"Niño Godzilla", "Súper Niño" o algo más simple: la ciencia recomienda prepararse y pide paciencia antes de los apodos

El Pacífico ecuatorial dejó atrás La Niña y se acerca al umbral de El Niño. Los modelos coinciden en su llegada, aunque la incertidumbre sobre la intensidad sigue siendo muy significativa.

En 1983, una crecida extraordinaria del río Paraná —motorizada por un evento El Niño Fuerte— provocó que parte del puente colgante de Santa Fe colapsara. Ante el escenario de un probable evento El Niño (o La Niña), independientemente de su intensidad, es conveniente estar preparados.
En 1983, una crecida extraordinaria del río Paraná —motorizada por un evento El Niño Fuerte— provocó que parte del puente colgante de Santa Fe colapsara. Ante el escenario de un probable evento El Niño (o La Niña), independientemente de su intensidad, es conveniente estar preparados.

Después de dos años coqueteando con La Niña, con sus sequías insistentes y rindes recortados en gran parte del centro argentino, el Pacífico ecuatorial está cambiando de turno. Las aguas superficiales de ese cinturón estrecho cerca del llevan varios meses calentándose, con valores que están amplia y significativamente por encima del promedio.

Antes de publicar gráficos apocalípticos y títulos que solo buscan ganar clicks, conviene frenar y basarse en lo que dice la ciencia. El sistema sigue en fase neutra. El índice Niño 3.4 relativo, el termómetro oficial del fenómeno, marcó +0,52 °C la semana del 10 de mayo, todavía dentro del rango de neutralidad. Lo distinto es que ahora todo apunta hacia arriba: temperaturas, vientos del oeste, modelos sincronizados.

La pregunta ya no es si vuelve El Niño, sino cuándo y con qué intensidad.

Lo que dicen los modelos (y lo que piden no decir todavía)

El Centro de Predicción del Clima de la NOAA mantiene la "Vigilancia de El Niño", indicando que los modelos coinciden en el desarrollo de El Niño para el próximo mes y que persista durante el verano 2026-27 del hemisferio sur. Y aclara que aunque la confianza de que surja El Niño ha aumentado desde abril, aún existe una incertidumbre considerable respecto a la intensidad máxima del evento, ya que ninguna categoría de intensidad supera una probabilidad del 37 %.

En otras palabras, El Niño llegará pero aún es prematuro afirmar que será un evento fuera de norma

En lo que es claro el informe de NOAA es en afirmar que los eventos más fuertes de El Niño no garantizan impactos más severos, solo sin indicadores que ciertos impactos vean magnificada su probabilidad de materialización.

Probabilidad de intensidad de ENSO según la NOAA Las barras indican las chances de las diferentes categorías de intensidad de El Niño o La Niña, con sus probabilidades porcentuales trimestrales
Probabilidad de intensidad de ENSO según la NOAA Las barras indican las chances de las diferentes categorías de intensidad de El Niño o La Niña, con sus probabilidades porcentuales trimestrales

En resumen, lo que indica NOAA es que es probable que El Niño se desarrolle entre este mes y julio de 2026 (la chance es del 82 %) y que hay un 96% de probabilidad que continúe entre diciembre de 2026 y febrero de 2027 (verano del hemisferio sur).

Lo que no dice NOAA es que el evento será extremo, ya que ninguna de las previsiones sobre las categorías de intensidad supera la probabilidad del 37 %.

El BoM, el servicio meteorológico australiano, coincide en el diagnóstico: el océano se sigue calentando, pero todavía falta el acople con la atmósfera. Los vientos alisios no aflojaron del todo, y sin esa danza coordinada entre mar y aire, no hay Niño consolidado.

Apodos, sobrenombres y barreras

Hay una trampa que la ciencia conoce hace décadas: la barrera de predictibilidad de la primavera boreal —nuestro otoño—. Entre febrero y mayo los modelos pierden puntería. Es como pedirle a alguien que adivine el final de una película habiendo visto los primeros diez minutos.

Tratar de afirmar de manera contundente la intensidad y características de El Niño entre febrero y mayo, es como pedirle a alguien que adivine el final de una película habiendo visto los primeros diez minutos.

Por eso conviene tomar con pinzas los titulares de "Súper Niño", "Niño Jurásico" o "Niño Godzilla". El primero sí es un término técnico —anomalías mayores a +2 °C sostenidas en el Niño 3.4—; los otros dos son apodos mediáticos sin respaldo académico. La OMM directamente no los usa.

La imagen de la izquierda muestra las anomalías de temperatura superficial en abril 2026, y la de la derecha en mayo. Es notorio como el océano se está calentando. Fuente: BoM
La imagen de la izquierda muestra las anomalías de temperatura superficial en abril 2026, y la de la derecha en mayo. Es notorio como el océano se está calentando. Fuente: BoM

Otro detalle: el calentamiento global obligó a la NOAA a cambiar de regla. Desde febrero de 2026 adoptó el Índice Niño Oceánico Relativo (RONI), que descuenta el calentamiento general del trópico para aislar la señal genuina del Pacífico. Sin ese ajuste, todos los Niños del siglo XXI parecerían más fuertes de lo que realmente son.

Qué puede pasar en Argentina y en el mundo si se confirma

El alcance es global. Un Niño consolidado tiende a secar Australia, Indonesia y el sur de África, mientras descarga lluvias intensas sobre Perú, Ecuador y partes del sur de Estados Unidos. También cambia la temporada de huracanes: la actividad cae en el Atlántico y crece en el Pacífico oriental.

Un evento El NIño empuja hacia arriba el termómetro mundial: 2024 fue el año más cálido por la combinación del Niño 2023-24 con el calentamiento de fondo

Para nuestro país, un Niño establecido suele traer lluvias por encima del promedio en la región pampeana y el litoral, tormentas más frecuentes y, en años extremos, inundaciones de gran escala. Los eventos del 82-83, 97-98 y 2015-16 dejaron marcas que aún se recuerdan por las crecidas del Paraná y Uruguay, con miles de evacuados y daños millonarios en cultivos.

¿Vamos a tener algo así en 2026?

Por ahora, ni los modelos más entusiastas pueden afirmarlo. La última actualización de NOAA subió la probabilidad de un Súper Niño del 30 % al 37 % entre noviembre y enero. Pero si sumamos las probabilidades de que sea un evento fuerte a muy fuerte, estas suman el 67 % para el mismo período.

El Niño es fuerte cuando las anomalías de las temperaturas en la superficie del Pacífico ecuatorial superan 1.5 °C, y muy fuerte (súper El Niño) cuando estas superan los 2.0 °C

SI bien las previsiones de la NOAA, el BoM y el ECMWF (Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Mediano Plazo) están prácticamente alineadas en sus resultados, el ECMWF es el más arriesgado, ya que proyecta anomalías mayores a 2.5 °C para fin de año, lo que rompería el podio histórico.

La mayoría de los centros globales de predicción están alineados en la alta chance de que un evento El NIño se presente en 2026. La incógnita —por el momento— es con qué intensidad se manifestará.
La mayoría de los centros globales de predicción están alineados en la alta chance de que un evento El NIño se presente en 2026. La incógnita —por el momento— es con qué intensidad se manifestará.

Todos esos números recién se van a clarificar pasando la mitad de año, cuando la barrera de predictibilidad quede atrás. Mientras tanto, lo razonable es mirar el cielo con cabeza fría: revisar desagües antes de la primavera, seguir los reportes de Meteored y del SMN y resistir el reflejo de comprar el primer titular catastrófico que pase por el feed.

El clima premia a los pacientes, y rara vez perdona a quienes no se preparan.

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