Nueve millones de toneladas de CO2: la paradoja climática que arruina el Mundial 2026 y que la FIFA intenta minimizar
Una especialista de la Universidad de Guadalajara sostiene que el crecimiento del Mundial 2026 podría convertirlo en el torneo con mayor impacto ambiental registrado, pese a las promesas de sustentabilidad de la FIFA.

Desde hace casi un siglo, la Copa del Mundo reúne cada cuatro años a millones de personas alrededor de una pasión compartida. Sin embargo, detrás del espectáculo deportivo también se esconden fenómenos sociales, políticos y culturales que reflejan la realidad de cada época. Ahora, en un contexto marcado por la crisis climática, el mayor torneo de fútbol del planeta enfrenta un nuevo cuestionamiento: su impacto ambiental.
La información fue expuesta por Alejandra del Carmen Meza Servín, Associate Professor en la Universidad de Guadalajara, para el medio The Conversation, quien analiza cómo el modelo actual de los grandes eventos deportivos entra en conflicto con la necesidad urgente de reducir las emisiones que aceleran el calentamiento global.
Mientras el último informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) advierte que el margen para evitar consecuencias irreversibles es cada vez menor, el Mundial 2026 aparece como un ejemplo de las contradicciones entre los discursos de sustentabilidad y la realidad.
La apuesta por estadios existentes no alcanza
Los organizadores de la Copa del Mundo que compartirán Canadá, Estados Unidos y México han presentado el torneo como una referencia en materia ambiental. Su estrategia se apoya en cuatro pilares interrelacionados: el social, el ambiental, el económico y el de gobernanza.
Uno de los principales argumentos es que, a diferencia de otras ediciones, prácticamente no fue necesario construir nuevos estadios. La comparación con Qatar 2022 es inevitable: allí siete de los ocho escenarios fueron levantados especialmente para el campeonato y el restante fue completamente remodelado.
Ese torneo dejó una huella ecológica considerable, con 3,6 millones de toneladas de dióxido de carbono emitidas según cifras oficiales, aunque distintas estimaciones sostienen que el impacto real fue bastante superior al contemplar factores como los vuelos diarios.

Para el Mundial 2026, reutilizar infraestructura existente busca reducir el uso de cemento y nuevas construcciones. Sin embargo, Meza Servín advierte que el verdadero problema está en la escala del evento. El crecimiento permanente de los megaeventos deportivos y el enorme movimiento turístico asociado terminan neutralizando cualquier mejora obtenida mediante medidas locales de eficiencia.
Más equipos, más partidos y una huella de carbono en expansión
La ampliación del torneo representa uno de los aspectos más cuestionados. La FIFA decidió pasar de 32 a 48 selecciones participantes y aumentar la cantidad de encuentros de 64 a 104, distribuidos además en múltiples sedes a lo largo de Norteamérica.
En este caso, el principal responsable es el transporte aéreo utilizado tanto por las delegaciones como por millones de aficionados que viajarán entre ciudades muy alejadas entre sí.
La situación no es exclusiva del fútbol. Experiencias recientes como los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 o los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing 2022 también evidenciaron que los desplazamientos internacionales y la infraestructura temporal producen enormes emisiones indirectas que muchas veces quedan subestimadas en los informes oficiales.
De acuerdo con un estudio elaborado por especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la dispersión geográfica de las sedes del Mundial 2026 obligará a realizar vuelos constantes entre ciudades como Vancouver, Miami y Ciudad de México, una dinámica incompatible con cualquier estrategia seria de descarbonización.
Las proyecciones indican que el transporte podría representar más del 85 % de toda la huella de carbono del campeonato, superando ampliamente los registros de ediciones anteriores. Incluso el informe FIFA’s Climate Blind Spot estima que el certamen podría generar más de nueve millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente.
El riesgo del greenwashing en los megaeventos deportivos
Presentar al Mundial como un evento sustentable únicamente porque incorpora reciclaje en los estadios o iluminación LED constituye, según la especialista, un claro ejemplo de ecoimpostura o greenwashing.
La práctica consiste en destacar iniciativas ambientales menores mientras se omiten los impactos estructurales mucho más significativos. No es una estrategia nueva. Durante los Juegos Olímpicos de Londres 2012 se promocionaron medidas como la fabricación de medallas recicladas y sistemas de transporte ecológico, aunque el enorme volumen de vuelos internacionales y la generación masiva de residuos quedaron prácticamente fuera del debate público.
Para Meza Servín, esta forma de comunicar termina maquillando los verdaderos costos ambientales que implican los grandes acontecimientos deportivos.
Adaptarse al calor también puede agravar el problema
La crisis climática ya comienza a sentirse directamente sobre el terreno de juego. Las altas temperaturas previstas para varias sedes norteamericanas representan un desafío tanto para los futbolistas como para los espectadores.
Ante ese escenario, una de las respuestas previstas consiste en utilizar intensivamente sistemas de aire acondicionado en estadios cerrados del sur de Estados Unidos. Sin embargo, esta medida encierra una contradicción.

La especialista la define como una "paradoja climática": las acciones destinadas a adaptarse a los efectos del calentamiento global pueden terminar agravando el fenómeno al incrementar el consumo energético y las emisiones de gases de efecto invernadero.
El propio IPCC identifica este tipo de decisiones como "malas medidas adaptativas", ya que buscan solucionar un problema utilizando recursos que contribuyen precisamente a profundizarlo.
Repensar el futuro del fútbol en un planeta que cambia
La ciencia de la sustentabilidad sostiene que los desafíos ambientales no pueden resolverse mediante acciones cosméticas ni campañas de comunicación. Mientras empresas vinculadas a los combustibles fósiles continúen siendo patrocinadoras del fútbol internacional, las promesas de neutralidad de carbono seguirán enfrentando fuertes cuestionamientos.
En ese contexto, Meza Servín plantea que el deporte deberá replantear parte de su modelo si pretende adaptarse a un planeta cada vez más cálido. Entre las alternativas aparecen la organización de sedes más compactas y regionales, la reducción de la cantidad de partidos y una planificación que coloque la protección ambiental por encima de los récords de audiencia o del crecimiento económico.
Referencia de la noticia
El Mundial 2026 será el menos sustentable de la historia a pesar de las promesas de la FIFA – The Conversation