¿Cuándo dormir si el sol sale 16 veces al día? El dilema diario de los astronautas en la Estación Espacial internacional

Astronautas en la ISS ven 16 amaneceres diarios. Para sobrevivir física y mentalmente, dependen de horarios estrictos, luces artificiales y rituales que mantienen la noción del tiempo.

Quienes viven en la Estación Espacial Internacional presencian, en promedio, 16 amaneceres y 16 atardeceres cada día.
Quienes viven en la Estación Espacial Internacional presencian, en promedio, 16 amaneceres y 16 atardeceres cada día.

Desde la ventana de la cúpula de la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), los astronautas pueden contemplar un amanecer sobre la Tierra y, menos de una hora después, ver otro. No es una metáfora ni una exageración poética: la estación completa una vuelta al planeta cada 92 minutos. Eso significa que quienes viven allí presencian, en promedio, 16 amaneceres y 16 atardeceres cada día.

Pero el espectáculo visual tiene un costo. El Sol no se oculta lentamente como en la Tierra. Desaparece detrás de la curvatura del planeta en apenas diez segundos y deja a la estación sumida en una oscuridad abrupta. Cuarenta y cinco minutos después, la luz vuelve a irrumpir con la misma intensidad.

A simple vista, la vida en microgravedad parece una experiencia casi mágica, donde las reglas terrestres dejan de existir. Sin embargo, la realidad es exactamente la contraria: todo en la ISS está cuidadosamente regulado para evitar que el cuerpo humano colapse ante un entorno para el cual jamás evolucionó.

El horario que nadie usa en la Tierra

Dentro de la estación no existe el “horario local”. Los astronautas trabajan bajo el Tiempo Universal Coordinado (UTC), el mismo sistema utilizado por controladores aéreos y observatorios astronómicos. Sin importar si despegaron desde Estados Unidos, Kazajistán o Japón, todos sincronizan su rutina con ese reloj común.

Cada jornada está dividida con precisión. Hay horarios establecidos para despertarse, trabajar, ejercitarse, comer y dormir. Lo que parece una agenda de oficina es, en realidad, una herramienta de supervivencia.

El cuerpo humano necesita ciclos regulares de luz y oscuridad para mantener estable el reloj biológico. En la Tierra, ese mecanismo se guía por la salida y la puesta del Sol. En el espacio, donde el amanecer ocurre cada 90 minutos, el sistema simplemente se desordena.

Los astronautas trabajan bajo el Tiempo Universal Coordinado (UTC).
Los astronautas trabajan bajo el Tiempo Universal Coordinado (UTC).

Los efectos aparecen rápido: alteraciones en la secreción de melatonina, cambios en la temperatura corporal, fatiga mental y pérdida de concentración. Investigadores llevan años estudiando cómo monitorear en tiempo real el ritmo circadiano de los astronautas para comprobar si sus organismos siguen respondiendo al “día artificial” impuesto por la estación.

La luz como medicina

Para compensar el problema, la iluminación de la ISS fue diseñada casi como un tratamiento médico. Los paneles LED modifican el tono y la intensidad de la luz según el momento del día.

Durante la “mañana”, predominan tonos azulados que ayudan a mantener el estado de alerta. Por la noche, la iluminación se vuelve más cálida y tenue para estimular el sueño. En términos prácticos, los astronautas reciben una especie de “dosis diaria de fotones” destinada a engañar al cerebro y convencerlo de que sigue viviendo en la Tierra.

La importancia de este sistema va mucho más allá del confort. Un error humano en órbita puede ser crítico. La calidad del sueño influye directamente en tareas delicadas como operar brazos robóticos, realizar caminatas espaciales o acoplar naves de carga.

Dormir flotando y atado a una pared

El descanso también requiere ingeniería. Cada astronauta dispone de un pequeño compartimento privado, parecido a una cabina telefónica, donde duerme dentro de una bolsa fijada a la pared.

No se trata de una comodidad extra. En microgravedad, un cuerpo sin sujetar flotaría por toda la estación, chocando contra equipos o incluso bloqueando zonas de circulación.

Las dificultades no son solo biológicas en el espacio. También aparecen desafíos culturales y religiosos inesperados.
Las dificultades no son solo biológicas en el espacio. También aparecen desafíos culturales y religiosos inesperados.

Además, existe otro problema menos conocido: el dióxido de carbono. En ausencia de gravedad, el aire exhalado no se dispersa naturalmente. Puede acumularse alrededor de la cabeza del astronauta mientras duerme. Por eso, cada cabina cuenta con ventiladores que mantienen el aire en movimiento y evitan riesgos respiratorios.

Aun así, la mayoría de los tripulantes duerme menos de lo recomendado. Estudios sobre privación del sueño muestran que las personas suelen subestimar cuánto afecta su rendimiento mental. En la ISS ocurre lo mismo: muchos astronautas creen estar funcionando con normalidad hasta que los datos revelan tiempos de reacción cada vez más lentos.

Cómo rezar cuando el Sol sale 16 veces

Las dificultades no son solo biológicas. También aparecen desafíos culturales y religiosos inesperados.

En 2007, el astronauta malasio Sheikh Muszaphar Shukor viajó a la ISS durante el Ramadán. Surgió entonces una pregunta inédita: ¿cómo cumplir con los horarios de oración y ayuno en un lugar donde el Sol sale y se pone dieciséis veces por día?

La respuesta llegó tras consultas entre científicos y autoridades religiosas islámicas. Se decidió que las oraciones debían seguir el horario del lugar de lanzamiento y no el ciclo orbital. La dirección hacia La Meca podía estimarse “de la mejor manera posible”, priorizando la intención espiritual por encima de la precisión geométrica.

Otras religiones enfrentaron dilemas similares. Astronautas judíos debieron definir qué atardecer marcaba el inicio del sábado, mientras cosmonautas ortodoxos adaptaron festividades tradicionales al tiempo orbital.

El valor inesperado de un cumpleaños

Con el tiempo, las agencias espaciales descubrieron que las celebraciones no eran simples entretenimientos. Cumpleaños, Navidad, Año Nuevo Lunar o Diwali ayudan a que la tripulación mantenga una percepción normal del paso del tiempo.

Sin esos rituales, seis meses en órbita podrían sentirse como un único día interminable.

Por eso, las naves de carga suelen llevar pequeños regalos, decoraciones y hasta versiones rehidratables de tortas. Todo debe cumplir estrictas normas de seguridad y quedar sujeto con velcro para evitar que flote por la estación.

El experimento más humano del espacio

Después de más de 25 años de ocupación continua, la ISS demostró que los seres humanos pueden adaptarse a la microgravedad, al aire reciclado y a vivir encerrados durante meses. Lo que no pueden abandonar es la necesidad de organizar el tiempo.

Las luces artificiales, los calendarios, las rutinas y hasta los cumpleaños funcionan como anclas psicológicas. En una estación que viaja a 28.000 kilómetros por hora y atraviesa 16 amaneceres diarios, la humanidad sigue dependiendo de algo sorprendentemente simple: acordar, colectivamente, cuándo empieza un nuevo día.

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