Los vegetales que deberíamos plantar para sobrevivir a un colapso del planeta

Un estudio calculó la cantidad exacta de tierra y los alimentos clave indispensables para mantener con vida a la población de una ciudad mediana, en dos escenarios extremos de colapso global.

Un estudio determinó cuáles son los únicos cultivos capaces de evitar el hambre ante un colapso global.
Un estudio determinó cuáles son los únicos cultivos capaces de evitar el hambre ante un colapso global.

¿Pensaste alguna vez cómo harías para sobrevivir si mañana se detiene el mundo? En un escenario de colapso global -una tormenta solar, una pandemia extrema o una guerra-, las cadenas de suministro desaparecerían en pocos días y los supermercados quedarían vacíos.

En un contexto así, la diferencia entre pasar hambre o subsistir dependería de lo que fuéramos capaces de sembrar en nuestro propio entorno. Pero, ¿cuánta tierra se necesita? ¿qué conviene plantar?

Científicos de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, investigaron qué condiciones necesita una comunidad para sobrevivir gracias a los alimentos producidos en su propio entorno.

Científicos aseguran que la agricultura en parques y balcones urbanos es la primera línea de defensa si colapsa el comercio.
Científicos aseguran que la agricultura en parques y balcones urbanos es la primera línea de defensa si colapsa el comercio.

Para la investigación, tomaron los datos geográficos, demográficos y de suelos de la ciudad de Palmerston North, de 90.000 habitantes, ubicada a 140 km de Wellington.

A partir de ese modelo, calcularon la cantidad exacta de calorías y proteínas necesarias para mantener con vida a toda la población usando solo recursos locales.

Uno de los aportes más interesantes del estudio es el cálculo del espacio físico real que requiere cada habitante. El modelo matemático determinó que, en condiciones climáticas normales, cada persona necesita aproximadamente 115 metros cuadrados de cultivo periurbano para cubrir sus necesidades nutricionales básicas.

Segun el estudio, una ciudad mediana tiene la capacidad de alimentar a todos sus habitantes si aprovecha su propio suelo.
Segun el estudio, una ciudad mediana tiene la capacidad de alimentar a todos sus habitantes si aprovecha su propio suelo.

Según los investigadores, si se traslada esta escala a una ciudad de tamaño medio, un municipio requeriría un anillo agrícola periférico de poco más de 1.100 hectáreas. Esta cifra demuestra que la autosuficiencia es geográficamente posible, siempre y cuando los gobiernos locales protejan los suelos fértiles alrededor de los centros urbanos y eviten que sean absorbidos por la construcción de viviendas o complejos industriales.

Para llegar a estas conclusiones, los expertos plantearon su análisis dividiendo la respuesta en dos escenarios climáticos específicos con los que trabajaron a lo largo de toda la investigación.

Escenario 1: el colapso del comercio con clima normal

Si la catástrofe detiene los transportes pero el clima se mantiene estable, el estudio sostiene que la estrategia óptima se debe dividir en dos frentes coordinados: el centro urbano y los terrenos periféricos.

En el corazón de la ciudad (arvejas): los parques, jardines y balcones urbanos deberían cubrirse de arvejas. De acuerdo con el informe, son una fuente excelente de proteínas, fijan nitrógeno en el suelo de forma natural y aprovechan muy bien los espacios reducidos.

Las arvejas secas aportarían las proteínas necesarias para resistir el aislamiento alimentario en las ciudades.
Las arvejas secas aportarían las proteínas necesarias para resistir el aislamiento alimentario en las ciudades.

Los científicos aclaran que se apunta a consumirlas secas (como arvejas partidas), lo que facilita su almacenamiento a largo plazo. Sin embargo, el espacio urbano es limitado. El estudio calcula que, incluso usándolo al 100%, solo se podría alimentar al 20% de los ciudadanos.

En la periferia, papas: para el 80% restante de la población, los autores determinaron que la solución está en los límites de la ciudad. El anillo agrícola exterior debería dedicarse por completo a la papa, señalada por la investigación como el cultivo rey en rendimiento calórico por hectárea.

Escenario 2: el invierno nuclear (frío y oscuridad)

El segundo escenario hipotético prevé que el desastre bloquee la luz solar y desplome las temperaturas. En un contexto de invierno permanente, las papas y las arvejas mueren debido a las heladas.

Las prioridades agrícolas por lo tanto, se transforman por completo.

Dentro de la ciudad: deberían priorizarse vegetales de hoja y raíz resistentes al frío extremo, específicamente la espinaca y la remolacha forrajera.

El trigo y la remolacha azucarera completan la ración básica para sobrevivir a un colapso global.
El trigo y la remolacha azucarera completan la ración básica para sobrevivir a un colapso global.

En los alrededores: la supervivencia dependería de una combinación matemática exacta que los autores calcularon. El 97% del terreno periférico debería destinarse al trigo para asegurar la base calórica. El 3% restante se reserva para la zanahoria, esencial para aportar la vitamina A que el cuerpo necesita.

El fin de la ganadería tradicional

La investigación también analiza qué pasaría con los animales de granja en un contexto de aislamiento total. La conclusión de los científicos es tajante: mantener ganado para la producción de carne o leche es inviable. Según el informe, los animales consumen demasiados recursos y convierten la energía vegetal en calorías humanas de forma muy ineficiente.

En una situación de emergencia, el estudio concluye que los campos de pastoreo tendrían que reconvertirse inmediatamente en zonas de cultivo agrícola directo. La dieta humana pasaría a ser estrictamente vegetariana, ya que el suelo disponible debe utilizarse exclusivamente para producir alimentos que vayan directo del surco al plato, sin intermediarios de cuatro patas.

El estudio determinó cuáles son los únicos cultivos capaces de evitar el hambre ante un colapso global.
El estudio determinó cuáles son los únicos cultivos capaces de evitar el hambre ante un colapso global.

El estudio aclara que la teoría es perfecta sobre el papel, pero la práctica presenta retos gigantescos en una crisis real. Según los investigadores, la transición hacia una agricultura de emergencia requiere planificación previa.

El éxito dependerá de almacenar bancos de semillas locales y prever alternativas energéticas, como pequeños cultivos de colza para biocombustible, que permitan mover la maquinaria si escasea el petróleo.

Factores como la degradación del suelo urbano o las dificultades para distribuir agua con una red eléctrica caída son variables críticas que destaca el análisis.

Aun así, esta investigación demuestra que las ciudades tienen un potencial de resiliencia mucho mayor del que imaginamos. Aprender a cuidar unas macetas hoy es el primer paso para construir un futuro más autosuficiente.

Referencia de la noticia

Boyd M, Wilson N. (2025). Resilience to abrupt global catastrophic risks disrupting trade: Combining urban and near-urban agriculture in a quantified case study of a globally median-sized city.