Avanza el trigo, pero el exceso de humedad frena al maíz: así impacta el clima en la campaña agrícola

El trigo crece con agua suficiente y renovadas expectativas, mientras la falta de piso y los granos húmedos estiran una cosecha de maíz que todavía no logra terminar.

Trigo en macollaje, sembrado en la localidad de Enrique Carbó, provincia de Entre Rios. Gentileza: Luis Tronco, para la Bolsa de Cereales de Buenos Aires
Trigo en macollaje, sembrado en la localidad de Enrique Carbó, provincia de Entre Rios. Gentileza: Luis Tronco, para la Bolsa de Cereales de Buenos Aires

La campaña agrícola atraviesa un invierno de contrastes profundos. El agua que hoy sostiene al trigo y alimenta la ilusión de una gran campaña es la misma que, acumulada en los suelos y los granos, detiene las máquinas y prolonga el final del maíz.

Según los últimos datos relevados por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la siembra triguera alcanzó el 92 % de las 6,5 millones de hectáreas proyectadas para el ciclo 2026/27. El panorama cambia al mirar el maíz, donde la cosecha cubrió el 62,2 % del área apta, pero mantiene una demora interanual de 8,2 puntos porcentuales debido a la elevada humedad de los granos y a los excesos hídricos que todavía condicionan varias regiones.

Avanza el trigo sobre una base de agua favorable

El cereal de invierno inicia su recorrido con una ventaja decisiva: el 96 % del área implantada dispone de humedad adecuada u óptima. Solo el 4 % presenta excesos, mientras la totalidad de los lotes conserva una condición entre normal y excelente.

Son números que devuelven esperanza después de campañas en las que la sequía obligó a sembrar mirando el cielo y contando cada milímetro. Esta vez, el trigo nació con reservas y encontró perfiles capaces de acompañar sus primeras etapas.

En tanto, la Bolsa de Comercio de Rosario describió una situación igualmente alentadora en la región núcleo. Allí, el 47 % de los lotes comenzó el macollaje, el 45 % permanece en foliación y apenas el 3 % continúa emergiendo, con una condición general evaluada entre excelente y muy buena.

De hecho, la Guía Estratégica para el Agro señaló que los mapas de reservas muestran niveles adecuados o abundantes, muy lejos de las imágenes dominadas por la sequía de otros años. El potencial está intacto, aunque todavía queda por delante una larga carrera marcada por heladas, enfermedades, granizo y lluvias en momentos decisivos.

¿Cómo impacta el invierno en el trigo?

El relevamiento nacional indicó que el 56,2 % del trigo se encuentra en expansión foliar y solo el 9,5 % alcanzó el macollaje o etapas posteriores. Los cuadros más adelantados aparecen en el NOA, donde ya se observan los primeros lotes en encañazón.

El frío ralentiza la emergencia, limita temporalmente la absorción de nutrientes y puede provocar amarillamientos. Sin embargo, no se informaron daños generalizados por heladas, y la mayor parte del cultivo todavía atraviesa fases vegetativas con una tolerancia relativamente alta a las bajas temperaturas.

La Bolsa de Comercio de Rosario informó que entre el 1 de junio y el 15 de julio sus 36 estaciones meteorológicas acumularon un promedio de 33,7 milímetros, frente a 29,5 milímetros durante el mismo período de 2025. Aunque la primera quincena de julio terminó con un balance pluvial deficitario, las reservas actuales no plantean riesgos para el trigo pampeano.

Sueña la región núcleo con superar los 50 quintales

Repetir los 60 quintales por hectárea de la campaña anterior parece una meta demasiado exigente. No obstante, los técnicos de la región núcleo consideran posible alcanzar o incluso superar los 50 quintales si el clima acompaña y no aparecen eventos adversos severos.

La expectativa es genuina, pero no ingenua. El trigo tiene agua, buen estado y capacidad para responder, aunque la disponibilidad de nitrógeno podría transformarse en la principal limitante.

El elevado precio de la urea durante la siembra llevó a muchos productores a reducir las dosis iniciales. La reciente baja del fertilizante abrió la posibilidad de refertilizar durante el macollaje y reforzar una inversión que podría ser determinante para sostener los rindes.

El Niño, una oportunidad y también una amenaza

Un posible episodio fuerte de El Niño durante la primavera podría aportar lluvias en octubre, precisamente cuando el trigo define buena parte de su rendimiento. Esa perspectiva alimenta el entusiasmo, pero también obliga a mirar el horizonte con prudencia.

Un cielo cargado de humedad: las lluvias de primavera podrían reforzarse si se consolida El Niño, aunque un exceso de agua también elevaría el riesgo de enfermedades y pérdidas de calidad en trigo.
Un cielo cargado de humedad: las lluvias de primavera podrían reforzarse si se consolida El Niño, aunque un exceso de agua también elevaría el riesgo de enfermedades y pérdidas de calidad en trigo.

Una primavera más húmeda puede favorecer enfermedades como la roya, mientras lluvias intensas durante noviembre podrían deteriorar la calidad del grano. En el campo, cada oportunidad climática lleva escondido un riesgo.

Una cosecha de maíz casi interminable

El maíz vive la cara más dura de este escenario. La cosecha avanza lentamente porque muchos granos todavía conservan una humedad elevada y los suelos no siempre permiten ingresar con seguridad.

El rendimiento nacional promedia 80,6 quintales por hectárea, con máximos de 97,2 quintales en el Núcleo Norte y 96 quintales en el Núcleo Sur. La proyección se mantiene en 64 millones de toneladas, un 30,6 % más que en la campaña anterior.

Pero el volumen potencial no elimina la tensión cotidiana. Cada día de demora aumenta costos, complica la logística y obliga a seguir esperando que el grano seque y que los caminos vuelvan a afirmarse.

La campaña queda partida por una misma fuerza. El agua empuja al trigo hacia adelante, pero todavía retiene al maíz en los lotes: una postal intensa de un invierno en el que el clima vuelve a decidir el ritmo de las labores en el campo.