Las abejas también se preparan para El Niño: qué hacen los apicultores ante las lluvias que se vienen

Las lluvias que promete El Niño pueden cambiar la producción de miel en Argentina. Los apicultores ya toman precauciones para evitar pérdidas y proteger sus colmenas.

Las abejas cumplen un papel fundamental en la agricultura. Su trabajo de polinización favorece la reproducción de frutales, hortalizas y oleaginosas, y contribuye a mejorar los rendimientos.
Las abejas cumplen un papel fundamental en la agricultura. Su trabajo de polinización favorece la reproducción de frutales, hortalizas y oleaginosas, y contribuye a mejorar los rendimientos.

Hay productores que, mientras observan las perspectivas de lluvias para los próximos meses, comenzaron a levantar sus colmenas del suelo y revisar los caminos rurales. El Niño puede traer precipitaciones beneficiosas para el campo, pero para las abejas demasiada agua representa un problema tan importante como la sequía.

Cuando las precipitaciones se prolongan durante varios días, las abejas no pueden salir a recolectar néctar y polen, consumen sus reservas y las colonias comienzan a debilitarse. Esta situación preocupa a los apicultores, que necesitan aprovechar los períodos de buen tiempo para sostener la producción de miel.

El Niño puede cambiar la producción de miel en Argentina

Un informe elaborado por Hernán Pietronave y Hernán Fain, técnicos del INTA Reconquista, permite dimensionar el riesgo a partir de registros productivos del período 1992-2025. Durante los años El Niño, el rendimiento promedio alcanzó 22 kilos de miel por colmena, frente a 30,5 kilos durante La Niña y 29,1 kilos en períodos neutrales.

Sin embargo, los resultados muestran una diferencia todavía mayor cuando se analiza el comportamiento de las precipitaciones. En los años Niño con lluvias moderadas o escasas, los rendimientos promediaron 35,8 kilos por colmena, mientras que con precipitaciones abundantes descendieron a 13,7 kilos, una reducción superior al 60 %.

Según el INTA, el principal riesgo para la campaña apícola 2026/27 aparece cuando El Niño coincide con lluvias excesivas entre agosto y diciembre. Las precipitaciones persistentes pueden reducir los días de vuelo, provocar la caída de flores y diluir el néctar disponible.

Qué están haciendo los apicultores para proteger sus colmenas

En Santa Fe, la Cooperativa Apícola COSAR comenzó a trabajar con sus productores para reducir los riesgos asociados al escenario climático. Según explicó Juan Dukart, integrante de su Departamento Técnico, las recomendaciones incluyen elevar las colmenas, evitar sectores bajos y fortalecer las colonias antes de que lleguen las lluvias más importantes.

Una abeja puede visitar cientos de flores durante una jornada. Transporta néctar en su buche melario y acumula polen en estructuras especiales de sus patas posteriores.
Una abeja puede visitar cientos de flores durante una jornada. Transporta néctar en su buche melario y acumula polen en estructuras especiales de sus patas posteriores.

El especialista destacó la importancia de mantener las cajas alejadas del suelo para reducir los riesgos de anegamiento y humedad. También recomendó revisar las instalaciones y evaluar posibles traslados cuando los apiarios se encuentren en sectores expuestos a inundaciones.

Los expertos del INTA aconsejan controlar techos, pisos y soportes, además de favorecer una ventilación adecuada dentro de las colmenas. La acumulación de humedad puede perjudicar a las colonias incluso cuando el agua no ingresa directamente en las cajas, especialmente durante períodos prolongados de precipitaciones.

Pero el trabajo preventivo también ocurre dentro de cada colonia, donde resulta fundamental mantener poblaciones fuertes y reservas suficientes de alimento. Por eso recomiendan llegar a los períodos críticos con abejas sanas, bien nutridas y reinas renovadas, capaces de aprovechar rápidamente las jornadas favorables.

El problema que aparece cuando los caminos quedan bajo el agua

Una dificultad menos evidente surge cuando las lluvias impiden que los productores lleguen hasta sus apiarios. Los caminos rurales anegados complican las tareas de alimentación, los controles sanitarios y la incorporación de nuevas estructuras para almacenar miel.

Las abejas utilizan una danza para indicar dónde hay alimento. Con movimientos sobre los panales comunican la dirección y distancia de las flores, tomando como referencia la posición del Sol.
Las abejas utilizan una danza para indicar dónde hay alimento. Con movimientos sobre los panales comunican la dirección y distancia de las flores, tomando como referencia la posición del Sol.

Lo mejor es anticiparse a estas situaciones y mantener disponibles las medias alzas, estructuras que permiten ampliar el espacio de almacenamiento. Después de varios días de lluvia puede producirse una importante entrada de néctar, pero un camino intransitable puede impedir que el apicultor aproveche esa oportunidad.

Disponer de esos materiales cerca del apiario permite completar algunas tareas a pie cuando resulta imposible llegar con un vehículo. La planificación también incluye identificar caminos alternativos y determinar cuáles son los establecimientos que podrían quedar temporalmente aislados.

El manejo sanitario adquiere especial importancia porque las interrupciones prolongadas del pecoreo pueden debilitar a las colonias. Entre las recomendaciones técnicas aparecen el monitoreo de varroa y nosema, el control de las reservas y la suplementación nutricional cuando resulte necesaria.

Por qué las lluvias también pueden afectar la calidad de la miel

El exceso de humedad representa otro desafío durante la cosecha, porque las abejas necesitan reducir el contenido de agua del néctar antes de transformarlo en miel madura. Si el productor retira los cuadros demasiado temprano, aumenta el riesgo de obtener un producto con humedad elevada y susceptible a procesos de fermentación.

Las abejas regulan la temperatura de sus colmenas. Durante la crianza mantienen el área de cría cerca de los 35 °C mediante ventilación y otras conductas que protegen a las larvas.
Las abejas regulan la temperatura de sus colmenas. Durante la crianza mantienen el área de cría cerca de los 35 °C mediante ventilación y otras conductas que protegen a las larvas.

Por eso, Dukart recomienda cosechar cuando aproximadamente el 85 % de las celdas del cuadro se encuentran operculadas, es decir, cerradas con una fina capa de cera. También aconseja evitar que los cuadros permanezcan demasiado tiempo en ambientes húmedos después de retirarlos de las colmenas.

Las perspectivas no son necesariamente negativas en todas las regiones, porque una adecuada distribución de las precipitaciones puede favorecer las floraciones y mejorar la disponibilidad de alimento. La diferencia estará en la cantidad de días favorables para que las abejas trabajen y en la capacidad de los productores para anticiparse a los períodos de lluvia.