Astrónomos identifican que el asteroide Bennu no encaja en ninguna categoría (y Júpiter podría tener la culpa)

Las muestras del asteroide Bennu revelan que se formó en una zona de transición del sistema solar primitivo, donde se mezclaron materiales de regiones internas y externas.

Los nuevos resultados aportan información para comprender cómo se construyeron los planetas. Crédito: NASA/Goddard/University of Arizona.
Los nuevos resultados aportan información para comprender cómo se construyeron los planetas. Crédito: NASA/Goddard/University of Arizona.

El asteroide Bennu guarda en su interior una especie de cápsula del tiempo. Sus materiales permanecen prácticamente intactos desde los primeros momentos del sistema solar y ahora, gracias a las muestras recogidas por la misión OSIRIS-REx de la NASA, los científicos lograron reconstruir parte de la historia de su nacimiento.

Bennu completa una vuelta alrededor del Sol cada 1,2 años y se acerca a la Tierra aproximadamente cada seis años, cuando pasa a unos 300.000 kilómetros. Esa proximidad permitió que la NASA enviara una misión hasta su superficie y recuperara material directamente del asteroide.

En septiembre de 2023, la cápsula con las muestras aterrizó en el desierto de Utah. En su interior había unos 120 gramos de material de Bennu. Una pequeña fracción, apenas medio gramo, llegó posteriormente al Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zúrich (ETH Zúrich), donde el equipo dirigido por la especialista en geoquímica isotópica Maria Schönbächler comenzó a estudiarlo.

Los resultados acaban de publicarse en la revista Science Advances y aportan una nueva pieza para comprender cómo se construyeron los planetas.

Una huella química que conecta a Bennu con otros cuerpos

Los investigadores analizaron los isótopos de hierro, titanio y cromo presentes en las muestras. Estos átomos pertenecen a los mismos elementos químicos, pero tienen pequeñas diferencias en su masa. Esa particular combinación funciona como una auténtica huella dactilar capaz de revelar el origen de un cuerpo celeste.

Los análisis mostraron que el titanio y el hierro están distribuidos de manera uniforme en Bennu. Pero, además, permitieron encontrar un parentesco inesperado.

El asteroide comparte una firma isotópica muy similar con Ryugu, otro cuerpo primitivo visitado por una misión espacial japonesa, y con los meteoritos conocidos como CI, extremadamente antiguos y ricos en carbono. Los tres parecen haberse formado a partir de una misma reserva de polvo cósmico.

120 gramos de material de Bennu fueron traídas a la Tierra. Crédito: Erika Blumenfeld & Joseph Aebersold - NASA.
120 gramos de material de Bennu fueron traídas a la Tierra. Crédito: Erika Blumenfeld & Joseph Aebersold - NASA.

Sin embargo, su composición se diferencia claramente de la de otros asteroides, grupos de meteoritos y planetas conocidos.

Bennu nació donde se encontraban dos mundos

Durante años, los científicos habían planteado que Bennu y otros asteroides similares podían haberse formado en las regiones exteriores del sistema solar, posiblemente cerca de la zona donde nacieron los cometas. También se pensaba que su formación había ocurrido relativamente tarde.

Los nuevos resultados apuntan en otra dirección. El escenario más probable sitúa el nacimiento de Bennu, Ryugu y los meteoritos CI cerca de la llamada línea de hielo del agua. Se trata de una región del disco que rodeaba al joven Sol donde el agua podía pasar de vapor a hielo.

Hace unos 4.500 millones de años, cuando el sistema solar todavía estaba tomando forma, allí se produjo una mezcla de materiales procedentes de las regiones internas y externas. El hielo habría desempeñado además un papel fundamental, actuando como una especie de pegamento capaz de unir las partículas más finas de polvo.

“Bennu es un híbrido”, explica Schönbächler. Su composición no coincide completamente con la del sistema solar interno ni con la del externo, sino que presenta características de ambos.

El papel inesperado de Júpiter

Los científicos proponen que Júpiter pudo haber tenido una influencia decisiva en este proceso. El gigante gaseoso habría comenzado a formarse muy poco después del nacimiento del Sol, posiblemente durante su primer millón de años.

Mientras alrededor de la joven estrella se extendía un enorme disco de gas, polvo y hielo, Júpiter crecía rápidamente y actuaba como una especie de barrera. El planeta habría impedido el paso de buena parte de los materiales más grandes, mientras que las partículas más pequeñas podían desplazarse alrededor de él y mezclarse en la zona cercana a la línea de hielo.

Bennu es especialmente valioso porque conserva materiales que prácticamente no han cambiado desde el nacimiento del sistema solar.
Bennu es especialmente valioso porque conserva materiales que prácticamente no han cambiado desde el nacimiento del sistema solar.

De esa mezcla habrían surgido los cuerpos que posteriormente dieron origen a Bennu, Ryugu y los meteoritos CI.

Este escenario también ayuda a explicar por qué Bennu contiene tanta agua. Parte del hielo presente en la región habría pasado a vapor y posteriormente se habría condensado nuevamente, mientras que la influencia de Júpiter favorecía la acumulación de polvo fino.

Una ventana hacia el origen de la Tierra

Bennu es especialmente valioso porque conserva materiales que prácticamente no han cambiado desde el nacimiento del sistema solar. Su composición podría ofrecer una de las mejores aproximaciones disponibles a la mezcla original de elementos químicos a partir de la cual terminaron formándose los planetas rocosos.

Además, su riqueza en agua y materia orgánica convierte a este pequeño asteroide en una pieza importante para investigar cómo la joven Tierra pudo haber recibido algunos de los ingredientes necesarios para el surgimiento de la vida.

Ahora los investigadores quieren saber si otros asteroides poseen la misma firma isotópica. También queda por determinar con mayor precisión cuánto influyó el joven Júpiter en la selección de las partículas que terminaron formando estos cuerpos.

La investigación sobre Bennu puede estar llegando a su fin, pero para Schönbächler ya comienza el próximo desafío: conseguir muestras de Fobos, una de las lunas de Marte, mediante la misión japonesa MMX. Si todo sigue según lo previsto, la nave será lanzada a finales de octubre de este año y las muestras regresarían a la Tierra en 2031.

El laboratorio suizo tendrá que esperar varios años. Pero el material de Bennu ya dejó una certeza: para entender cómo nació nuestro vecindario cósmico, a veces hay que mirar muy de cerca el polvo que quedó atrapado hace 4.500 millones de años.

Referencia de la noticia

Schoenbaechler M, Ek M, Fehr MA, et al.. (2026). Nucleosynthetic constraints on the origin of Bennu and CI-like asteroids.