El dilema de explorar la Luna: los expertos afirman que la contaminación es inminente

Un nuevo estudio advierte que los aterrizajes lunares podrían contaminar los hielos más antiguos del satélite. El metano de los cohetes se dispersa rápidamente y se acumula en regiones clave para la ciencia.

Representación del módulo de aterrizaje Argonaut, que liberaría metano sobre la superficie lunar. Crédito: ESA.
Representación del módulo de aterrizaje Argonaut, que liberaría metano sobre la superficie lunar. Crédito: ESA.

La exploración espacial arrastra desde hace décadas una tensión difícil de resolver: para estudiar otros mundos es necesario construir infraestructura, pero ese mismo proceso los altera. Al hacerlo, se pierde parte de su valor científico o de su condición “prístina”, algo que muchos consideran, en sí mismo, un daño irreparable. Ahora, un nuevo estudio sugiere que en el caso de la Luna el problema podría ser mucho más grave de lo que se pensaba.

Una investigación publicada en JGR Planets, firmada por Francisca Paiva, física del Instituto Superior Técnico, y Silvio Sinibaldi, responsable de protección planetaria de la Agencia Espacial Europea (ESA), analizó el impacto del metano liberado por los módulos de aterrizaje lunares. Sus conclusiones plantean un desafío urgente para los planes de regreso sostenido al satélite natural de la Tierra.

El metano y los hielos que guardan la historia del sistema solar

El estudio se centra en el metano, uno de los principales gases de escape utilizados durante el descenso y el despegue de los módulos lunares. Este compuesto orgánico podría desplazarse por la superficie de la Luna y terminar acumulándose en las llamadas Regiones Permanentemente Sombreadas (PSR, por sus siglas en inglés).

Estas zonas, ubicadas principalmente en los polos, nunca reciben luz solar directa y albergan hielos que se consideran casi intactos desde la formación del sistema solar. Para los científicos, esos depósitos son archivos naturales que podrían revelar qué moléculas prebióticas existían antes de que surgiera la vida en la Tierra.

Un modelo inquietante: contaminar sin importar dónde se aterrice

Paiva y Sinibaldi desarrollaron un modelo para simular cómo migraría el metano desde el sitio de aterrizaje de un módulo, como el Argonaut, el futuro vehículo lunar de la ESA previsto para 2030 en apoyo al programa Artemis. El resultado fue contundente: sin importar el lugar del alunizaje, más del 50 % del metano liberado durante el descenso terminaría en una PSR.

Esto supone un problema serio para la investigación científica. Cada vez que un investigador detecte metano en una muestra de hielo, deberá preguntarse si se trata de un vestigio de química prebiótica ancestral o simplemente de contaminación producida por un cohete moderno.

El modelo incluso mostró que un aterrizaje en un polo puede enviar metano hasta el polo opuesto. En el caso de un descenso en el polo sur, alrededor del 42 % del metano acabaría en PSR del sur y un 12 % en las del norte. En términos prácticos, ningún punto de la Luna estaría a salvo.

Una contaminación rápida y profunda

Lo más alarmante es la velocidad del proceso. El tiempo medio para que una molécula de metano viaje del polo sur al polo norte es de apenas 32 días terrestres. La simulación completa, que concluyó con más de la mitad del metano atrapado en PSR, abarcó solo siete días lunares, equivalentes a unos siete meses en la Tierra.

Eliminar esta contaminación no sería sencillo. A diferencia del hielo terrestre, el hielo lunar es altamente poroso. El metano podría filtrarse hacia capas más profundas, volviéndose indistinguible de compuestos depositados hace miles de millones de años. Además, la superficie lunar sufre un constante “jardineo” causado por micrometeoritos, que remueven el terreno y mezclan las capas, dificultando aún más la lectura cronológica de las muestras.

Reglas en debate y una carrera que avanza

Las PSR actúan como verdaderas trampas para estas moléculas debido a sus temperaturas extremas, que descienden a decenas de grados Kelvin. En ese frío, el metano pierde energía y queda atrapado en el regolito. Justamente los lugares más valiosos para la ciencia son los más vulnerables.

Los autores sostienen que las actuales normas de protección planetaria del Comité de Investigación Espacial (COSPAR) resultan insuficientes. Hoy, las misiones que apuntan a PSR se encuadran en la categoría IIb, que solo exige declarar los materiales orgánicos a bordo, sin garantizar una protección efectiva de los sitios.

Con los programas lunares en plena expansión, aún hay margen para repensar protocolos que preserven estos entornos únicos. El desafío será lograr consensos entre gobiernos, agencias y empresas privadas. Estudios como este, advierten los expertos, podrían ser clave para evitar que la nueva carrera lunar borre pistas irremplazables sobre nuestros orígenes.

Referencia de la noticia

Paiva F. and Sinibaldi S., Can Spacecraft-Borne Contamination Compromise Our Understanding of Lunar Ice Chemistry? JGR Planets. 2025. https://doi.org/10.1029/2025JE009132