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Buenas noticias sobre el agujero de ozono

En 2018 el agujero de ozono estratosférico tuvo una gran superficie. Pero de no haberse reducido el contenido de gases clorados en la atmósfera, el resultado hubiera sido drásticamente menor. ¿Qué condiciones ayudaron al mínimo de este año?

Enzo Campetella Enzo Campetella 15 Nov 2018 - 09:09 UTC
Agujero de Ozono
En el año 2000, con similares condiciones de circulación a las de 2018, el agujero de ozono resultó considerablemente mayor.

El tamaño del agujero en la capa de de ozono antártico durante esta primavera 2018 resultó levemente superior al promedio. Pero al mismo tiempo, resultó menor que lo esperable en función de las condiciones de circulación de este año. Más allá de los datos de este año, algunos buenas señales se observan en los últimos años.

De acuerdo a lo indicado por Earth Observatory de NASA, condiciones más frías que el promedio habían establecido un escenario ideal para mayor destrucción de ozono. Pero menores cantidades de químicos que atacan al ozono en la atmósfera ayudaron a que los mínimos no sean tan bajos como lo que las condiciones hacían prever. De otra forma hubiera sido tan grande como hace 20 años atrás.

En gran parte esta buena noticia es el resultado de la aplicación del protocolo de Montreal, que se firmó el 16 de septiembre de 1987. En ese protocolo la comunidad internacional se puso de acuerdo para reducir la emisión de gases que afectan a la capa de ozono. Treinta años más tarde los resultados son alentadores.

La función del ozono en la atmósfera

La circulación invernal antártica, con un gran vórtice de aire frío girando en torno del polo sur, y luego de la gran noche invernal, da lugar a condiciones para que en esa época del año aparezcan mínimos en los niveles de ozono. Hay que recordar que el ozono es un gas altamente inestable pero vital para la vida sobre la Tierra.

El ozono nos protege especialmente de las radiaciones altamente energéticas que llegan del espacio. Sin su presencia la vida sería imposible como la conocemos. Ciertos gases como los clorofluorocarbonos (CFC), que antes del protocolo estaban presentes en aires acondicionados y en heladeras, destruyen a la molécula de ozono, compuesta por tres átomos de oxígeno.

Paul Newman, científico jefe de Earth Sciences at NASA’s Goddard Space Flight Center indicó que “los niveles de cloro en la estratosfera antártica han caído alrededor de un 11 % desde sus niveles más altos. Este año, las temperaturas tan frías hubieran generado un agujero de ozono tan grande como el del año 2000”.

Los datos de 2018

El agujero de ozono de este 2018 alcanzó una superficie de 22,9 millones de kilómetros cuadrados, o sea tres veces la superficie de Estados Unidos. Esto la ubica en el puesto número 13 desde que hace 40 años los satélites de NASA comenzaron a establecer mediciones aceptadas por la comunidad científica internacional.

Mínimos de ozono
Los mínimos de ozono estratosférico antártico se registran en la primavera de cada año luego de la larga noche invernal

En el año 2000, con el récord más bajo, la concentración de ozono bajó hasta 82 unidades Dobson, contra el menor valor de este 2018 que resultó de 102 unidades Dobson. El ozono estratosférico es medido en unidades Dobson que representa el número de moléculas requeridas para crear una capa de ozono puro de 0,01 milímetro de espesor a una temperatura de 0°C a 1 atmósfera de presión.

El valor menor de este año sobre el polo sur se alcanzó el 12 de octubre, lo que lo ubica en el puesto 12 en los últimos 33 años. La buena noticia entonces es que de haber mantenido la cantidad de CFC que teníamos en la atmósfera 30 años atrás, el mínimo de este 2018, con condiciones favorables, hubiera sido drásticamente menor.

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