El campo enciende una señal de alerta: falta agua en los suelos y septiembre será clave para la campaña

Una de las principales regiones agrícolas del país comenzó septiembre con un fuerte deterioro de las reservas de humedad. El problema ya condiciona siembras y convierte a las próximas lluvias en una variable decisiva.

El maíz temprano comienza a mostrar la necesidad de nuevas lluvias en sectores de la región núcleo, donde la humedad superficial ya limita el avance de la siembra.
El maíz temprano comienza a mostrar la necesidad de nuevas lluvias en sectores de la región núcleo, donde la humedad superficial ya limita el avance de la siembra.

Durante buena parte del invierno, el agua no aparecía como el principal problema del campo argentino. Pero septiembre comenzó a cambiar esa fotografía y una de las regiones que más granos produce en el país muestra una señal de alerta que obliga a mirar al cielo.

El problema se concentra especialmente en la región núcleo, que abarca sectores productivos de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el 70 % de los suelos de la zona se encuentra entre condiciones de escasez hídrica y sequía, mientras que sólo el 30% conserva reservas regulares a adecuadas.

Por qué el agua volvió a convertirse en un problema

La situación no responde a que haya dejado de llover por completo, sino a la distribución de las precipitaciones y al agua que quedó almacenada en los perfiles. En agosto, la BCR registró apenas entre 1 y 20 milímetros en sectores del oeste de la región, mientras que hacia el este los acumulados oscilaron entre 30 y 62 milímetros.

La diferencia respecto del año pasado es considerable, porque a esta altura de 2025 prácticamente toda la región núcleo mantenía reservas adecuadas u óptimas. La nueva campaña comienza septiembre con un colchón de humedad mucho menor justo cuando los cultivos empezarán a consumir más agua.

El deterioro tampoco significa que toda la agricultura argentina atraviese actualmente una sequía generalizada. El Panorama Agrícola Semanal de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires muestra que el 89 % del trigo nacional mantiene una condición hídrica Adecuada a Óptima y el 95,9 % permanece entre Normal y Excelente.

El maíz ya encuentra el primer límite

La consecuencia más inmediata aparece en el maíz temprano, cuya siembra avanzó rápidamente aprovechando las condiciones disponibles durante el comienzo de septiembre. La región núcleo ya implantó más de 500.000 hectáreas, cerca de una cuarta parte del área prevista, pero en algunos sectores empiezan a agotarse los lotes con humedad suficiente.

Siembra de maíz temprano, implantado en la localidad de Enrique Carbó, provincia de Entre Ríos. Gentileza: Luis Tronco, para la Bolsa de Cereales de Buenos Aires
Siembra de maíz temprano, implantado en la localidad de Enrique Carbó, provincia de Entre Ríos. Gentileza: Luis Tronco, para la Bolsa de Cereales de Buenos Aires

La entidad rosarina advierte que en zonas como Carlos Pellegrini y Marcos Juárez quedan pocas superficies en condiciones de seguir sembrándose sin nuevas lluvias. En sectores occidentales serían necesarios alrededor de 20 milímetros para recuperar una humedad que permita continuar las labores con mayor seguridad.

El problema es particularmente sensible porque para sembrar no alcanza con disponer de agua en profundidad. La semilla necesita humedad en los primeros centímetros del suelo para lograr una emergencia uniforme, y es justamente allí donde el deterioro empieza a hacerse más evidente.

El trigo todavía resiste, pero necesitará cada vez más agua

El trigo presenta por ahora una situación mucho más favorable y la Bolsa de Cereales destaca una buena disponibilidad hídrica en buena parte del área implantada. En los núcleos Norte y Sur, además, el cultivo avanza desde macollaje hacia encañazón con condiciones generales que todavía resultan favorables.

Trigo en inicio de encañazón, sembrado en Enrique Carbó, provincia de Entre Ríos. Gentileza: Luis Tronco, para la Bolsa de Cereales de Buenos Aires
Trigo en inicio de encañazón, sembrado en Enrique Carbó, provincia de Entre Ríos. Gentileza: Luis Tronco, para la Bolsa de Cereales de Buenos Aires

Pero esa tranquilidad tiene un límite agronómico: el cereal se aproxima a etapas en las que aumenta considerablemente su consumo de agua. Encañazón, hoja bandera, floración y llenado de granos son momentos determinantes para definir rendimiento, por lo que la continuidad de las precipitaciones comenzará a ganar importancia.

La BCR ya observa una pérdida respecto de la excepcional situación registrada el año pasado, aunque todavía predominan los lotes en buenas condiciones. El riesgo es que una falta prolongada de lluvias durante septiembre empiece a afectar el potencial justo cuando el cultivo ingresa en sus fases más sensibles.

Septiembre puede definir el rumbo de la campaña

Lo que ocurre ahora con los suelos no implica que la producción esté comprometida de manera irreversible. La señal de alerta aparece porque el margen de agua disponible comienza a reducirse al mismo tiempo que aumenta la demanda de los cultivos y arranca la implantación de la gruesa.

Una serie de lluvias generalizadas durante septiembre podría recomponer rápidamente la humedad superficial, permitir que avance el maíz y sostener al trigo. Si las precipitaciones continúan siendo escasas o demasiado localizadas, en cambio, la falta de agua podría comenzar a modificar fechas de siembra, decisiones productivas y expectativas de rendimiento.

Por eso, más allá de los pronósticos para la primavera y de las expectativas vinculadas a El Niño, hay una necesidad mucho más inmediata. Para una parte del corazón agrícola argentino, la pregunta decisiva de las próximas semanas será cuánto va a llover, dónde lo hará y, sobre todo, si esa lluvia llegará a tiempo.