El alimento de medio planeta en peligro: cómo un episodio extremo de El Niño amenaza al arroz
El fortalecimiento de El Niño, combinado con el calentamiento global y el aumento de los costos de producción, pone en riesgo la cosecha mundial de arroz y alimenta el temor a una nueva crisis alimentaria.

El avance de un episodio de El Niño que podría alcanzar una intensidad fuerte o incluso muy fuerte durante los próximos meses vuelve a encender las alarmas sobre la seguridad alimentaria mundial. Entre los cultivos más expuestos aparece el arroz, un alimento esencial para más de la mitad de la población del planeta y cuya producción depende de un delicado equilibrio entre disponibilidad de agua, temperaturas moderadas y estabilidad comercial.
Los pronósticos climáticos indican que el fenómeno, ya instalado sobre el océano Pacífico tropical, tenderá a intensificarse hacia finales de año. Cuando esto ocurre, las lluvias cambian drásticamente de distribución: algunas regiones reciben precipitaciones muy superiores a lo normal, mientras que otras sufren sequías prolongadas y olas de calor más intensas.
El cultivo que más puede sentir el impacto
A diferencia de otros cereales, el arroz es especialmente vulnerable a un evento fuerte de El Niño. Mientras que la producción mundial de trigo suele compensar las pérdidas de una región con buenas cosechas en otras, el arroz presenta una realidad muy distinta.
La mayor parte del suministro global se concentra en Asia y solo una pequeña proporción llega al comercio internacional. Esto significa que cualquier caída simultánea de la producción en varios países puede repercutir rápidamente sobre la oferta disponible y provocar fuertes aumentos de precios.
Por esa razón, cualquier alteración en la producción trasciende el ámbito agrícola y puede convertirse en un problema económico y social de gran magnitud.
Más calor y menos agua: una combinación preocupante
Los especialistas advierten que esta vez existe un factor adicional respecto de eventos pasados: el cambio climático.
Al déficit de precipitaciones característico de El Niño se suma un aumento sostenido de las temperaturas, que incrementa el estrés sobre los cultivos y acelera la pérdida de humedad de los suelos y de los embalses destinados al riego.

El arroz es uno de los cultivos que más agua necesita. Cerca de tres cuartas partes de la producción mundial provienen de arrozales inundados, donde el agua no solo favorece el crecimiento de la planta, sino que también controla las malezas, facilita la formación de los granos y ayuda a reducir el estrés provocado por el calor extremo.
Aunque existen variedades capaces de desarrollarse con menor disponibilidad hídrica, generalmente producen rendimientos inferiores. Por eso, numerosos programas científicos trabajan para incorporar esa resistencia a la sequía en variedades de alto rendimiento ampliamente utilizadas por los agricultores.
El riesgo de una nueva escalada de precios
La preocupación no se limita únicamente a la producción. El mercado internacional del arroz también presenta características que amplifican cualquier crisis.
La mayor parte del cereal producido permanece dentro de los países donde se cultiva y menos del 10 % suele comercializarse internacionalmente. En consecuencia, cuando uno o varios grandes exportadores restringen sus ventas al exterior, los precios reaccionan con rapidez.
Algo similar ocurrió en 2023, cuando India limitó las exportaciones para proteger su mercado interno, una decisión que impulsó una fuerte suba de las cotizaciones internacionales. Aunque actualmente el panorama es más favorable gracias a las abundantes reservas acumuladas por ese país y al levantamiento de las restricciones comerciales, ese equilibrio podría romperse si El Niño provoca pérdidas importantes en la próxima cosecha.
Los antecedentes muestran que este tipo de situaciones puede agravarse rápidamente. Durante la crisis alimentaria de 2007-2008, la combinación de restricciones a las exportaciones y compras impulsadas por el temor al desabastecimiento llevó a que el precio internacional del arroz prácticamente se triplicara. Las consecuencias incluyeron disturbios sociales en decenas de países e incluso una grave crisis política en Haití.
Los países más vulnerables vuelven a ser aquellos que dependen de las importaciones para alimentar a su población, entre ellos Filipinas y varias naciones del oeste africano.
Adaptarse antes de que llegue el impacto
Frente a este escenario, productores e investigadores buscan reducir los riesgos mediante nuevas estrategias de manejo agrícola.
En Indonesia, por ejemplo, muchos agricultores aceleran la siembra para intentar adelantarse a los efectos más severos del fenómeno climático. Paralelamente, diferentes estudios muestran que algunas variedades de arroz pueden utilizar el agua con mayor eficiencia sin sacrificar significativamente el rendimiento ni la calidad de los granos.

También existen prácticas agronómicas que permiten disminuir el consumo de agua, como espaciar los períodos de inundación de los arrozales o retrasar parte del riego durante determinadas etapas del cultivo. Sin embargo, los especialistas advierten que reducir excesivamente la presencia de agua puede dejar a las plantas más expuestas a temperaturas extremas justamente durante la floración, una de las fases más sensibles de su desarrollo.
Un desafío que excede a la agricultura
Los expertos coinciden en que afrontar un episodio intenso de El Niño requerirá mucho más que innovaciones en el campo.
Aunque el mundo dispone hoy de más herramientas para enfrentar este tipo de fenómenos que décadas atrás, la próxima campaña de arroz será una prueba decisiva. Lo que ocurra en los principales países productores no solo influirá sobre el precio de uno de los alimentos más consumidos del planeta, sino también sobre la seguridad alimentaria y la estabilidad económica de millones de personas.
Referencia de la noticia
The Conversation. A severe El Niño could threaten something essential to half of humanity – rice.