5%) y cuenta con más de 600 playas naturales, muchas de ellas enmarcadas por bosques que llegan hasta la costa.

A esa variedad de paisajes se suma una red de áreas protegidas que abarca casi el 26 % de su territorio y que forma parte de la identidad ambiental del país: la conservación no solo se relaciona con la protección de los ecosistemas, sino también con la manera en que Costa Rica presenta su patrimonio natural ante quienes la visitan.
Bosques, parques nacionales, costas y fauna silvestre forman parte de una propuesta turística que busca diferenciarse a través de la naturaleza. Pero el territorio no se limita a ofrecer paisajes para contemplar o experiencias para consumir: también es el espacio en el que se construyen las costumbres, los vínculos y las formas de vida de sus comunidades.
Una relación con la naturaleza que va más allá del paisaje
La biodiversidad presente a lo largo y ancho de Costa Rica y la longevidad de la región de Nicoya permiten conocer así dos dimensiones distintas, aunque complementarias dentro del mismo país: la riqueza de sus ecosistemas y las formas de vida de sus comunidades.
Si bien no existe evidencia suficiente para afirmar que un entorno biodiverso, por sí solo, prolongue la vida, acercarse a Nicoya invita a mirar más allá de las cifras excepcionales y a comprender el contexto cultural y social de quienes la habitan: conocer un destino no significa únicamente descubrir sus paisajes, sino también reconocer la historia, las costumbres y los vínculos que forman parte de su identidad.