La ONU alerta de que los servidores de la IA consumirán los mismos recursos que toda Francia en 2025

Un informe de Naciones Unidas advierte que el crecimiento acelerado de la inteligencia artificial implica un fuerte consumo de energía, agua y recursos naturales, además de profundizar desigualdades entre países.

El crecimiento explosivo de la inteligencia artificial está impulsando la expansión de centros de datos en todo el mundo.
El crecimiento explosivo de la inteligencia artificial está impulsando la expansión de centros de datos en todo el mundo.

Para millones de personas, utilizar inteligencia artificial ya forma parte de la rutina diaria. Consultar información, generar textos, crear imágenes o resumir documentos son tareas que se realizan en cuestión de segundos. Sin embargo, detrás de esa aparente simplicidad existe una compleja infraestructura física que demanda enormes cantidades de energía, agua, minerales y espacio.

Esa es una de las principales conclusiones de un reciente informe de Naciones Unidas, que analiza en profundidad los impactos ambientales de la inteligencia artificial y advierte que sus efectos van mucho más allá de las emisiones de carbono.

El estudio ofrece hasta ahora la evaluación más amplia sobre la huella ecológica de esta tecnología, incluyendo el consumo hídrico, el uso del suelo, la generación de residuos electrónicos y la distribución desigual de sus costos y beneficios en el planeta.

Centros de datos, agua y minerales: los recursos detrás de la revolución tecnológica

El crecimiento explosivo de la inteligencia artificial está impulsando la expansión de centros de datos en todo el mundo. Estas instalaciones albergan miles de servidores que procesan información las 24 horas del día y requieren sistemas de refrigeración permanentes para evitar el sobrecalentamiento.

Miriam Aczel, científica de UNU-INWEH y coautora del informe, sostiene que existe una percepción equivocada sobre la naturaleza de esta tecnología.

"La mayoría de las personas piensa en la IA como algo que vive en la nube o simplemente como software. Pero la inteligencia artificial no es solo código. Detrás hay una infraestructura física enorme que todavía no está suficientemente presente en el debate público ni en las políticas ambientales", explica.

La generación de videos aparece como uno de los desafíos emergentes más importantes.
La generación de videos aparece como uno de los desafíos emergentes más importantes.

Los investigadores destacan que la huella ambiental de la IA depende de múltiples factores: el tamaño del modelo utilizado, el tipo de tarea realizada, la ubicación de los centros de datos y las fuentes energéticas que alimentan los sistemas.

Incluso cuando los centros de datos funcionan con energías renovables, los impactos ambientales no desaparecen. Los expertos advierten que una baja emisión de carbono no necesariamente implica un menor consumo de agua o una menor ocupación territorial. En algunos casos, las cargas ambientales pueden trasladarse hacia regiones que ya enfrentan estrés hídrico o limitaciones en el uso de sus recursos naturales.

Un consumo energético que no deja de crecer

Las cifras incluidas en el informe reflejan la magnitud del fenómeno. Si los centros de datos del mundo fueran un país, su consumo eléctrico previsto para 2025 alcanzaría los 448 teravatios hora (TWh), una demanda comparable a la de Francia. Dentro de ese total, la inteligencia artificial representaría aproximadamente una quinta parte del consumo energético.

Las proyecciones son todavía más preocupantes. Si la expansión continúa al ritmo actual, el consumo asociado a la IA podría acercarse a los 945 TWh anuales hacia finales de la década, equivalente a cerca del 3 % de toda la electricidad utilizada en el planeta.

Las consecuencias ambientales serían igualmente significativas. Dependiendo de la matriz energética utilizada, las emisiones podrían alcanzar los 400 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente. A ello se sumarían más de 14.000 kilómetros cuadrados de uso territorial y un consumo de agua estimado en 9,3 billones de litros.

El impacto no está solo en el entrenamiento de los modelos

Aunque el entrenamiento de los grandes modelos de inteligencia artificial requiere enormes cantidades de recursos, los autores sostienen que el mayor impacto ambiental proviene del uso cotidiano.

Los cálculos del informe indican que modelos avanzados como ChatGPT procesan miles de millones de consultas diarias. Cada interacción individual parece insignificante, pero la suma de miles de millones de solicitudes genera una demanda energética considerable.

La huella ambiental de la IA depende de múltiples factores.
La huella ambiental de la IA depende de múltiples factores.

La generación de videos aparece como uno de los desafíos emergentes más importantes. Un solo clip de alta resolución puede requerir más energía que cientos de imágenes creadas mediante inteligencia artificial, una diferencia que podría amplificarse a medida que estas herramientas se integren en plataformas de uso masivo.

Una brecha global que también es ambiental

El informe pone el foco en una cuestión menos visible: la desigual distribución de los beneficios y los costos de la inteligencia artificial.

Actualmente, solo 32 países poseen infraestructura especializada para computación avanzada en IA. Además, cerca del 90 % de esa capacidad se concentra en Estados Unidos y China. Mientras tanto, más de 150 países dependen de proveedores externos para acceder a estas tecnologías.

Los investigadores advierten que gran parte de los minerales críticos necesarios para fabricar chips y equipos informáticos se extraen en países del Sur Global, donde la actividad minera suele generar impactos ambientales y sociales significativos.

Como resultado, muchas regiones soportan los costos asociados a la extracción de recursos y la contaminación, mientras que los beneficios económicos y tecnológicos se concentran en las economías más desarrolladas.

Ante este escenario, Naciones Unidas reclama una mayor transparencia sobre el consumo de recursos de la inteligencia artificial y la creación de estándares internacionales que permitan medir su huella ambiental de manera uniforme.

Referencia de la noticia

Aczel, M., Chamanara, S., Matin, M., Farsi, A., Marwala, T., Madani, K. “Environmental Cost of AI's Energy Use: Carbon, Water and Land Footprints”. United Nations University Institute for Water, Environment and Health (UNU-INWEH).

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