Por qué la primavera nos pone de buen humor: lo que dice (y lo que no dice) la ciencia. ¿Es la favorita de todos?
La ciencia detecta cambios en el cerebro cuando se alargan los días, pero la "fiebre primaveral" no es un diagnóstico. Y en las encuestas, la primavera no siempre es la favorita.

Antes de que el calendario lo confirme, tu cuerpo ya se enteró. La primavera astronómica arranca este martes 22 de septiembre a las 21:05 (hora argentina), cuando el Sol cruce el ecuador y día y noche se igualen. Pero las horas de luz vienen ganando terreno desde junio, y esa diferencia dispara una cadena de cambios en humanos, animales y plantas.
La ciencia lo mide con escáneres cerebrales, radares de aves y registros florales de más de mil años. Hay un giro: el calentamiento corre el reloj de la primavera y no todos le siguen el ritmo.
Tu cerebro también cambia de estación
Investigadores de Canadá y Austria escanearon el cerebro de 88 personas sanas y hallaron más transportadores de serotonina, aspiradoras de esa molécula del bienestar, en otoño e invierno que en primavera y verano. Bajaban al crecer las horas de sol, lo que sugiere más serotonina disponible en los meses luminosos.

Otro estudio, ubicó el pico de actividad cerebral en tareas de atención cerca del solsticio de verano. La "fiebre primaveral", en cambio, no es un diagnóstico, y Michael Terman, de la Universidad de Columbia, advierte que culpar solo a la melatonina es una explicación demasiado conveniente.
¿Es la favorita de todos?
Respuesta corta: no siempre. Sin ranking mundial único, las encuestas de Estados Unidos y Reino Unido dibujan un patrón.
Gallup preguntó en 1947, 1960 y 2005, y ganó siempre la primavera (36 % en la última). En cambio, Morning Consult dio 41 % al otoño y 24 % a la primavera, aunque en agrado neto casi empatan (89 y 88 puntos), y YouGov midió este año otoño 32 %, primavera 28 %, verano 26 %.

Ipsos halló al verano puntero en Gran Bretaña con 42 %. En ellas, la primavera nunca baja del segundo puesto y gana adeptos con los años: en Gallup 2005 la elegía el 53 % de los mayores de 65, contra 24 % entre los de 18 a 29.
Un pájaro sin ojos también sabe que llegó
No somos los únicos. Las aves detectan la luz con fotorreceptores en lo profundo del cerebro, sin necesitar los ojos, y la señal desata una cascada hormonal que puede multiplicar más de cien veces el peso de las gónadas.
La primavera se adelanta: un metaanálisis (estudio con base a numerosos estudios) de 413 especies halló que corrieron su migración primaveral 2,1 días por década.

Pero no alcanza: en aves cantoras norteamericanas, por cada día que se adelanta la primavera, la cría cambia menos de un tercio de día, y las migrantes de larga distancia llegan más desfasadas al banquete de insectos.
Las plantas cuentan el frío y guardan memoria
Las plantas no tienen cerebro, pero sí memoria. Muchas necesitan entre 3 y 8 semanas de frío para florecer: durante el invierno, un gen que frena la floración se va silenciando, como un contador epigenético.
Los cerezos de Kioto muestran cómo se corre ese calendario: su floración se anota desde el año 812 en diarios imperiales, y durante mil años el promedio rondó el 14 de abril. Desde el siglo XIX se adelanta, en parte por la urbanización, y hoy llega casi dos semanas antes. El récord de 1409 (27 de marzo) resistió seis siglos: lo rompió 2021 y lo mejoró 2023, con el 25 de marzo.

Y hay un costo cotidiano: el polen. Sí, la ciencia lo vincula con el calentamiento global antropogénico: en 60 estaciones de medición de polen en América del Norte, entre 1990 y 2018 la temporada empezó unos 20 días antes y el polen en el aire subió 21 %. Los modelos atribuyen al cambio climático cerca de la mitad de ese adelanto y una parte menor, cerca de 8 %, del aumento en la cantidad.

La lógica es simple: con más calor y menos heladas, las plantas empiezan antes a producir polen. Y no es un fenómeno solo norteamericano: el informe europeo 2026 de The Lancet Countdown calcula que la temporada se alargó hasta dos semanas desde los años noventa.
La luz manda
Para nosotros, la luz manda: la exposición matutina ayuda a ordenar el reloj biológico y podría explicar parte del ánimo primaveral.
Para la naturaleza, el asunto es la sincronía: si flores, insectos y aves se desacoplan, sufren las crías, las cosechas y quienes estornudan en septiembre.
La primavera seguirá llegando puntual. La pregunta es si los seres vivos, humanos incluidos, podrán seguir el ritmo de un reloj que se corre década tras década.