Tres formas simples de multiplicar la lavanda y llenar la casa de perfume y color
Una única planta de lavanda puede ser el comienzo de un jardín violeta. Hay tres métodos sencillos para reproducirla en casa y uno de ellos permite conservar exactamente las características de la planta original.

Tener una planta de lavanda en casa abre la puerta a muchas más. A partir de un ejemplar adulto, multiplicar la especie es sencillo y permite llenar el jardín de color y perfume sin gastar de más.
Hay tres métodos sencillos para reproducirla en casa y uno de ellos permite conservar exactamente las características de la planta original.
1. Por esquejes: el método más sencillo
Permite obtener plantas genéticamente idénticas a la planta madre. En lavanda pueden usarse esquejes de brotes tiernos a comienzos del verano o esquejes semimaduros hacia fines del verano. También existen los esquejes de madera dura, que pueden tomarse después de la floración.
Conviene elegir una rama sana, vigorosa y que todavía tenga cierta flexibilidad. Se corta un segmento de unos pocos centímetros y se retiran las hojas de la parte inferior, de manera que ese sector quede limpio para enterrarlo.

El esqueje se coloca en una maceta pequeña con un sustrato liviano y, sobre todo, con buen drenaje. La lavanda tolera bastante bien la falta de agua una vez establecida, pero sus raíces jóvenes pueden sufrir si permanecen constantemente mojadas.
Después de plantarlo, hay que mantener el sustrato ligeramente húmedo, sin encharcarlo, y ubicar la maceta en un lugar luminoso y protegido. Con el tiempo, el tallo comenzará a desarrollar raíces. Cuando el esqueje esté bien establecido y presente crecimiento nuevo, podrá pasar a una maceta más grande o a su lugar definitivo.

Un detalle importante: no conviene utilizar ramas completamente leñosas y viejas para este procedimiento, porque la lavanda tiene poca capacidad para producir nuevos brotes desde la madera antigua.
Enraizamiento en agua
Se coloca el esqueje en un recipiente con agua, de modo que solo quede sumergida la parte inferior del tallo y las hojas permanezcan fuera. El agua debe renovarse con frecuencia y el recipiente mantenerse en un lugar luminoso, sin sol directo intenso.

Cuando aparezcan raíces de algunos centímetros, el esqueje puede pasarse con cuidado a un sustrato liviano y con buen drenaje. Sin embargo, para la lavanda suele ser más conveniente enraizar directamente en sustrato, ya que las raíces formadas en agua deben adaptarse después a las condiciones del suelo.
2. Por semillas: más lento, para cultivar la paciencia
Es una buena alternativa si se quiere comenzar varias plantas desde cero, aunque requiere más paciencia que los esquejes.
Las semillas se pueden obtener de las cabezas florales secas y sembrarse en primavera, en pequeñas macetas o bandejas con un sustrato destinado a la germinación. La superficie debe mantenerse con humedad moderada y el recipiente tiene que permanecer en un lugar protegido y luminoso.

Hay una diferencia fundamental respecto de los esquejes: una planta nacida de semilla no necesariamente será idéntica a la planta que produjo esas semillas. Pueden aparecer diferencias en el porte, las flores o el follaje.
Por eso, si tenés una lavanda particularmente linda y querés conservar exactamente sus características, conviene recurrir a un esqueje.
3. Por acodo: la rama echa raíces sin separarse
Es menos conocido, pero resulta muy interesante para reproducir algunas plantas leñosas. La idea es sencilla: una rama permanece unida a la planta madre mientras una parte de ella entra en contacto con el sustrato y desarrolla raíces.
En una lavanda con ramas suficientemente flexibles se puede llevar una de ellas hasta el suelo. Raspar suavemente la parte donde hará contacto con la tierra, sujetarla y cubrir con sustrato esa sección del tallo, dejando el extremo fuera.

Mientras continúa conectada con la planta madre, esa rama recibe agua y nutrientes y puede formar raíces. Una vez que cuenta con un sistema radicular propio, se corta la conexión y se trasplanta.
Es un procedimiento que necesita bastante más tiempo que un esqueje. La ventaja es que la futura planta permanece alimentada por la planta madre durante el proceso de enraizamiento.
¿Se puede dividir una mata de lavanda?
Sí, pero acá hay que hacer una distinción. La división clásica de mata consiste en separar una planta en varias partes, procurando que cada una conserve raíces y brotes. Es una técnica habitual en muchas plantas herbáceas, pero no es la primera opción para una lavanda adulta y leñosa.

Existe una variante llamada acodo en montículo, especialmente útil en lavandas que envejecieron y desarrollaron una estructura leñosa. Se cubre parte de la base con una mezcla de sustrato y arena, dejando los extremos de los brotes al descubierto.
Con el paso de los meses pueden formarse raíces en los tallos cubiertos; después, esos brotes enraizados se separan y se cultivan como plantas independientes.
Para quien tiene una lavanda en casa y quiere multiplicarla sin complicarse, los esquejes siguen siendo el camino más directo. Con unas pocas ramas sanas, un recipiente pequeño y un sustrato que drene bien, una sola planta puede convertirse en el punto de partida de muchas más.