Sabores en crisis: el cambio climático amenaza la especia más cara del mundo
El azafrán enfrenta su peor cosecha en décadas. Los cambios en los patrones climáticos amenazan los cultivos de Kashmir, poniendo en riesgo una tradición milenaria y disparando los precios globales.

¡Imagina una especie tan valiosa que se la llama "oro rojo"! Así es el azafrán, ese polvo rojo oscuro que tiñe arroces, postres y medicinas tradicionales desde hace miles de años.
Pero esta joya de la naturaleza enfrenta su peor enemigo: el cambio climático. En las montañas de Kashmir, donde crece el 90 % del azafrán mundial, los agricultores observan con preocupación cómo las flores que producen esta especia desaparecen año tras año, víctimas de un clima cada vez más impredecible.
Lo que sucede en Kashmir no es un problema local. Es una alerta global. Cuando la cosecha de azafrán colapsa, los precios se disparan en todo el mundo, afectando desde restaurantes de alta cocina hasta farmacias que utilizan esta especia en tratamientos medicinales.
Y lo más preocupante: los científicos advierten que esto es solo el comienzo de una crisis mucho mayor.
Cuando la lluvia llega tarde (o no llega): el drama del azafrán en Kashmir
El azafrán es una planta caprichosa. Necesita condiciones muy específicas para florecer: temperaturas moderadas, humedad controlada y un ciclo de lluvias predecible. Durante siglos, los agricultores de Kashmir perfeccionaron el arte de cultivarla, transmitiendo sus conocimientos de generación en generación. Pero en los últimos años, ese equilibrio se rompió.

Los patrones de precipitación en Kashmir han cambiado dramáticamente. Las lluvias que históricamente llegaban en momentos precisos ahora son erráticas: a veces demasiado abundantes, causando encharcamientos que pudren las raíces; otras veces, ausentes durante meses, dejando el suelo reseco.
Esta irregularidad afecta directamente la floración del azafrán, que ocurre en otoño. Cuando las condiciones no son las esperadas, las flores simplemente no aparecen o lo hacen débiles y escasas.
Además, las temperaturas en la región han aumentado de manera consistente. El azafrán prefiere inviernos fríos y veranos moderados; el calor excesivo estresa las plantas y reduce su capacidad reproductiva. Los datos científicos muestran que la temperatura promedio en Kashmir ha subido aproximadamente 1.5 °C en las últimas dos décadas, una cifra que podría parecer pequeña, pero que es devastadora para un cultivo tan sensible.
Azafrán La Carrasca
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La cosecha de 2023 fue histórica... pero no en el buen sentido. Fue la peor en décadas. Los agricultores reportaron pérdidas de hasta el 40 % en algunas zonas, y las proyecciones para 2024 no son alentadoras. Cada flor de azafrán produce solo tres estigmas (los filamentos rojos que se comercializan), y se necesitan entre 150 y 170 flores para obtener un gramo de azafrán seco. Cuando la floración falla, el impacto es exponencial.
Un precio que sube, una tradición que se desmorona
Las consecuencias económicas ya son visibles. El precio del azafrán ha aumentado un 300 % en los últimos cinco años. En los mercados internacionales, la especia que costaba 10 dólares el gramo ahora alcanza los 15 o más. Para los consumidores, esto significa que un simple plato de paella o risotto se convierte en un lujo inalcanzable.
Para los agricultores de Kashmir, significa que sus ingresos se volatilizan, forzándolos a abandonar los campos que sus abuelos cultivaban.
Pero hay algo más profundo en juego: la pérdida de una tradición milenaria. El azafrán de Kashmir no es solo un producto; es parte de la identidad cultural de la región. Durante siglos, las familias han transmitido técnicas de cultivo, cosecha y procesamiento. Ahora, jóvenes agricultores deciden emigrar a las ciudades, abandonando campos que ya no son rentables. Con ellos se va el conocimiento ancestral.
¿Hay esperanza? Adaptación en tiempos de crisis
A pesar del panorama sombrío, hay iniciativas de adaptación en marcha. Investigadores en Kashmir están desarrollando variedades de azafrán más resistentes al calor y a las fluctuaciones de humedad. También se exploran técnicas de riego inteligente que optimicen el uso del agua, cada vez más escasa.

Algunos agricultores están experimentando con invernaderos que controlan las condiciones climáticas, aunque esto aumenta significativamente los costos.
Sin embargo, estas soluciones son parches en un problema mucho mayor. La verdadera solución requiere acciones globales contra el cambio climático. Mientras las emisiones de gases de efecto invernadero continúen alterando los patrones climáticos, cultivos como el azafrán seguirán bajo amenaza. Y con ellos, la seguridad alimentaria y cultural de millones de personas.
Una especia en peligro, un planeta en alerta
La crisis del azafrán es un espejo del cambio climático. No es un problema lejano que afecta solo a Kashmir; es una señal de alerta que llega a nuestras mesas, a nuestras farmacias, a nuestras vidas cotidianas. Cada vez que el precio de una especia sube o un cultivo tradicional desaparece, estamos viendo las consecuencias reales del calentamiento global.

Lo que sucede con el azafrán hoy podría suceder con el café, el cacao o el trigo mañana. Es un recordatorio de que el cambio climático no es solo un problema ambiental abstracto; es una amenaza concreta a nuestro bienestar, nuestra cultura y nuestra economía. La pregunta que debemos hacernos es: ¿esperaremos a que desaparezcan más tradiciones milenarias antes de actuar?
Referencia de la noticia
Mongabay India. "Changing patterns in precipitation and temperature affect Kashmir's ecosystem." Agosto 2024.
³ PMC - National Center for Biotechnology Information. "Climate Change and Saffron Cultivation."