La campaña agrícola avanza bajo un techo de nubes: la humedad frena al maíz y la falta de sol limita al trigo

La producción mantiene buenas perspectivas, aunque los excesos hídricos frenan las labores y la persistente falta de sol comienza a preocupar en los lotes de trigo.

Lote con maíz tardío (de segunda), en fin de maduración fisiológica, muy buen estado, en el centro sur del departamento General Obligado, provincia de Santa Fe. Gentileza: Bolsa de Comercio de Santa Fe.
Lote con maíz tardío (de segunda), en fin de maduración fisiológica, muy buen estado, en el centro sur del departamento General Obligado, provincia de Santa Fe. Gentileza: Bolsa de Comercio de Santa Fe.

La campaña agrícola dispone de buenas reservas de agua, pero encuentra dificultades para avanzar con las labores y sostener su potencial productivo. El problema ya no es solamente cuánto llueve, sino cuánto tarda el ambiente en secarse y cuántas horas de sol reciben los cultivos.

El agua, que durante buena parte del ciclo fue una aliada, empieza a convertirse en un obstáculo. Los lotes no alcanzan a orearse entre una lluvia y otra, las máquinas pierden días de trabajo y los cultivos acumulan jornadas con poca radiación solar.

Según la Bolsa de Comercio de Rosario, el tiempo frío y seco se volvió una necesidad para la región núcleo. Una secuencia de jornadas estables permitiría que los suelos recuperen piso y que el trigo vuelva a disponer de más horas de sol.

Maíz: el volumen está, pero cuesta sacarlo

Según el Panorama Agrícola Semanal de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la cosecha de maíz alcanzó el 73,7 % del área apta, con un rendimiento medio nacional de 79,1 quintales por hectárea. Estos resultados permiten mantener una proyección de producción de 64 millones de toneladas.

La recolección presenta una demora de 15,6 puntos porcentuales frente a la campaña anterior y de 11,5 puntos respecto del promedio de las últimas diez campañas. El maíz conserva su rendimiento, pero la humedad impide retirarlo de los lotes con la velocidad habitual.

La elevada humedad ambiental demora el secado de los granos y limita el ingreso de las cosechadoras, especialmente en bajos y ambientes con drenaje deficiente. La permanencia prolongada aumenta los costos y expone al cultivo a vuelcos, quebrado de plantas, deterioro de espigas y pérdidas de calidad.

Si no aparece una ventana estable, parte del maíz podría cosecharse con una humedad superior a la conveniente. Esto obligaría a afrontar gastos adicionales de secado y reduciría el margen económico de los productores.

Casi toda el área de trigo está implantada

De acuerdo con la Bolsa de Cereales porteña, la siembra de trigo cubre el 99 % de las 6,5 millones de hectáreas proyectadas, aunque durante la última semana relevada avanzó apenas 0,5 puntos porcentuales. Los excesos hídricos y la falta de piso explican esa desaceleración.

La condición general continúa siendo favorable: el 99,6 % del área emergida se encuentra entre normal y excelente y el 81,5 % dispone de humedad adecuada u óptima. Además, el 44,2 % de la superficie ya transita desde macollaje en adelante.

Los lotes más avanzados se concentran en el norte, donde el 97 % del cereal presenta una condición entre normal y excelente. En el sur, en cambio, los excesos complican la finalización de la siembra y comprometen los últimos ciclos cortos.

Hay humedad para crecer, pero falta sol

La disponibilidad de agua constituye una buena base para el trigo, pero no garantiza por sí sola un rendimiento elevado. El informe de la Bolsa de Comercio de Rosario pone el foco en la menor radiación provocada por la sucesión de jornadas cubiertas.

El trigo tiene agua en los perfiles, pero le falta energía solar para transformar esa humedad en crecimiento y rendimiento. La radiación permite realizar la fotosíntesis y producir la biomasa que luego será utilizada para formar tallos, espigas y granos.

Durante el macollaje, una menor luminosidad puede reducir la generación y supervivencia de macollos fértiles. Si la nubosidad persistiera durante la encañazón y el período crítico, también podría afectar la formación de espigas y el número de granos.

Todavía es temprano para traducir la falta de sol en una pérdida concreta de quintales, porque el cultivo mantiene una buena condición. El rendimiento no está comprometido, pero el potencial dependerá de que la radiación se recupere durante las próximas etapas.

La diferencia con el año pasado: llovía de noche y el sol volvía de día

Durante buena parte del ciclo anterior, numerosos episodios de lluvia se concentraban durante la noche, según recuerdan técnicos y productores. El agua recargaba los perfiles, pero el sol reaparecía durante el día.

Lotes con trigo en desarrollo vegetativo, muy buen a excelente estado, en el centro sur del departamento San Justo, provincia de Santa Fe. Gentileza: Bolsa de Comercio de Santa Fe.
Lotes con trigo en desarrollo vegetativo, muy buen a excelente estado, en el centro sur del departamento San Justo, provincia de Santa Fe. Gentileza: Bolsa de Comercio de Santa Fe.

Esa distribución permitía combinar disponibilidad hídrica y radiación solar. Los cultivos continuaban fotosintetizando mientras los caminos, los lotes y los granos avanzaban con mayor rapidez en su secado.

Este año la dinámica es diferente, porque las precipitaciones están acompañadas por más jornadas cubiertas, nieblas y elevada humedad. Aunque no llueva todo el día, la nubosidad puede persistir antes y después de cada evento.

En el maíz, esta combinación prolonga la humedad del lote y ralentiza el secado del grano. En el trigo, el efecto es menos visible, pero puede resultar decisivo durante las etapas de formación del rendimiento.

La diferencia entre ambas campañas no está solamente en los milímetros acumulados: también está en el momento en que llueve y en cuánto tarda el sol en volver. Por eso, una campaña con suficiente agua puede tener resultados distintos si disminuyen las horas de radiación.

El potencial depende de que se abra el cielo

La campaña conserva buenos cultivos, perfiles cargados y perspectivas favorables. En el maíz, el desafío será completar la cosecha antes de que la permanencia en el campo deteriore lo producido.

En el trigo, la buena implantación sostiene el optimismo, pero la falta de sol impide asegurar rendimientos elevados. El campo necesita días fríos, secos y especialmente soleados para que las máquinas vuelvan a trabajar y los cultivos recuperen su principal fuente de energía.

En esta campaña, el resultado final no dependerá solamente del agua almacenada en los perfiles. El techo productivo también estará condicionado por el momento en que finalmente se abra el techo de nubes.