El telescopio espacial Einstein Probe podría haber detectado un agujero negro desgarrando a una enana blanca

El telescopio espacial liderado por China detectó una explosión de rayos X sin precedentes. Los científicos creen que podría tratarse de la primera evidencia directa de un agujero negro de masa intermedia devorando una estrella enana blanca.

El Einstein Probe, lanzado el 9 de enero de 2024, es una iniciativa conjunta liderada por la Academia China de Ciencias, con la colaboración de la ESA y el MPE. Su objetivo es estudiar las emisiones de rayos X de los fenómenos cósmicos, mejorando nuestro conocimiento del universo y las ondas gravitacionales. Crédito: Academia China de Ciencias
El Einstein Probe, lanzado el 9 de enero de 2024, es una iniciativa conjunta liderada por la Academia China de Ciencias, con la colaboración de la ESA y el MPE. Su objetivo es estudiar las emisiones de rayos X de los fenómenos cósmicos, mejorando nuestro conocimiento del universo y las ondas gravitacionales. Crédito: Academia China de Ciencias

El 2 de julio de 2025, durante un relevamiento rutinario del cielo, el telescopio espacial Einstein Probe (EP), liderado por China, registró algo fuera de lo común: una fuente de rayos X extraordinariamente brillante cuya intensidad variaba con violencia en cuestión de minutos. No era una fluctuación habitual ni un destello pasajero más. La señal, tan inusual como potente, activó de inmediato observaciones de seguimiento en telescopios de todo el mundo.

El evento fue coordinado por el Centro Científico del EP, dependiente de los Observatorios Astronómicos Nacionales de la Academia China de Ciencias, con la participación de equipos internacionales. Entre ellos, astrofísicos de la Universidad de Hong Kong desempeñaron un papel central en la interpretación de los datos.

La hipótesis que terminó imponiéndose es tan dramática como fascinante: un agujero negro de masa intermedia habría desgarrado y devorado a una estrella enana blanca.

De confirmarse, sería la primera evidencia observacional directa de un proceso de “alimentación” de este tipo. Los resultados fueron publicados como artículo de portada en la revista Science Bulletin.

El estallido que no encajaba en ningún modelo

La detección fue posible gracias a los dos instrumentos de rayos X a bordo del Einstein Probe. Ese 2 de julio, el telescopio de campo amplio WXT identificó una fuente transitoria con variaciones extremas, luego catalogada como EP250702a (también denominada GRB 250702B). Casi al mismo tiempo, el Fermi Gamma-ray Space Telescope de la NASA registró una serie de estallidos de rayos gamma provenientes de la misma región del cielo.

El Einstein Probe está preparado para explorar misteriosos y violentos fenómenos cósmicos. Crédito: Academia China de Ciencias.
El Einstein Probe está preparado para explorar misteriosos y violentos fenómenos cósmicos. Crédito: Academia China de Ciencias.

Pero lo verdaderamente desconcertante surgió al revisar observaciones previas: el WXT había detectado emisión persistente de rayos X en ese punto aproximadamente un día antes de los estallidos gamma. Esa secuencia —primero rayos X, después rayos gamma— es extremadamente rara en explosiones cósmicas de alta energía.

Quince horas después de la señal inicial, la fuente desató una serie de llamaradas intensas que alcanzaron un pico de luminosidad cercano a 3 × 10⁴⁹ erg por segundo, ubicándola entre los eventos más brillantes jamás observados en el universo en términos instantáneos.

“La señal temprana en rayos X es clave. Nos dice que no estamos ante un estallido gamma convencional”, explicó Dongyue Li, autor principal del estudio.

Gracias a la localización precisa proporcionada por el WXT, grandes telescopios terrestres lograron identificar el objeto en múltiples longitudes de onda y confirmar que se encontraba en las afueras de una galaxia distante, no en su centro. Luego, el segundo instrumento del EP, el telescopio de seguimiento FXT, monitoreó su evolución: en apenas 20 días, el brillo cayó más de cien mil veces y la emisión pasó de estados “duros” (de mayor energía) a “blandos”.

El conjunto de datos reveló un patrón desconcertante: brillo extremo, evolución rapidísima, ubicación periférica en la galaxia anfitriona y una secuencia temporal poco común. Ningún modelo estándar lograba explicarlo todo.

Un agujero negro intermedio en el banquete

Entre las múltiples hipótesis consideradas, una empezó a cobrar fuerza: la interacción entre un agujero negro de masa intermedia y una estrella enana blanca. Estos agujeros negros, más masivos que los de origen estelar pero mucho menos que los supermasivos que habitan los centros galácticos, constituyen una población largamente buscada y difícil de detectar.

El equipo de la Universidad de Hong Kong aportó simulaciones numéricas decisivas. Según explicó la profesora Lixin Dai, el modelo en el que una enana blanca es desgarrada por las fuerzas de marea de un agujero negro intermedio “explica de forma natural la evolución acelerada y la energía extrema observadas”.

Las simulaciones mostraron que la combinación entre la intensa gravedad del agujero negro y la densidad extraordinaria de la enana blanca puede generar chorros relativistas y escalas temporales en notable concordancia con los datos.

Si la interpretación se confirma, el evento representaría la primera prueba directa de un agujero negro de masa intermedia destruyendo una enana blanca y produciendo un chorro relativista. El hallazgo ayudaría a esclarecer la naturaleza de estos objetos esquivos, aportar pistas sobre cómo crecen los agujeros negros y ofrecer nuevas herramientas para estudiar el destino final de las estrellas compactas.

En otras palabras, podría tratarse de una ventana inédita a uno de los procesos más extremos —y hasta ahora invisibles— del cosmos.

Referencia de la noticia

Dongyue Li et al, A fast powerful X-ray transient from possible tidal disruption of a white dwarf, Science Bulletin (2026). DOI: 10.1016/j.scib.2025.12.050