Científicos apuntan a un universo oculto previo al Big Bang que aún deja huella en el espacio
Un ambicioso proyecto internacional logró crear el mapa tridimensional más grande del universo, revelando patrones ocultos y aportando nuevas pistas sobre la misteriosa energía oscura.

A simple vista, el universo podría parecer un conjunto disperso de galaxias sin orden aparente. Sin embargo, una investigación internacional está demostrando lo contrario: existe una estructura profunda, casi invisible, que organiza el cosmos.
En ese desafío se encuentra la astrónoma Satya Gontcho A Gontcho, profesora asistente en la Universidad de Virginia, quien forma parte de un equipo global que trabaja en uno de los relevamientos más ambiciosos jamás realizados.
El proyecto se apoya en el Dark Energy Spectroscopic Instrument (DESI), un instrumento instalado en el observatorio de Kitt Peak, en Arizona, que ya logró construir el mapa tridimensional más grande del universo creado por la humanidad.
Cómo se construye un mapa del cosmos
El trabajo no es menor: los científicos analizaron la posición de 46 millones de galaxias y cuásares, además de 19 millones de estrellas, para reconstruir su ubicación en el espacio.
“El resultado es como tomar una fotografía y convertirla en un mapa en 3D”, explicó Gontcho. Pero ese mapa no solo muestra posiciones: revela patrones.
Lejos de estar distribuidas al azar, las galaxias siguen una especie de “andamiaje cósmico” formado por materia oscura. Esa estructura invisible actúa como una red sobre la que se organizan los grandes sistemas del universo.
El rol invisible de la materia y la energía oscura
Según los modelos actuales, cerca del 25 % del universo está compuesto por materia oscura, una sustancia que no emite luz pero ejerce gravedad, manteniendo unidas a las galaxias.
Aún más desconcertante es la energía oscura, que representaría aproximadamente el 70 % del cosmos. A diferencia de la materia oscura, su efecto es opuesto: impulsa la expansión del universo y hace que las galaxias se alejen entre sí cada vez más rápido.

Gontcho lo describe con una analogía sencilla: “Es como una hormona de crecimiento”. Sabemos lo que hace, pero no qué es realmente. No se puede ver ni detectar directamente; solo se la infiere por sus efectos.
Ese misterio es, justamente, uno de los principales motores del proyecto DESI.
Un esfuerzo global y constante
El relevamiento, que originalmente iba a durar cinco años y luego se extendió a ocho, implica un trabajo continuo. Cada noche, un equipo decide qué regiones del cielo observar, asegurándose de que el mapa sea completo y coherente.
Más de 25 personas participan diariamente en la operación del telescopio, mientras que en total el proyecto reúne a unos 700 científicos de 70 instituciones de todo el mundo. En la Universidad de Virginia, Gontcho lidera un grupo de investigadores —entre estudiantes de grado, posgrado y posdoctorado— que se encarga de analizar los datos obtenidos.
Gracias a esa enorme base de información, los científicos pueden rastrear cómo evolucionaron las estructuras del universo a lo largo del tiempo. Es decir, no solo ven cómo es hoy, sino también cómo llegó a serlo.
Un patrón que atraviesa el tiempo
Uno de los hallazgos más fascinantes es que la estructura del universo presenta un patrón que se repite a lo largo de su historia.
Gontcho lo compara con una pintura impresionista: al ubicar millones de galaxias en el espacio tridimensional, emergen formas y conexiones que no serían visibles de otra manera.
Ese patrón, grabado desde las primeras etapas del cosmos, permite estudiar cómo creció y se transformó el universo en distintos momentos de su evolución.
Ciencia, enseñanza y pensamiento crítico
Más allá de la investigación, Gontcho también destaca el valor de la enseñanza. Desde su llegada a la universidad, ha impulsado cursos enfocados en la comunicación científica, especialmente para estudiantes de carreras STEM.
Mientras el mapa del universo sigue ampliándose, también lo hace la lista de preguntas sin respuesta. Pero cada nueva galaxia ubicada en ese entramado invisible acerca a la ciencia un poco más a descifrar el mayor de los enigmas: de qué está hecho, realmente, el universo.
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