El mapa del calor extremo global: ¿por qué las altas temperaturas se están volviendo más severas y frecuentes?
Un estudio internacional revela que el estrés térmico aumenta en todo el planeta y que las noches se están calentando más rápido que los días, exponiendo a miles de millones de personas a mayores riesgos para la salud.

El calor extremo ya no es un fenómeno excepcional ni limitado a determinadas regiones del planeta. Un nuevo estudio científico advierte que alrededor de mil millones de personas más sufren al menos un día de estrés térmico extremo al año en comparación con la década de 1970, una tendencia que refleja el creciente impacto del cambio climático sobre la vida cotidiana.
La investigación, publicada recientemente en la revista Nature Climate Change, concluye que el estrés térmico global se está intensificando tanto durante el día como por la noche, e incluso en ambos períodos de forma simultánea. Los resultados muestran una realidad preocupante: no solo aumentan las temperaturas, sino también la sensación de calor que experimentan las personas.
Un planeta cada vez más expuesto al calor
El estrés térmico representa la carga de calor que soporta el organismo humano y depende de varios factores, entre ellos la temperatura del aire, la humedad, el viento y la radiación solar. Para medirlo, los investigadores utilizaron el Índice Climático Térmico Universal (UTCI), una herramienta que permite evaluar cómo responde el cuerpo humano a las condiciones ambientales reales.
Aunque las olas de calor han ganado protagonismo en los últimos años por su frecuencia e intensidad, los científicos señalan que todavía existe una comprensión limitada sobre cómo evolucionan las condiciones de calor que afectan directamente a las personas a escala global.
Para abordar esta cuestión, un equipo de especialistas de Alemania y Reino Unido analizó registros mundiales de estrés térmico correspondientes al período 1950-2024. Los resultados muestran un aumento sostenido de la sensación térmica durante los días y noches más cálidos del año desde la década de 1970.
Las noches se calientan más rápido que los días
Uno de los hallazgos más llamativos es que las noches más cálidas están registrando un incremento de temperatura superior al de los días más extremos. Según el estudio, las diez noches más cálidas de cada año se han calentado a una tasa promedio global de 0,32 °C por década, mientras que los diez días más cálidos lo hicieron a un ritmo de 0,27 °C por década.
Los investigadores también detectaron que los eventos de calor extremo son cada vez más frecuentes en todos los continentes. Las regiones subtropicales figuran entre las más afectadas. Zonas del sur de América del Norte, el sur de Europa, amplias áreas de África y sectores de América del Sur experimentan actualmente hasta 50 días adicionales al año con niveles de estrés térmico considerados fuertes o extremos respecto de los registrados en los años setenta.
Como consecuencia de esta tendencia, la proporción de la población mundial expuesta a al menos un día anual de estrés térmico extremo pasó del 16 % al 22 %. En términos absolutos, esto equivale a aproximadamente mil millones de personas adicionales.
Impactos crecientes sobre la salud y el trabajo
Las consecuencias del calor excesivo van mucho más allá de la incomodidad. Los especialistas advierten que el estrés térmico puede provocar agotamiento por calor, deshidratación y episodios de pérdida de conocimiento. Sin embargo, sus efectos también pueden manifestarse a largo plazo mediante enfermedades cardiovasculares, problemas renales, trastornos respiratorios y el agravamiento de patologías crónicas preexistentes.
En paises de latitudes medias, por ejemplo, los riesgos son especialmente elevados para quienes desarrollan tareas al aire libre en sectores como la agricultura, la construcción y el mantenimiento de infraestructuras. En el ámbito agrícola, la exposición simultánea al calor y a sustancias químicas presentes en fertilizantes y fitosanitarios puede incrementar los efectos adversos sobre la salud.

Según datos difundidos por la Fundación Primero de Mayo de España en 2025, las altas temperaturas favorecen una mayor inhalación de aire y aumentan la volatilidad de ciertos compuestos químicos, potenciando su impacto en el organismo.
El problema también alcanza a determinados entornos laborales cerrados. Industrias como la siderurgia, la fabricación de plásticos y otros procesos productivos que generan calor interno presentan condiciones especialmente desafiantes para los trabajadores, lo que obliga a mantener estrictos controles de temperatura.
Frente a este escenario, los autores del estudio sostienen que será fundamental fortalecer los planes de acción sanitaria, mejorar los sistemas de alerta temprana y avanzar en estrategias de refrigeración urbana. Además, destacan la necesidad de incorporar indicadores de estrés térmico en las evaluaciones de riesgo climático para reducir la vulnerabilidad de la población y anticiparse a los efectos de un mundo cada vez más cálido.
Referencia de la noticia
Emerton, R. et al.. (2026). Global heat stress intensification and its expanding footprint on the human population.