Las 5 claves para que tu Agapanthus tenga flores más grandes y coloridas
Sus esferas de flores son una de las postales más llamativas del jardín durante la primavera y el verano. Con algunos cuidados sencillos, puede regalar una floración aún más abundante y vigorosa.

Pocas plantas regalan una floración tan vistosa con una estructura tan sencilla. Desde una mata de hojas largas y arqueadas, el Agapanthus levanta tallos firmes que terminan en grandes cabezuelas formadar por decenas de flores azules, violetas o blancas.
El tamaño de esas inflorescencias depende en buena medida de la variedad, pero las condiciones de cultivo también influyen. Para conseguir una planta vigorosa y favorecer una buena floración, hay cinco cuidados que conviene tener en cuenta.
1. Elegí una maceta adecuada si lo cultivás en recipiente
Puede cultivarse tanto directamente en el suelo o en maceta. En tierra, necesita un suelo fértil y bien drenado; en maceta, un sustrato que permita evacuar el exceso de agua.

Existe una creencia que dice que el Agapanthus florece mejor cuando sus raíces están completamente apretadas. No es exactamente así. La planta tolera bien crecer en un recipiente contenido, pero también puede florecer mal si queda excesivamente apretado.
En maceta, lo conveniente es pasarla cada dos o tres años a un recipiente apenas mayor, unos 2,5 a 5 centímetros más de diámetro. Si ya no resulta práctico seguir aumentando el tamaño, se puede dividir la mata en primavera.
2. Dale mucho sol y un suelo que drene bien
La luz es una de las claves para conseguir una buena floración. El agapanto crece y florece mejor a pleno sol; una ubicación demasiado sombreada puede reducir la cantidad de flores.
En el jardín, elegí un sector que reciba varias horas de sol directo. Si la planta está en maceta, ubicala en un lugar igualmente luminoso.

El otro punto importante es el drenaje. El suelo debe conservar cierta humedad, pero nunca permanecer encharcado. En terrenos donde el agua se acumula, el cultivo en maceta puede ser una alternativa más segura.
3. Mantené un riego regular durante el crecimiento
Una vez establecido, el Agapanthus es resistente y no necesita riegos permanentes. Sin embargo, durante la etapa de crecimiento conviene evitar períodos largos de sequedad.
Esto es especialmente importante en los ejemplares cultivados en maceta, porque el sustrato pierde humedad más rápido que la tierra del jardín. Un déficit de agua durante el verano puede perjudicar la formación de los botones florales que darán lugar a la próxima floración.

La clave es regar cuando el sustrato lo necesite, sin inundar la maceta.
4. Aportale nutrientes, sobre todo si está en maceta
En los ejemplares cultivados directamente en el suelo, las raíces pueden explorar un volumen mucho mayor; en una maceta, en cambio, los recursos disponibles son más limitados.

Durante la primavera y el período de crecimiento se puede utilizar un fertilizante líquido. La fertilización resulta especialmente útil en ejemplares que llevan varios años en el mismo recipiente.
Más fertilizante no significa más flores. Una dosis excesiva puede perjudicar a la planta y nunca compensa la falta de luz o un riego incorrecto.
5. Dividí la mata solo cuando sea necesario y podá después de florecer
El Agapanthus forma matas que pueden estar durante años en el mismo lugar. La división permite multiplicarlo y también renovar una planta que ya ocupa demasiado espacio, pero no conviene hacerla constantemente: una mata recién dividida necesita tiempo para recuperar volumen y fuerza antes de ofrecer una floración abundante.
Cuando sea necesario hacerlo, la primavera es un buen momento para dividirla. Cada porción debe conservar raíces y brotes suficientes para volver a desarrollarse.

Después de la floración llega otro cuidado importante: la poda. Cuando las flores se marchitan, conviene cortar los tallos florales desde la base. Esto evita que la planta destine recursos a la formación de semillas y ayuda a mantenerla prolija; además, permite prolongar la floración si todavía quedan flores por abrir.
Las hojas tienen otro destino. Mientras permanecen verdes siguen haciendo fotosíntesis y aportando energía a las reservas de la planta, por lo que no conviene cortarlas apenas termina la floración. En los tipos caducos, se retiran cuando amarillean y comienzan a secarse de manera natural.
El resultado depende también de la variedad
Ningún cuidado puede modificar las características genéticas de un agapanto. Algunas variedades producen inflorescencias naturalmente más grandes que otras.
Pero una planta cultivada con suficiente luz, riego adecuado, nutrientes disponibles y espacio de raíces bien proporcionado tiene muchas más posibilidades de expresar todo su potencial.
El resultado puede ser una mata vigorosa, con tallos firmes y esas grandes esferas de flores que convierten al Agapanthus en uno de los protagonistas del jardín cuando llega la temporada de floración.