Campos rodeados de fuego tras las fuertes heladas: por qué los productores hacen esto y cómo logran salvar la cosecha

Las fuertes heladas dejaron imágenes sorprendentes en distintas zonas productivas, con campos llenos de pequeños fuegos encendidos durante la madrugada para intentar salvar cultivos y futuras cosechas.

En regiones frutícolas de Mendoza, Río Negro, Neuquén y el norte bonaerense, las madrugadas con heladas pueden convertirse en verdaderas guardias nocturnas para salvar la cosecha.
En regiones frutícolas de Mendoza, Río Negro, Neuquén y el norte bonaerense, las madrugadas con heladas pueden convertirse en verdaderas guardias nocturnas para salvar la cosecha.

Una sola madrugada bajo cero puede definir el resultado de toda una campaña frutícola. Por eso, cuando el termómetro cae a niveles críticos, los productores activan sistemas de defensa que pueden transformar un monte en una escena impactante, con decenas de fuegos encendidos entre los árboles.

La imagen sorprende, pero detrás hay una urgencia concreta: evitar que unas pocas horas de frío extremo dañen flores, brotes y frutos recién formados. En cultivos de alto valor, perder ese momento puede significar comprometer una parte importante de la producción del año.

Por qué los productores encienden fuego entre los cultivos

La técnica se conoce como calefacción o defensa activa contra heladas y consiste en distribuir numerosos focos de calor dentro de una plantación. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los calentadores funcionan principalmente aportando calor al aire y mediante radiación directa hacia las plantas.

Hay además un concepto que durante mucho tiempo generó confusión: no es el humo lo que evita que se congelen los cultivos. La FAO señala que el humo prácticamente no reduce la pérdida de radiación térmica durante la noche y recomienda, por el contrario, sistemas eficientes que produzcan poco humo.

Lo importante es generar numerosos puntos de calor relativamente pequeños y distribuirlos dentro del lote, reforzando especialmente bordes y sectores bajos donde tiende a concentrarse el aire frío. El sistema funciona mejor durante heladas radiativas, caracterizadas por cielo despejado, viento débil y una inversión térmica cerca de la superficie.

En unas pocas horas pueden perder toda la cosecha

La sensibilidad de una planta al frío cambia radicalmente según el momento de su ciclo y un frutal en reposo puede soportar temperaturas que serían muy dañinas durante la floración. Cuando aparecen flores y luego pequeños frutos, los tejidos se vuelven considerablemente más vulnerables.

Los frutos dañados por una helada intensa pueden perder calidad, frenar su desarrollo o directamente quedar fuera de la cosecha.
Los frutos dañados por una helada intensa pueden perder calidad, frenar su desarrollo o directamente quedar fuera de la cosecha.

El INTA San Pedro explica que este es precisamente el problema durante agosto y septiembre en el norte de Buenos Aires, cuando durazneros y arándanos abandonan progresivamente el reposo invernal. En esa región, los productores de durazno utilizan tradicionalmente calefacción de los lotes —principalmente con leña— mientras que para arándanos es habitual la aspersión de agua.

Una práctica frecuente en varias regiones de Argentina

Mendoza es probablemente uno de los lugares donde estas imágenes resultan más conocidas debido a la extensión de sus viñedos y montes frutales. Allí la amenaza de las heladas tardías obliga cada primavera a vigilar especialmente cultivos que atraviesan brotación, floración o cuaje.

Otro escenario crítico es el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, donde la producción de peras, manzanas y frutas de carozo convive históricamente con este riesgo climático. Según trabajos técnicos del INTA, los valles patagónicos registran en promedio unas 47 heladas por año, aunque las agronómicamente importantes se concentran principalmente en otoño y primavera.

El mismo organismo calcula una frecuencia media de entre tres y cinco heladas durante septiembre en los valles patagónicos. Por ese motivo, allí se utilizan sistemas de defensa mediante aspersión y riego subarbóreo, además de otras tecnologías destinadas a modificar el microclima del monte frutal.

En el norte bonaerense la práctica tampoco es nueva: el servicio específico de alarma contra heladas del INTA San Pedro comenzó a funcionar en 1998. Las alertas permiten decidir cuándo resulta necesario comenzar una defensa que puede obligar a permanecer durante toda la madrugada dentro de la explotación.

La extraña estrategia de cubrir las plantas con hielo

El fuego no es la única herramienta y existe una alternativa que resulta incluso más sorprendente a simple vista: regar las plantas mientras hiela hasta que terminan cubiertas por una capa de hielo. El principio físico es que, al congelarse, el agua libera calor y puede ayudar a mantener los tejidos vegetales alrededor de una temperatura menos dañina.

También se utilizan máquinas de viento para mezclar el aire más cálido ubicado por encima de la superficie con el aire muy frío acumulado junto al cultivo. La FAO incluye entre los métodos activos contra heladas a calentadores, ventiladores, aspersores y, en determinadas circunstancias, incluso helicópteros.

Una técnica que comenzó hace más de 2.000 años

Lo más llamativo es que esta estrategia no pertenece a la agricultura moderna: la FAO documenta el empleo de fuegos y calentadores contra las heladas desde hace más de dos milenios. Originalmente se utilizaban hogueras abiertas y con el tiempo fueron apareciendo recipientes y equipos destinados específicamente a mejorar la transferencia de calor hacia los cultivos.

Uno de los antecedentes modernos apareció en 1907 en Colorado, Estados Unidos, con calentadores metálicos que luego evolucionaron hacia los conocidos orchard heaters o smudge pots. Durante décadas se emplearon masivamente en regiones frutícolas, aunque la contaminación y el costo del combustible favorecieron posteriormente la expansión de ventiladores y sistemas de aspersión.

Detrás de las llamativas imágenes de campos rodeados de fuego hay, entonces, una verdadera carrera contra la temperatura. Durante una helada intensa, ganar apenas uno o dos grados alrededor de una flor o un pequeño fruto puede ser suficiente para cambiar el destino de una cosecha completa.