Toneladas de calamares: el Mar del Norte se está calentando, y ahora llegan los pulpos

Lo que hace nueve años era una rareza, hoy representa una quinta parte de las capturas. El agua del Mar del Norte subió cuatro grados en un siglo y los pulpos encontraron el hábitat perfecto para multiplicarse.

La temperatura en la zona meridional del Mar del Norte, una región de aguas poco profundas, aumentó alrededor de cuatro grados en los últimos cien años.
La temperatura en la zona meridional del Mar del Norte, una región de aguas poco profundas, aumentó alrededor de cuatro grados en los últimos cien años.

Las redes de los pescadores belgas ya no traen lo de siempre. Donde antes abundaban los cangrejos y el bacalao, ahora aparecen toneladas de pulpos y calamares. El Mar del Norte cambió su cadena alimentaria y el culpable de esta transformación es el calentamiento global.

Hans Polet, director científico del Instituto Flamenco de Investigación Agrícola y Pesquera (Ilvo), lo explicó en una entrevista con la emisora pública suiza RTS. La temperatura en la zona meridional del Mar del Norte, una región de aguas poco profundas, aumentó alrededor de cuatro grados en los últimos cien años.

Los huevos necesitan que el agua esté entre nueve y once grados Celsius para desarrollarse y eclosionar. Antes, el Mar del Norte era demasiado frío, pero ahora, según Polet, sobreviven numerosas puestas. En resumen, el frío dejó de ser una barrera.

Pero la temperatura es solo una parte de lo que cambió. La oferta de alimentos también se multiplicó. Cangrejos, langostinos y arenques siguen siendo abundantes en la región. y se convierten en presas ideales para los pulpos y calamares. Al mismo tiempo, uno de sus depredadores naturales más importantes, el bacalao, desaparece de la zona ya que las aguas más cálidas le impiden reproducirse con éxito. Menos depredadores y más comida: la fórmula perfecta para una explosión demográfica.

Un negocio que crece a la velocidad del mar

La magnitud del fenómeno se mide en las lonjas. Tom Premereur, director de la Lonja Flamenca de Pescado, describe el cambio con una contundencia que no admite dudas. Hace apenas nueve años, prácticamente no se pescaban calamares. "Hoy constituyen la mayor parte de nuestras capturas", afirmó. Según Premereur, los pulpos grandes se pescan con regularidad desde hace apenas dos años.

Los números respaldan sus palabras. Los cefalópodos (pulpos, sepias y calamares) representan actualmente más de una quinta parte de la captura total de la pesca marítima flamenca. Así lo calculó la Agencia de Agricultura y Pesca Marítima del gobierno flamenco para el año 2025.

Ante esto, el mercado reaccionó con rapidez. Con precios que oscilan entre cinco y nueve euros por kilo, la demanda crece notablemente. Gran parte de la pesca se exporta ahora al Mediterráneo. Italia, el sur de Francia y España reciben con avidez esta nueva producción donde la sobrepesca diezmó las poblaciones locales de pulpo y calamar en esas aguas, y el Mar del Norte se convirtió en el nuevo proveedor.

Alemania también siente el impacto

El fenómeno no se limita a Bélgica. En Alemania, las prácticas pesqueras cambiaron por completo. Daniel Oesterwind, jefe del departamento de calamares del Instituto Thünen de Pesca del Mar Báltico, expuso los datos en una entrevista con el periódico taz. En 2024, el calamar representó entre el 20 y el 21 por ciento de los ingresos totales de la pesca de arrastre de fondo alemana. Cuatro años antes, en 2020, esa cifra era de apenas el uno por ciento.

Los cefalópodos (pulpos, sepias y calamares) representan actualmente más de una quinta parte de la captura total de la pesca marítima
Los cefalópodos (pulpos, sepias y calamares) representan actualmente más de una quinta parte de la captura total de la pesca marítima

Oesterwind aclara que la presencia de estos animales no es accidental. Especies como el calamar de aleta larga y el calamar de aleta corta se establecieron de forma permanente en el Mar del Norte. Antes se capturaban de manera incidental; ahora son habitantes fijos. "Esto se debe a los efectos del cambio climático y posiblemente también a deficiencias en el ecosistema", explicó el investigador.

"Me encantan los calamares, son animales realmente maravillosos", confesó Oesterwind, pero agregó que los cambios en los océanos son "muy drásticos" desde un punto de vista ecológico. No es una cuestión de gustos. Es una advertencia.

El costo de la bonanza

Los pulpos y calamares son depredadores voraces. "Comen todo lo que pueden dominar", advirtió Oesterwind. Esa capacidad los convirtió en actores fundamentales del ecosistema en gran parte del Mar del Norte. Su expansión no es neutral y reconfigura las relaciones de depredación y competencia.

El bacalao es la gran víctima de esta historia. En la década de 1970, sus poblaciones en el Mar del Norte rondaban las 270.000 toneladas. Para 2006, según el Marine Stewardship Council, se desplomaron hasta unas 44.000 toneladas. Tras una recuperación parcial impulsada por cuotas de pesca más estrictas, la población volvió a disminuir.

Stefan Neuenfeldt, del Instituto Nacional Danés de Recursos Acuáticos, intentó explicar el fenómeno en 2020 en diálogo con Euronews. "Realmente no podemos responder a la pregunta de por qué está colapsando la población de bacalao", admitió. Las causas posibles incluyen el calentamiento del sur del Mar del Norte, la alteración de las redes tróficas y una menor tasa de reproducción. La ciencia todavía busca respuestas definitivas.

Un nuevo orden oceánico

La expansión de los cefalópodos en el Mar del Norte no es una anécdota. Es un síntoma. Los pulpos encontraron un refugio donde antes no podían sobrevivir. Los calamares convirtieron una ruta migratoria en un hogar permanente. Y los pescadores, mientras tanto, llenan sus bodegas con una especie que hace menos de una década no existía en sus redes.

Pero el auge pesquero oculta una transformación profunda. El ecosistema del Mar del Norte se reescribe a velocidad acelerada. La desaparición del bacalao, la irrupción de nuevos depredadores y la reconfiguración de la cadena alimentaria son piezas de un mismo rompecabezas. El motor de todo es el aumento de la temperatura.

Oesterwind lo resumió con una frase que condensa el dilema: la pesca sostenible requiere un sistema de gestión, y actualmente no existe. El Mar del Norte ya no es el mismo que conocieron los pescadores de generaciones pasadas. La pregunta que queda flotando, como una boya en el agua, es si este nuevo orden traerá estabilidad o si, por el contrario, solo marca el comienzo de una inestabilidad mayor.