Ni químicos ni más abono: científicos logran usar la luz ultravioleta para multiplicar los nutrientes de las frutas

Una investigación comprobó que pequeñas dosis de radiación ultravioleta pueden activar las defensas naturales de las plantas y conseguir frutos con mayor concentración de compuestos beneficiosos.

La tecnología todavía debe ajustarse para cada cultivo, ya que la respuesta depende de la especie, la variedad, la intensidad y el momento de aplicación.
La tecnología todavía debe ajustarse para cada cultivo, ya que la respuesta depende de la especie, la variedad, la intensidad y el momento de aplicación.

Cuando se busca producir más o mejorar la calidad de un cultivo, las respuestas habituales pasan por la fertilización, el riego o la genética. Sin embargo, científicos españoles están explorando una estrategia completamente diferente: utilizar pequeñas dosis de luz ultravioleta para inducir a las plantas a producir frutos más nutritivos y aumentar, al mismo tiempo, su rendimiento.

La técnica no consiste en irradiar intensamente los alimentos ni en aportarles nutrientes desde afuera, sino en provocar un estrés controlado durante el desarrollo de la planta. La exposición desencadena mecanismos naturales de defensa que modifican su metabolismo y pueden terminar aumentando la concentración de sustancias antioxidantes en los frutos.

El experimento que logró tomates con más antioxidantes

Uno de los resultados más contundentes surgió de una investigación realizada por científicos vinculados con la Universidad CEU San Pablo, en España, que estudiaron plantas de tomate sometidas a pequeñas dosis de radiación ultravioleta antes de la floración. Los tratamientos se aplicaron semanalmente durante cuatro semanas y combinaron dosis controladas de radiación UV-C y UV-B.

Los investigadores descubrieron que las plantas irradiadas no solo respondieron fisiológicamente al tratamiento, sino que produjeron más flores y frutos y alcanzaron un mayor peso total de cosecha. Pero uno de los hallazgos más llamativos apareció cuando analizaron la composición de los tomates maduros.

Los frutos procedentes de las plantas tratadas presentaron un 27 % más de carotenoides, un 31 % más de licopeno y un 18 % más de compuestos fenólicos totales. Como resultado, también mostraron una capacidad antioxidante significativamente superior.

El licopeno es precisamente el pigmento que proporciona al tomate buena parte de su característico color rojo, mientras que carotenoides y compuestos fenólicos forman parte de un amplio grupo de sustancias bioactivas presentes naturalmente en frutas y verduras. El tratamiento con luz UV consiguió que la propia planta intensificara la producción de estos compuestos sin incorporarlos artificialmente.

El secreto está en provocar un pequeño estrés

Aunque generalmente se relaciona la radiación ultravioleta con daños celulares, las plantas llevan millones de años expuestas a ella y poseen mecanismos especializados para detectarla. El resultado depende fundamentalmente de la intensidad: una dosis excesiva puede provocar daños, pero una exposición reducida puede desencadenar una respuesta beneficiosa.

En tomate, los tratamientos con luz UV lograron aumentar la concentración de carotenoides, licopeno y compuestos fenólicos.
En tomate, los tratamientos con luz UV lograron aumentar la concentración de carotenoides, licopeno y compuestos fenólicos.

Este fenómeno se conoce como hormesis y ocurre cuando un estrés moderado activa los sistemas de defensa del organismo. Ante la radiación, la planta comienza a producir sustancias protectoras como flavonoides, antocianinas y otros compuestos fenólicos que le permiten enfrentarse mejor a condiciones ambientales adversas.

En el experimento con tomates, además, las plantas tratadas mantuvieron niveles más elevados de ácido ascórbico y acumularon más fenoles, flavonoles y antocianinas en sus hojas. Los científicos también detectaron cambios en la expresión del gen UVR8, relacionado con la capacidad de las plantas para percibir radiación ultravioleta.

Una tecnología que también se estudia en otras frutas

El potencial de la radiación UV no se limita al tomate. Diferentes investigaciones han encontrado respuestas positivas en uvas, frutillas, duraznos y otros cultivos hortícolas, aunque los resultados dependen del tipo de radiación, la dosis, la variedad, el momento de aplicación y las condiciones ambientales.

En uvas, por ejemplo, determinados tratamientos ultravioletas pueden favorecer la acumulación de estilbenos, sustancias que forman parte de las defensas naturales de la planta. En duraznos también se comprobó que tratamientos controlados de UV-B pueden modificar el metabolismo y aumentar posteriormente algunos grupos de compuestos fenólicos.

La radiación ultravioleta también está siendo estudiada como herramienta poscosecha. Existen trabajos que demuestran su capacidad para activar defensas naturales, reducir el desarrollo de determinados patógenos y conservar la calidad de frutas y verduras sin dejar residuos químicos.

¿Puede la luz ultravioleta reemplazar a los fertilizantes?

Aquí aparece una diferencia fundamental. La luz UV no puede sustituir completamente a los fertilizantes, porque una planta continúa necesitando nitrógeno, fósforo, potasio y otros nutrientes minerales esenciales para crecer y completar su ciclo.

La clave está en aplicar un estrés controlado: una dosis adecuada puede estimular respuestas beneficiosas sin dañar el cultivo.
La clave está en aplicar un estrés controlado: una dosis adecuada puede estimular respuestas beneficiosas sin dañar el cultivo.

Lo que esta tecnología podría hacer es mejorar determinados procesos fisiológicos y permitir que la planta utilice sus recursos de otra manera. Por eso los investigadores plantean su utilización como una herramienta complementaria que, en determinados sistemas productivos, podría contribuir a disminuir la dependencia de algunos insumos.

El gran desafío será trasladar los experimentos controlados a sistemas productivos comerciales. La respuesta cambia según la especie, la variedad, la longitud de onda, la intensidad y el tiempo de exposición, por lo que una dosis beneficiosa para una planta puede resultar insuficiente o incluso perjudicial para otra.

Aun así, los resultados abren una línea llamativa para la agricultura: en lugar de agregar una sustancia al cultivo para modificar el fruto, sería posible activar con luz mecanismos que la planta ya posee naturalmente. Una dosis cuidadosamente calculada de estrés podría convertirse así en una herramienta para producir alimentos con mayor concentración de compuestos beneficiosos y, eventualmente, con menos dependencia de insumos externos.