La próxima vez que vayas al baño en un festival, quizá estés ayudando a fertilizar un bosque
Un equipo de científicos británicos recoge orina en festivales y maratones, la convierte en fertilizante sin olor y planea plantar un bosque entero. No es ficción.

La orina fresca está compuesta por un 95% de agua, mientras que el 5% restante incluye compuestos como urea, aniones orgánicos y sales inorgánicas que la convierten en una fuente de nutrientes biodisponibles para el crecimiento de las plantas.
En concreto, la orina humana aporta nitrógeno, fósforo y potasio: los mismos tres elementos que figuran en cualquier bolsa de fertilizante del mercado. La diferencia está en cómo llega hasta ahí. NPK Recovery, empresa británica que trasnforma orina en fertilizante sustentable, usa bacterias para recuperar el nitrógeno y otros nutrientes naturales de la orina, creando un fertilizante líquido sin olor.
Pensalo como un filtro de café sofisticado: entra un líquido con potencial, salen solo los compuestos que la planta necesita.
El laboratorio más insólito del mundo
Los números son elocuentes. Del festival Boomtown 2025 se obtuvieron 540 litros de fertilizante; del Maratón de Londres de 2024, se procesaron 1.000 litros de orina recolectados de urinales femeninos.
Ahora, con una subvención de la Comisión Forestal del Reino Unido, el proyecto piloto apunta a plantar 4.500 árboles nativos en Monmouthshire, Gales, hayas y pinos de Escocia que podrían durar siglos.

Los ensayos de la Royal Agricultural University confirmaron que el producto iguala al nitrato de amonio convencional en rendimiento de cultivos, sin dejar elementos tóxicos en el suelo.
Más lejos todavía fue un equipo de Stanford: según sus cálculos, el nitrógeno contenido en la orina humana podría cubrir hasta el 14% de la demanda mundial anual de fertilizantes.
El bosque que empezó en un baño portátil
El alcance de esto va más allá de plantar árboles bonitos. Si este modelo escala, reduce la presión sobre un sistema de fertilizantes global que depende de combustibles fósiles, mercados volátiles y cadenas de suministro frágiles.
Un estudio publicado en Resources, Conservation and Recycling muestra que el uso de orina permite aprovechar recursos locales y minimizar el uso de insumos externos, reduciendo además las emisiones contaminantes que terminan en ríos y acuíferos.
Investigadores de la Universidad de Birmingham comprobaron que, incluso aplicada en dosis elevadas, la orina almacenada no afecta negativamente al microbioma del suelo. El único detalle a resolver: el proceso requiere tratamiento previo para eliminar contaminantes farmacológicos, algo en lo que varios laboratorios trabajan actualmente.

Lucy Bell-Reeves, cofundadora de NPK Recovery, lo dice sin rodeos: no vamos a quedarnos sin orina pronto. Lo que falta es dejar de verla como un desecho. El bosque galés —que podría perdurar cientos de años— empieza con algo que produce cada persona en el planeta, varias veces al día.
Referencia de la noticia
Royal Agricultural University (18 de julio de 2025). "Early research confirms that bio-fertiliser made from human urine performs as well as synthetic alternatives".
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