Fue el hotel más alto de Argentina y hoy es un fantasma en medio de la Cordillera de los Andes
Camino a la cumbre del Aconcagua, en plena cordillera, funcionó durante casi 20 años el hotel más alto de Argentina. Hoy sigue en pie y es un atractivo para quienes visitan el cerro más alto de América.

La Cordillera de los Andes, aquel cordón montañoso que recorre gran parte de América del Sur y parece -por momentos- infinita, esconde todo tipo de tesoros y secretos. Algunos son por demás populares y visitados por cientos de miles de turistas, como el cerro Aconcagua. Pero otros son conocidos por muy pocos, y esconden historias fascinantes detrás.
Y justamente, allí, en lo más alto y profundo de la imponente Cordillera de los Andes, donde el viento parece hablar y el silencio pesa más que en cualquier otra parte del planeta, se alza una estructura que, a simple vista, parece desafiar a la naturaleza. No es una fortaleza, ni un castillo medieval, ni nada extraído de un relato de fantasía; son los restos de lo que fue alguna vez el hotel más alto del mundo.
Actualmente, el Hotel Plaza de Mulas, en Mendoza, yace silencioso, solitario y abandonado, como si fuese un espectro de hormigón a 4.370 msnm. Pero supo vivir sus años dorados y de esplendor.
Hacer posible lo imposible: construir en las alturas
Si construir en el llano, con todas las comodidades y servicios de la zona urbana y sin contratiempos meteorológicos es una tarea ardua; ni hablar si a ello se suman las inclemencias de Alta Montaña y los contratiempos de la altura (con tormentas de nieve y el frío extremo incluidos).
Fue en la década de 1990 cuando esta misión, casi imposible, se convirtió en realidad. El sitio elegido fue dentro del Parque Provincial Aconcagua, donde se encuentra la montaña más alta de América. Y, ya desde su planificación, el proyecto era ambicioso: se trataría del hotel más alto de Argentina.

Sin caminos para grandes vehículos motorizados de carga, la mayoría de los materiales estructurales (como piedra y cemento) fueron llevados al sitio a lomo de mulas. Estos animales son, desde siempre, fundamentales en el Aconcagua y sus inmediaciones (por ello el nombre del paraje). Y es que las mulas son utilizados por los arreadores para trasladar todo tipo de objetos y pertenencias en las expediciones al cerro.
Nada de grúas ni camiones de carga, el traslado del material al lugar donde se construyó el Hotel Plaza de Mulas fue hecho de a poco y siguiendo un trabajo de hormiga.
Un refugio de lujo para quienes buscaban tocar el cielo con las manos en el Aconcagua
Si bien prácticamente desde siempre los espacios de pernocte en los campamentos del Aconcagua han sido en carpas, tiendas y refugios más bien simples -aunque resistentes-, el objetivo del Hotel Plaza de Mulas era revolucionario: ofrecer un albergue tradicional para quienes buscaban hacer cumbre en el pico más alto de América y en un sitio remoto.

Habitaciones cerradas, espacios comunes y servicios de hotel -en pocas palabras, confort en medio de uno de los paisajes más hostiles del planeta- eran la promesa de este recóndito hotel.
El hotel más alto del mundo
Los 4.370 msnm en los que fue construido e inaugurado el Hotel Plaza de Mulas lo convirtieron en el hotel más alto del mundo. Y este récord (con mucho gancho de marketing) le aportó un atractivo más al ya de por si atractivo que significaba estar ubicado camino a una de las cumbres más altas del mundo.
Visitantes de todo el mundo llegaron en sus años dorados (década del 90) al Hotel Plaza de Mulas. No solamente aquellos que buscaban la cumbre del Aconcagua, sino otros que se sentían atraídos por la curiosidad de visitar "el hotel más alto del mundo".
Solamente bastaba con soportar una caminata de cerca de seis horas desde la entrada del Parque Aconcagua (al costado de la ruta) y acostumbrarse al ritmo de una respiración en altura, en la que la leve y creciente falta de oxígeno comienza a marcar el ritmo. Por supuesto que las condiciones climatológicas eran claves para lograr llegar al hotel o desistir del plan antes de ponerlo en marcha.

Pero llegar, alojarse y dormir en el Hotel Plaza de Mulas le permitía al visitante experimentar una sensación única: la de estar suspendido entre el cielo y la tierra, con un aire y un cielo por demás puros.
El comienzo del fin del Hotel Plaza de Mulas, en medio del camino al Aconcagua
Más allá de lo atrapante y ambicioso del proyecto, la realidad y la logística cotidiana terminaron marcando el comienzo del fin. Y es que mantener e, incluso, llegar a un hotel ubicado a casi 4.400 msnm no era tarea simple.
Ni hablar de lograr conseguir un mantenimiento óptimo de la calefacción (en un paraje donde las temperaturas son bajo cero).

Todo ello derivó en el inevitable cierre del Hotel Plaza de Mulas, que fue paulatino y se extendió entre 2010 y 2013.
Un hotel abandonado en las alturas, el fantasma que sigue atrayendo visitantes
Aunque el hotel cerró sus puertas al público y dejó de funcionar como tal hace unos 15 años, sigue siendo un atractivo para los visitantes que llegan al Parque Provincial Aconcagua.
En Plaza de Mulas, el segundo de los campamentos del área natural protegida de Mendoza, la construcción sigue en pie (aunque cerrada). Y es una especie de fantasma que mantiene su presencia detenida en el tiempo.
Paredes agrietadas por el viento, ventanas rotas que miran a la nada, pasillos vacíos que en otro tiempo fueron testigos de mochileros, guías y aventureros decoran las postales. Y, aunque ya no aloja a visitantes, atrae a quienes llegan al lugar como un testimonio de piedra y concreto de lo que alguna vez fue el hotel más alto de Argentina.

Y con solo detenerse unos minutos a contemplar lo imponente de la construcción y sus "lujos" estructurales en un sitio donde la naturaleza manda, alcanza para viajar en el tiempo e imaginar lo que pudo haber sido alojarse lo más cerca posible del cielo.