No solo los humanos adoptan animales: los sorprendentes casos de monos con sus propias mascotas

Investigadores de Oxford reunieron cientos de casos de monos y simios que acunan, cuidan y adoptan animales de otra especie, y creen que ahí están las raíces evolutivas de nuestro vínculo con las mascotas.

Un langur gris copetudo (Semnopithecus priam) acariciando una ardilla gigante canosa (Ratufa macroura) en el Parque Nacional Yala, Sri Lanka; Foto de Cyril Grueter, autora del artículo, con licencia de Wikimedia Commons
Un langur gris copetudo (Semnopithecus priam) acariciando una ardilla gigante canosa (Ratufa macroura) en el Parque Nacional Yala, Sri Lanka; Foto de Cyril Grueter, autora del artículo, con licencia de Wikimedia Commons

Durante mucho tiempo dimos por sentado que eso de encariñarse con un bicho de otra especie, alimentarlo, dormir a upa suyo, era un capricho exclusivamente humano.

Un macaco de cola corta que le saca pulgas a un perro callejero en Tailandia, un langur que acaricia con delicadeza a una ardilla gigante en Sri Lanka o simios que adoptan crías de otra especie y las cuidan durante meses vienen a desarmar esa idea.

La ciencia acaba de ponerle números a algo que parecía una anécdota curiosa de un zoológico.

Un equipo internacional liderado por la Universidad de Oxford publicó en la revista Primates la primera revisión sistemática de estos vínculos: 427 casos registrados, con 88 especies de primates involucradas y 127 especies "compañeras", 55 de ellas no primates.

Los datos surgen de 303 casos documentados en la literatura científica, 58 reportes de medios y una encuesta a 66 primatólogos de campo. Es, hasta ahora, el catálogo más completo de amistades entre especies que se conozca en el mundo de los primates.

Cuando el cariño cruza la línea de la especie

Los ejemplos son tan variados como conmovedores. Monos de nariz chata jugando con chanchos domésticos en China, lémures de cola anillada acicalando a lémures de bambú en Madagascar.

Sin llegar a ser el cuidado de mascotas actual, estos comportamientos representan los cimientos evolutivos del lazo humano-animal.

El caso más citado ocurrió en Brasil en 2006, cuando un grupo de monos capuchinos silvestres adoptó a una cría de tití abandonada y la cuidó durante meses, alimentándola y protegiéndola como si fuera propia. Años después, en 2017, una macaca de un zoológico israelí adoptó a un pollito y lo trató como a su propia cría.

Pero no todo es ternura. Los investigadores registraron 13 casos donde el animal adoptado murió por manipulación brusca o negligencia, y un episodio en Arabia Saudita donde un babuino macho directamente "secuestró" a un cachorro de perro y lo cargó consigo durante largos períodos.

"Estas conductas no equivalen todavía al cuidado de mascotas tal como lo conocemos, pero podrían representar algunos de los cimientos evolutivos de los que después surgió el vínculo humano con los animales", explicó Cyril Grueter, antropólogo de Oxford y autor principal del estudio.

Lo que estos vínculos nos dicen sobre nosotros mismos

Lo llamativo es que la mayoría de estas interacciones entre especies en la naturaleza responde a razones prácticas, como la recolección silvestre más segura o detectar depredadores con anticipación. Acá no: jugar, acicalar, cargar o dormir pegado a un animal de otra especie no trae ninguna ventaja evidente, lo que sugiere una curiosidad social genuina, muy parecida a la que después floreció en nuestra propia historia evolutiva.

Para Grueter y su equipo, entender por qué algunas especies forman lazos positivos con otras también tiene aplicaciones concretas: puede mejorar el manejo de recintos mixtos en zoológicos y santuarios, y aporta pistas nuevas sobre cómo evolucionaron la empatía y la flexibilidad social en los primates.

El desafío ahora es que los estudios de campo registren estas interacciones de forma sistemática, en lugar de tratarlas como curiosidades aisladas.

Un macaco japonés (Macaca fuscata) montado sobre el lomo de un ciervo sika (Cervus nippon) en Yakushima, Japón. Crédito: Alexandre Bonnefoy y Cédric Sueur, de Primates (2026).
Un macaco japonés (Macaca fuscata) montado sobre el lomo de un ciervo sika (Cervus nippon) en Yakushima, Japón. Crédito: Alexandre Bonnefoy y Cédric Sueur, de Primates (2026).

Que un capuchino críe a una cría de tití ajena o que una macaca adopte un pollito no convierte a los primates en dueños de mascotas como los entendemos nosotros.

Pero sí deja una pista poderosa: la costumbre de abrirle la puerta del cariño a otra especie no nació con los humanos, viene arrastrándose por millones de años de historia evolutiva compartida.

Referencia de la noticia

Grueter, C. et al. (2026). Heterospecific social behavior in primates: insights into the evolutionary roots of pet-keeping. Primates, Springer.

University of Oxford (29 de julio de 2026). Monkey friendships with dogs, deer, and pigs offer clues to the evolutionary origins of pet-keeping.